Dráculas, condes y humoradas: las mil caras del vampiro en la pantalla chica
De la versión solemne de Stoker al humor absurdo neozelandés, pasando por el anime gore y el thriller gótico. Una guía para perderse (y encontrarse) entre colmillos.
Tengo que confesar algo antes de arrancar: cuando era chico, el vampiro me daba pánico. Era la época de ver a Bela Lugosi en blanco y negro los domingos a la tarde, en aquella televisión de perilla que había en casa de mi abuela, en el patio de los Toldos, con el termómetro marcando cuarenta grados y sin embargo uno se estremecía igual. Por eso, cuando me puse a revisar este recorrido por las series que pusieron al vampiro en distintos formatos, no pude evitar pensar que aquel personaje rígido de capa y ponchera inglesa hoy es otra cosa: es humor, es animación, es kung fu, es suspenso psicológico y hasta es una excusa para pelear clanes en un hotel japonés. La sangre sigue siendo el hilo conductor, claro, pero las pantallas chicas de los últimos años la derramaron en copas muy distintas.
El conde, según Moffat y Gatiss
La propuesta más cercana al relato gótico clásico es la serie Drácula que escribieron Mark Gatiss y Steven Moffat, dos nombres que a los lectores de cierta edad les van a sonar porque son los mismos de Sherlock, esa otra joyita británica que también jugaba con los géneros. Acá se toman tres capítulos de noventa minutos para adaptar, con bastante libertad pero mucho respeto, al personaje que inventó Bram Stoker a fines del siglo XIX. Lo encabezan Claes Bang, que se luce con un Conde que oscila entre la seducción y el desprecio; Dolly Wells, en un papel que le permite lucirse como nunca; y John Heffernan, que compone a un Van Helsing bastante particular. Es una serie para mirar despacio, con la persiana baja y, si se puede, un vaso de Malbec al lado.
Lo que hacemos en las sombras
Si la versión anterior es solemne, Lo que hacemos en las sombras es exactamente lo contrario. Nace de la película del mismo nombre que filmaron en 2014 Jemaine Clement y Taika Waititi, dos neozelandeses con un sentido del humor muy particular, y lo que hicieron fue llevarse ese delirio a la televisión con un éxito que sigue vigente. La serie sigue a cuatro vampiros que comparten casa en Staten Island y se las arreglan para discutir por la ropa, por quién lava los platos y por las jerarquías del clan mientras intentan, de tanto en tanto, cazar gente. El elenco es una joyita: Kayvan Novak, Matt Berry, Natasia Demetriou, Harvey Guillén, Mark Proksch y Kristen Schaal forman una especie de familia disfuncional que funciona como sitcom, pero también como sátira de todas las mitologías vampíricas que vimos antes. Es, para mí, la más disfrutable de las que aparecen en este listado, y se la recomiendo a quien quiera reírse de verdad sin que el género pierda su aroma a ajo.
Castlevania: del joystick a la pantalla
Para los que peinamos canas o casi, el nombre Castlevania dice mucho. Era aquel videojuego de Konami de los años ochenta, con el Conde en su mejor versión pixelada, al que le dedicamos tardes enteras en la consola. Lo que hizo Warren Ellis, un guionista con pedigree pesado, fue tomar ese universo y convertirlo en una serie de animación adulta, con una violencia que sorprendió a propios y extraños y con un guion que respeta a los fans pero no les habla en diminutivo. Las voces originales en inglés son de Richard Armitage, James Callis, Graham McTavish y Theo James, entre otros, y conviene verla subtitulada porque el doblaje, según me comentaron, no le hace justicia. Es la opción ideal si lo que uno busca es acción, estética gótica y la satisfacción de ver cómo un juego querido se transforma en una historia que podría pararse sola sin la consola.
Otras formas del colmillo
- NOS4A2, creada por Jami O'Brien a partir de una novela de Joe Hill, con Zachary Quinto y Ashleigh Cummings en los papeles principales. La música corre por cuenta de Mike Patton, lo cual ya es una declaración de intenciones, y los efectos son artesanales, casi de otra época, como si el terror se fabricara en un taller.
- Penny Dreadful, la creación de John Logan que cruza a Drácula, Frankenstein y Dorian Gray en una misma trama. Eva Green se roba cada escena, Timothy Dalton le pone elegancia británica y Billie Piper, Rory Kinnear y Reeve Carney completan un reparto memorable. Es la serie para quienes extrañan el terror gótico con mayúsculas.
- Tokyo Vampire Hotel, del japonés Sion Sono, que mezcla clanes enfrentados, artes marciales, erotismo y bastante sangre. Ami Tomite, Yumi Adachi, Megumi Kagurazaka y Kaho son las caras principales de una ficción que se anima a mezclar referencias tan distintas como Drácula y el cine de exploitation de los setenta.
A esta altura, a mí lo que me queda claro es que el vampiro es un personaje tan versátil que admite cualquier tono, cualquier formato y cualquier época. Desde la solemnidad de Stoker pasando por la comedia desquiciada de los neozelandeses hasta el anime sangriento, lo que une a todas estas series es esa pregunta que nos sigue dando un poco de escalofrío: qué pasa cuando alguien deja de ser humano pero sigue viviendo entre nosotros. Las opciones para responderla están, en estos días, al alcance de cualquier plataforma. Sólo hay que elegir con qué ánimo uno se sienta en el sillón.
Dónde y cuándo: todas las series mencionadas están disponibles en plataformas de streaming, principalmente Netflix, Amazon Prime Video y Star+. Lo que hacemos en las sombras y Castlevania se pueden ver completas en sus catálogos; Drácula y Penny Dreadful circulan entre HBO Max y Prime según la región; NOS4A2 está en Starzplay; y Tokyo Vampire Hotel se encuentra en distintas bibliotecas digitales de cine de autor. Una buena forma de empezar el recorrido es, si me permiten la sugerencia, por la serie de los neozelandeses, y dejar a Drácula para una noche de tormenta.
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