Whalefall: la ballena que se traga a un hijo y le devuelve al padre
Brian Duffield mezcla supervivencia extrema y drama familiar en una película que transcurre casi entera dentro de un cetáceo, con Austin Abrams cargando con todo el peso de la historia y de la relación paterna rota
Vine a meterme en la sala como quien abre una herida, knowing que adentro de una ballena no hay anfritión que valga. La frase me la guardé para después, mientras acomodaba el cuerpo en la butaca, porque la película que dirige este guionista devenido en director, Brian Duffield, arranca exactamente ahí, donde casi nadie se atreve: en el estómago de un cetáceo gigante, con un tipo peleando contra el reloj, contra la falta de aire y contra sus propios recuerdos.
Adentro de la ballena, como en casa
Lo primero que conviene decir es que el diseño de producción es de esos que te hacen acordar a un festival de Santiago del Estero en pleno enero: calor, humedad, olor a cerrado y esa sensación de que el cuerpo no entra pero igual se acomoda. Whalefall empieza con su protagonista, interpretado por Austin Abrams, ya instalado en ese estómago, y desde ahí va y viene entre el flashback y el presente, entre la pulseada con el bicho y la pulseada con la historia familiar. La propuesta visual es ambiciosa y, por momentos, muy efectiva: uno siente la ansiedad de estar ahí, de no tener a quién llamar, de saber que el aire se acaba. Y esa decisión de meter al espectador en un espacio tan claustrofóbico, con una sola persona cargando toda la película, termina funcionando como una declaración de principios.
Porque acá no hay un grupo de exploradores ni un equipo de rescate a la vista. Hay un hijo, un padre que ya no está, y una ballena que oficia de confesionario y de trampa mortal al mismo tiempo. Duffield, que viene de escribir libretos de ciencia ficción y de terror, se nota que disfruta el reto de hacer convivir dos registros que no suelen llevarse bien: el cine de supervivencia pura y dura, con sus escapes ingeniosos y sus cuentas regresivas, y el melodrama familiar, con todo lo que ese hijo nunca le dijo a ese padre, y todo lo que ese padre, ya muerto, tampoco llegó a escuchar.
Austin Abrams, solo ante el cetáceo
Austin Abrams carga con casi todo el peso de la narración, y lo hace con una composición física notable. Este actor, que uno recuerda por su paso por Resident Evil y por papeles secundarios en series jóvenes de esas que miran los millennials, se banca acá las escenas de esfuerzo físico y las escenas de llanto contenido con la misma seriedad. Hay un trabajo de cuerpo que merece destacarse: cómo se mueve dentro de esa bolsa de tripas que recrearon los diseñadores, cómo maneja la falta de aire, cómo sostiene la cámara cuando lo único que tiene enfrente es una pared orgánica. Y del otro lado, cómo se planta frente al padre muerto en cada flashback, con esa mezcla de bronca y de necesidad que tienen los hijos cuando todavía no pudieron terminar de despedirse.
Ad Astra, pero adentro de una ballena
Si hay una referencia que ayuda a ubicarse es Ad Astra, aquella de James Gray con Brad Pitt dando vueltas por el espacio exterior hablando con un padre ausente. Whalefall toma esa misma frecuencia emocional, pero la comprime en un espacio mucho más chico y más asfixiante. Quien conecte con esa manera de contar va a sentir que la película le está diciendo algo propio, algo que le toca la puerta del living. Quien no entre en ese tono, en cambio, puede salir de la sala con la sensación de que el equilibrio entre la acción y el drama no termina de cerrar, y de que el tramo final, que apoya fuerte en los efectos generados por computadora, se vuelve un poco reiterativo en sus secuencias de escape, siempre dentro de un margen de maniobra acotado por las paredes del bicho.
Hay además un costado del filme que a mí, personalmente, me parece de los más interesantes: la manera en que trabaja el duelo. No desde el lugar del golpe bajo ni del golpe gratuito, sino desde el de la conversación pendiente. El padre aparece en flashbacks y también en diálogos imaginarios que el protagonista sostiene mientras busca la salida, y eso convierte a la ballena en un dispositivo narrativo muy eficaz: no es solamente el lugar del que hay que escapar, es el único lugar en el que, finalmente, padre e hijo pueden terminar de decirse las cosas. Esa es la idea más fuerte de la película, y también la más riesgosa, porque depende mucho de cuánto le resuene a cada uno la historia que se cuenta.
Dónde y cuándo se puede ver
Whalefall se proyecta en salas comerciales de cine deArgentina desde el jueves 20 de noviembre, en versión subtitulada y con algunas funciones en 3D en los complejos que tengan la tecnología disponible. La duración ronda los noventa minutos, lo que la convierte en una propuesta corta y concentrada, ideal para combinar con una salida nocturna. Las plataformas de video bajo demanda la irán sumando en las semanas siguientes al estreno, aunque la experiencia ideal sigue siendo la sala, justamente por el trabajo de sonido y por la inmersión que propone el diseño del interior del cetáceo.
- Whalefall, de Brian Duffield, se estrena en cines argentinos el 20 de noviembre.
- La película dura alrededor de 90 minutos y cuenta con Austin Abrams como protagonista absoluto.
- El diseño de producción del interior de la ballena es uno de los puntos más destacados del filme.
- La historia combina supervivencia extrema con el drama de una relación padre e hijo rota.
- Quien disfrutó Ad Astra encontrará en Whalefall un punto de partida emocional parecido.
