Noche adentro: los cielos que Santile cazó con cámara y paciencia
El astrofotógrafo argentino recorre San Juan, Salta, La Rioja y Córdoba para retratar el cielo estrellado. Cómo se prepara, qué permisos pide y por qué el viento y las nubes pueden arruinar una salida después de cientos de kilómetros.
A poco más de mil kilómetros al oeste de Buenos Aires, donde la provincia de San Juan se abre en formas rocosas que parecen de otro planeta, el Valle de la Luna cambia de carácter cuando cae el sol. Ya no se trata del paseo clásico que se hace de día, con paradas breves y fotos al atardecer: de noche, ese mismo escenario se vuelve territorio de astrofotógrafos como Gonzalo Santile, que lleva una década registrando cielos desde distintos puntos del país.
Yo lo sigo desde hace tiempo, porque su trabajo me sirve para entender qué se necesita para meterse en una salida nocturna. Y siempre termino volviendo a la misma conclusión: la astrofotografía es una excusa para planificar mejor, para leer el mapa de día y para soportar el frío o el viento esperando que una nube se corra.
Destinos que aparecen en su recorrido
- Valle de la Luna, San Juan: escenario rocoso y árido, ideal para componer con el cielo profundo.
- Cafayate, Salta: quebradas y viñedos que funcionan como marco para la Vía Láctea.
- Talampaya y otros sitios de La Rioja: cañones y paredones con baja contaminación lumínica.
- Cordón del Plata, Mendoza: altura y aire limpio para noches estables.
- Altas Cumbres, Córdoba: miradores serranos con cielos abiertos.
- Salinas Grandes, Jujuy: superficie blanca que multiplica la presencia de las estrellas.
El denominador común es siempre el mismo: poca luz artificial y horizonte amplio. Pero llegar hasta esos lugares con un trípode y una cámara réflex no es una decisión impulsiva. Santile lo aclara con una frase que conviene grabarse: "En parques nacionales o provinciales hay que solicitar los permisos correspondientes y no se puede ingresar solo de noche; siempre voy acompañado por un guía o guardaparques".
A eso se suma la lectura del clima. El fotógrafo consulta los pronósticos antes de moverse, pero sabe que el parte meteorológico no garantiza nada. Las ráfagas mueven el trípode, las nubes tapan la Vía Láctea y a veces, después de varios cientos de kilómetros, la noche se cierra sin una sola toma útil. En el norte cordobés, una tormenta lo obligó a esperar varias horas antes de poder captar estrellas reflejadas en el agua que había quedado acumulada sobre las salinas.
La orientación también es un capítulo aparte. Durante una visita a las Salinas Grandes jujeñas, Santile y un artesano local que lo acompañaba perdieron el rumbo al regresar; recién encontraron una salida cerca del punto por donde habían ingresado. En otra excursión, la batería agotada del teléfono lo dejó incomunicado y su familia terminó iniciando una búsqueda. Son dos anécdotas que a él le sirven para insistir en lo mismo: de noche, las referencias visuales desaparecen, y lo que de día parece obvio se vuelve confuso.
Otra cosa que aclara, y que me parece clave para cualquiera que se acerque a esta actividad sin experiencia, es la diferencia entre lo que se ve y lo que termina en la foto. Los colores saturados, los tonos que parecen irreales y los detalles que aparecen en sus imágenes no se perciben del mismo modo a simple vista. Las exposiciones duran varios minutos y algunas panorámicas se arman con capturas tomadas durante varias noches. La cámara registra información que el ojo, en la oscuridad, no llega a procesar igual.
Para Santile, las extensiones con escasa contaminación lumínica abren una posibilidad concreta para el país: desarrollar el astroturismo como actividad económica y educativa. En un mapa mental de la Argentina nocturna, lugares como el Valle de la Luna o Cafayate dejan de ser sólo una postal diurna y empiezan a pensarse como productos turísticos de noche.
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Si alguien me pregunta cuándo conviene intentarlo, le digo lo que aprendí acompañando estos recorridos: la mejor temporada en el norte argentino es entre abril y septiembre, cuando el cielo está más limpio y la Vía Láctea se ve con mayor nitidez, aunque el premio es el viento Zonda en San Juan o el frío seco en las Altas Cumbres. Conviene ir con guía habilitado, llevar linterna con luz roja, ropa de abrigo de más y reservar la salida con varios días de anticipación, porque los permisos en áreas protegidas se tramitan con tiempo y no siempre se consiguen para el mismo día.
