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Tres clásicos y un catálogo entero: el mapa que armó Filmin para volver a las fuentes del cine

La pasión de Juana de Arco, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y El padrino funcionan como tres puertas de entrada a una selección que también pasa por Buster Keaton, Fritz Lang e Ida Lupino, entre otros.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · 25 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Arrancamos con una frase que Peteco Carabajal suele repetir en los escenarios del norte: «El que no conoce su historia, está condenado a mirar siempre para el mismo lado». Viene al cuento porque la movida de Filmin esta vez tiene esa pinta, la de una invitación a sentarse frente a películas que llevan décadas marcando el pulso del cine y que, sin embargo, siguenTalking de'actualité cada vez que uno se animia a revisitarlas. La selección junta dramas, sátiras, comedias y ciencia ficcion de distintas épocas, y lo mejor es que uno puede entrarle por donde le pinte: por el director que admira, por el actor que quiere volver a ver o por el género que le tinca para la noche.

La sátira que le ganó la pulseada al botón rojo

Empiezo por ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, la de 1964, porque es de esas pelis que uno recomienda hasta el cansancio y siempre encuentra a alguien que todavía no la vio. Stanley Kubrick se puso detrás de cámara para construir una sátira finísima sobre el pánico nuclear, esa sensación de que un mal día en una oficina con teléfonos calientes puede terminar con el mundo hecho cenizas. El elenco es una troupe de esas que ya no se juntan: Peter Sellers haciendo de a tres personajes distintos, George C. Scott con la cara de quien se toma demasiado en serio su propio cargo, Sterling Hayden siempre impecable, más James Earl Jones en uno de sus primeros papeles grandes y Keenan Wynn completando el cuadro. El humor aparece como recurso para digerir un escenario que, visto desde este presente, da bastante más frío que risa.

El juicio que cambió la forma de mirar una cara

La pasión de Juana de Arco, de 1928, es la vieja conocida que no pierde jerarquía. Carl Theodor Dreyer la pensó como un cruce entre el relato biográfico y el cine de juicios, y el resultado sigue golpeando casi un siglo después. La Maria Falconetti de esta película se convirtió en una referencia ineludible para cualquier actor o actriz que se haya propuesto trabajar con el primer plano como territorio expresivo, y no está de más recordar que la rodearon Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y nada menos que Antonin Artaud, cada uno aportando capas a una película donde la luz y los rostros cuentan tanto como las palabras.

Una mafia, un sueño y una puesta en escena que todavía se estudia

Y llegamos a El padrino, de Francis Ford Coppola, que es otra manera de entender el catálogo: no por lo que cuenta, que ya es bastante, sino por cómo lo cuenta. Al Pacino, Marlon Brando, Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton forman ese reparto que cualquier amante del cine se sabe de memoria, y la película deja colada una reflexión filosa sobre el sueño americano, con una puesta en escena que trabaja los contrastes de luz como pocosfilms se animaron a hacer y una representación de la violencia tan estilizada que termina resultando más inquietante que cualquier escena explícita.

El resto del mapa: de Keaton a Ida Lupino pasando por Fritz Lang

  • Buster Keaton aporta una comedia con elementos fantásticos, recordatorio de que el humor físico y el gag visual siguen siendo un lenguaje vigente.
  • Fritz Lang se cuela con una propuesta de ciencia ficción emparentada con el expresionismo alemán, ideal para entender de dónde vienen ciertas imágenes que hoy vemos en cualquier serie.
  • Ida Lupino aparece en el terreno del suspenso con una película de 71 minutos que concentra la tensión dentro de un auto, demostración de que para generar clima no hacen falta tres horas de metraje.

A esta altura uno ya se da cuenta de que la selección permite organizarse por género, por director o por elenco, y eso termina siendo una invitación a armar la propia maratón. Lo que me gusta, y lo digo en primera persona, es que Filmin no se queda en el lugar común de tirar los mismos cinco títulos de siempre: hay lugar para la carcajada con Keaton, para el rigor expresivo de Dreyer, para la ironía cubrickiana y para esa cosa densa, oscura y luminosa al mismo tiempo que proponía Coppola. Si tuviera que elegir por dónde entrarle, le diría que arranque por la peli que más le pesa en el recuerdo y vaya tirando del hilo hacia los costados, porque en este catálogo la mayoría de los caminos terminan llevándolo a un maestro distinto. La cita con el sillón está servida, solo falta animarse.

Dónde y cuándo: el catálogo está disponible en la plataforma Filmin, se accede por suscripción desde Argentina y permite maratón sin horarios, a gusto de cada quien y con la pausa para el mate que cada uno necesite.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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