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Obrador Florida: una heladería de Palermo que separa los sabores para que no se mezclen y rescata lo que sobra de la fruta

Once gustos, envases por sabor y una línea de golosinas que nace de los restos que dejan los helados. La creadora del local cuenta cómo decidió cortar con el kilo tradicional y por qué trabaja los cítricos durante dos años antes de dar con la receta definitiva.

Por Lautaro RoldánTurismo · 20 de septiembre de 2026 · hace 2 h

A poco más de cinco kilómetros del centro, en el corazón de Palermo, funciona desde el otoño de 2022 una heladería que se hizo famosa por una decisión tan simple como disruptiva: no vende potes de un kilo. En Obrador Florida, la fundadora Mercedes Mecha Román eligió organizar la venta para llevar en envases de un cuarto o medio kilo, pero con una condición que cambia la experiencia: cada recipiente lleva un solo sabor. La idea, según cuenta, nació de una obsesión muy concreta, que es evitar que los gustos se mezclen y que cada cliente se lleve el helado tal como fue pensado, sin contaminaciones ajenas.

Para los que igual quieran probar más de una opción en el momento, el local ofrece vasitos y cucuruchos donde se pueden combinar hasta tres sabores. Los vasitos arrancan en nueve mil pesos, un dato útil para calcular el gasto antes de sentarse o hacer la cola. Y como la propuesta va más allá del helado, la línea de golosinas artesanales parte desde los dos mil ochocientos pesos por unidad, con la posibilidad de comprar piezas sueltas o cajas armadas con las variedades que estén disponibles ese día.

Una carta que rota con el calendario

La oferta permanente está compuesta por cinco clásicos que ya son la base del local: chocolate, limón, sambayón, vainilla y dulce de leche. Los otros seis sabores cambian con la temporada, lo que obliga a volver cada cierta cantidad de meses para conocer las novedades. Entre las opciones que describe la carta figuran avellanas tostadas de Río Negro, queso crema con quinotos confitados, crema de té Earl Grey con chocolate y crema de jengibre, una selección que combina productos regionales con guiños a la pastelería más sofisticada.

“Cuando hacemos una degustación de pomelo blanco, siempre acercamos también el rosado para que la gente compare y entienda las diferencias entre los dos.”Mercedes Mecha Román, fundadora de Obrador Florida

Los sorbetes de pomelo son uno de los experimentos más interesantes de la casa. Román explica que trabajan dos versiones de la misma fruta para que el cliente pueda comparar y entender por qué un cítrino puede ser tan distinto según el momento del año o la variedad elegida. Detrás de cada sabor hay un proceso minucioso: rallar las cáscaras de limón, probar texturas, ajustar el dulzor. Tanto insistió con el helado de limón que la receta definitiva le demandó dos años de pruebas hasta dar con el punto justo.

Esa última línea, la de las golosinas, nació como una necesidad casi ecológica. Cuando preparaba los helados, quedaban restos de frutas que no se podían aprovechar en el producto principal, y en lugar de tirarlos, Román empezó a darles una segunda vida en formato de confitería. Así aparecieron los malvaviscos frutales, los bombones, los chupetines de chocolate, el mazapán de pistacho y los crocantes de miel cubiertos con chocolate. Cada preparación exige procesos de pastelería que mezclan técnicas de cocina, heladería y confitería, una combinación poco habitual en el rubro.

Mi recomendación, si están planeando una visita, es ir en otoño o en primavera, cuando la carta de temporada ofrece sus combinaciones más originales y los sabores de estación cambian respecto del verano. En los meses cálidos el local se llena y la rotación de productos es más rápida, mientras que en las estaciones de transición se pueden probar con más calma esas recetas que la cocinera pasa meses perfeccionando, como el limón que le llevó dos años o los pomelos que invitan a comparar dos caras de la misma fruta. Llevarse un cuarto de kilo de un solo sabor, separado del de un amigo, es la forma más fiel de entender por qué Mecha Román decidió romper con la lógica del kilo compartido.

LR

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