Las hermanas Owens vuelven a hechizar, pero la magia ya no es la misma
Veintiocho años después, Sandra Bullock y Nicole Kidman se reencuentran en 'Prácticamente magia 2', una secuela que apuesta a la nostalgia antes que a la renovación. La química sigue intacta; la sorpresa, no.
Hay una frase del cantautor santiagueño Jacinto Piedra que me viene cada vez que una secuela llega tarde: 'Volver no es regresar, es inventarse de nuevo en el mismo lugar'. Y esa es, justamente, la sensación que me dejó 'Prácticamente magia 2', la continuación de aquella comedia fantástica de 1998 que juntó a Sandra Bullock y Nicole Kidman como las hermanas Owens, dos brujas condenadas a perder a cualquier hombre que se animara a amarlas. Veintiocho años después, el reencuentro estaba servido: la misma dupla protagónica, la misma ciudad costera, la misma promesa de hechizos, romance y amistad. La pregunta es si el cine tenía algo nuevo que contarles a los Owens, o si bastaba con reeditar la fórmula.
Mi primera impresión al sentarme en la sala fue de una calidez familiar: los créditos iniciales repiten esa estética otoñal, con la luz dorada cayendo sobre las fachadas de la isla de Massachussets que ya conocíamos, el mar gris de fondo, las gaviotas y la bruma que siempre acompañó a las protagonistas. Es un patio emotivo, el de esta película, más que un patio físico: uno reconoce el clima antes que los personajes, porque la puesta en escena de Susanne Bier se preocupa por devolver esa atmósfera añeja, casi de postal, que marcó al original. Y ahí, precisamente, empieza a notarse el primer problema: la dirección elige quedarse en la zona segura del recuerdo, sin animarse a rodar ninguna secuencia con verdadera arriesgada visual.
Chicas, las del tiempo dorado
Porque lo que la crítica especializada coincide en señalar, y yo no puedo más que acompañar, es que el verdadero motor de esta entrega sigue siendo la dupla Bullock-Kidman. Cada vez que Sally y Gillian Owens comparten plano, el ritmo mejora, los diálogos respiran y la comedia adquiere esa levedad que el resto del film lucha por sostener. Hay algo de maratón de amigas entre ellas, de complicidad construida a lo largo de décadas tanto dentro como fuera de la pantalla, que vuelve imposible no sonreír cuando se miran, se discuten o se cuidan. Es un trabajo actoral que sostiene la película casi en soledad, y lo hace con oficio, con humor contenido y con esa elegancia de las estrellas que saben envejecer frente a cámara.
El problema aparece cuando las cámaras se alejan de ellas. Los personajes nuevos, encarnados por Maisie Williams, Joey King y Lee Pace, entre otros, quedan flotando en un guion que no les concede demasiado espacio para desarrollarse. Los críticos coinciden en que sus arcos son esquemáticos, atravesados por subrayados emocionales que la película no necesita, porque su público ya sabe leer entre líneas lo que el texto se empecina en explicar. El epílogo, además, se extiende más allá de su punto natural de cierre y termina por desgastar una historia que ya había encontrado su propio tono de despedida.
Efectos que quedaron en el baúl de los recuerdos
- Los efectos visuales remiten a producciones televisivas de la década del noventa, con una textura digital que el tiempo dejó en evidencia.
- La dirección de Susanne Bier no logra capturar el tono nostálgico y otoñal que distinguió a la película original, a pesar de intentarlo en cada plano de exteriores.
- El guion tiende a la repetición de estructuras y frases de la entrega de 1998, lo que genera una sensación de déjà vu más que de continuidad.
- Los personajes secundarios no encuentran espacio para desarrollarse y quedan como piezas decorativas del reencuentro de las protagonistas.
- El epílogo se extiende más allá de su punto natural de cierre y la crítica lo describe como prescindible para el conjunto.
Dicho todo esto, quiero ser justo: 'Prácticamente magia 2' no pretende reinventar nada ni necesita hacerlo. La película sabe a quién le habla: a quienes crecieron con la primera entrega, a quienes conservan la imagen de Sandra Bullock corriendo por un pueblo costero con un gato negro bajo el brazo y a quienes todavía se emocionan con la idea de que hay amistades que sobreviven a cualquier maleficio. El tono general apunta a un público que disfruta de las historias de brujería cotidiana, de hechizos pequeños y romances sin pretensiones, con diálogos cargados de emotividad y mensajes positivos que no tienen empacho en declararse a viva voz. Es, en el mejor sentido, una película para mirar con un mate en la mano y dejarse llevar.
“Los 28 años transcurridos desde la primera película abrían múltiples posibilidades narrativas, pero la secuela optó por un camino conservador. Para quienes buscan reencontrarse con las hermanas Owens sin modificar demasiado la experiencia original, la propuesta cumple su función; para quienes esperaban una renovación, el balance es menos favorable.”Pablo Trejo
A mí, que confieso haberme sentado en la butaca con el corazón abierto y una sonrisa enorme, me pasó algo curioso: disfruté cada minuto que Bullock y Kidman compartieron pantalla, y bostecé con discreción en los intermedios. Es una película que se deja ver, que cumple con su promesa de reencuentro y que, si bien no arriesga ni un centímetro fuera de su zona de confort, tampoco defrauda a quien ya estaba predispuesto a quererla. Lo que sí lamento es que el cine fantastique, cuando decide regresar después de casi tres décadas, debería llegar con algo más que una foto de la troupe original: debería llegar con una historia que justifique la espera. Y esta vez, al menos para quien escribe, la espera fue más larga que la sorpresa.
'Prácticamente magia 2' ya está en cartelera en las salas argentinas, con funciones en los complejos tradicionales y en algunas cadenas que ofrecen maratones temáticas junto a la primera entrega. Es, en definitiva, una propuesta ideal para una salida con amigas de toda la vida, una tarde de domingo en familia o una cita con esa parte de uno mismo que todavía cree en los finales suaves. Si te preguntás qué esperás vos de una secuela después de casi tres décadas, ya sabés dónde encontrarme: contame si preferís fidelidad a lo conocido o una apuesta nueva. Lo que seguro te va a pasar, seas fan o no, es que cuando Sally y Gillian se miren, vas a sonreír. Y eso, en los tiempos que corren, ya es muchísimo.
