Seis espectadores, un desierto y un DVD que salvó todo: la alocada historia de «Zyzzyx Road»
Leo Grillo, Katherine Heigl y Tom Sizemore protagonizaron un thriller que se estrenó en una sola sala de Dallas y recaudó 30 dólares. Sin embargo, la venta de derechos internacionales terminó redituando más que el paso por las salas. Una rareza del cine independiente que todavía hoy se recuerda.
Che, a veces uno piensa que ya vio todo en materia de extrañezas dentro del mundo del cine, pero la historia de «Zyzzyx Road» es de esas que te obligan a frotarte los ojos y volver a leer los números para asegurarse de que no hay un cero de más o de menos del otro lado. Les cuento: estamos hablando de una película que se estrenó, ni más ni menos, en una única sala de los Estados Unidos durante una semana entera, que vendió seis entradas en total y terminó embolsando, después de devolverle la plata a dos de los espectadores, la friolera de veinte dólares. Eso fue en Dallas, en pleno 2006, y la cosa no fue un accidente ni una broma pesada del destino: fue una decisión tomada con bastante frialdad por parte de su protagonista y productor, Leo Grillo, que quería asegurarse de cumplir con las reglas de la Screen Actors Guild para poder después colocar el filme en el mercado internacional y, de ese modo, juntar el dinero necesario para financiar sus próximos proyectos cinematográficos, que siempre tuvieron a los animales como gran motor. La cuestión es que, como te imaginarás, lo que arrancó como un fracaso de público se terminó transformando, paradojas mediante, en un pequeño negocio redituable para todos los involucrados.
«En el desierto de Mojave»
Antes de meterme de lleno con el estreno en sí, vale la pena detenerse un instante en el patio donde se cocinó todo, que fue nada menos que el desierto de Mojave durante el verano de 2005, un paisaje que tiene esa cosa particular que ya conocemos de tantas películas, con un calor que parece aplastarte contra el asfalto, un cielo que se vuelve imposible de tan celeste y una sensación de soledad que funciona perfecto como telón de fondo para una historia de estas características. Ahí, durante veinte días de rodaje, John Penney —que ya tenía experiencia como guionista y había trabajado con gente como Brian Yuzna y Joey Travolta— asumió el doble desafío de escribir, producir y, además, dirigir su propio material, una triple apuesta que no es moco de pavo para nadie. La trama es bien de género: una pareja atraviesa Las Vegas y, después de matar al exnovio de ella, decide deshacerse del cuerpo enterrándolo en una carretera que da nombre a la película. Cuando regresan a buscar el cadáver, ya no está. Ese punto de partida, con todo lo que tiene de thriller clásico, sirvió como excusa para que Penney le metiera mano a varios de los lugares comunes del cine negro y los paseara por el calor agobiante del oeste americano.
El elenco, y esto es lo que todavía hoy llama la atención de la historia, reúne a tres nombres que en ese momento estaban en pleno ascenso o, al menos, con un recorrido más que interesante a sus espaldas. Katherine Heigl llegó al proyecto después de que Thora Birch rechazara el papel, en una época en la que la actriz ya había filmado el piloto de «Anatomía de Grey» y estaba a punto de convertirse en una de las caras más conocidas de la televisión gringa. Tom Sizemore, por su parte, llegaba con una trayectoria que incluía títulos de la pesada como «Rescatando al soldado Ryan» y «Heat», dos películas que le habían dado un lugar de privilegio dentro del circuito de Hollywood. Y Leo Grillo, además de actuar, fue el gran arquitecto de la movida comercial que terminó dándole vida al filme en mercados donde, claramente, nadie había oído hablar de aquella sala perdida de Dallas.
«El Highland Park Village Theater»
Ahora sí, vamos a lo que todos quieren saber: cómo fue posible que una película con un presupuesto de 1,2 millones de dólares terminara su paso por las salas estadounidenses con una recaudación de treinta dólares. El lugar elegido fue el Highland Park Village Theater de Dallas, una sala que Grillo alquiló por mil dólares para ofrecer una función diaria al mediodía durante una semana, con entradas a cinco dólares la unidad. La fecha de arranque fue el 25 de febrero de 2006 y el cierre, el 2 de marzo. En ese período, como te decía al principio, pasaron por la sala exactamente seis personas, lo que arrojó una recaudación bruta de treinta dólares. Entre los asistentes estaba nada menos que Sheila Moore, la maquilladora de la película, que fue acompañada por una amiga. Cuando Grillo se enteró de que habían pagado por ver el filme, les reintegró el importe de las dos entradas, con lo cual la recaudación neta terminó siendo de veinte dólares. Una rareza que, a la distancia, sigue sonando casi como un cuento de hadas al revés.
- Estreno exclusivo en el Highland Park Village Theater de Dallas, del 25 de febrero al 2 de marzo de 2006.
- Alquiler de la sala por 1.000 dólares y función diaria al mediodía, con entradas a 5 dólares.
- Asistencia total de seis espectadores y recaudación bruta de 30 dólares.
- Devolución de dos entradas a la maquilladora Sheila Moore y una amiga, con lo que la recaudación neta quedó en 20 dólares.
- Venta de derechos internacionales de DVD en 23 países, que sumó cerca de 368.000 dólares.
Como se ve, la historia comercial de «Zyzzyx Road» tiene dos caras bien marcadas: por un lado, aquel estreno minúsculo en una sala que parecía estar esperándola solamente a ella y, por el otro, la venta de derechos internacionales para DVD, que terminó totalizando alrededor de 368.000 dólares en veintitrés países. Ese número, comparado con los treinta dólares que dejó en territorio estadounidense, habla a las claras de cuál fue la verdadera apuesta de Grillo desde el primer momento: no se trataba tanto de llenar salas en su propio país como de poder colocar la película en el circuito internacional para hacerse de un flujo de dinero que le permitiera encarar nuevos proyectos, siempre con el mundo animal como gran motor. La moraleja, si es que hay alguna, es que el cine independiente de bajo presupuesto suele moverse por caminos donde los números tradicionales mienten bastante y donde, a veces, lo que parece un fracaso estrepitoso termina siendo, mirado con otros ojos, la movida más astuta del año.
«Hasta el próximo estreno»
Lo más lindo de esta historia, mirándola con la distancia que dan los años, es que se trata de una de esas rarezas que confirman algo que los que amamos el cine sabemos de memoria: nunca conviene quedarse con la primera impresión de un estreno, porque a veces lo que empieza como un papelón termina, después de un par de vueltas del mundo, llenando un lugar inesperado en la memoria de un montón de gente. «Zyzzyx Road» se puede conseguir hoy en distintos formatos digitales y físicos dentro del circuito de DVD y plataformas, y también aparece en algunos catálogos de cine independiente norteamericano de los años dos mil, siempre citada como un caso de estudio a la hora de hablar de estrenos mínimos y de estrategias de distribución internacional. Si te interesa el tema, te recomiendo buscarla como curiosidad y, de paso, leer otras historias de películas que hicieron recorridos similares, porque el mundo del cine independiente está lleno de historias así de desproporcionadas y, justamente por eso, tan queribles.
