La VTV del amor: cuando la costumbre y el miedo a estar solo sostienen un vínculo que hace doler
El psicoanalista Gabriel Rolón pasó por la pantalla de Luis Novaresio y dejó una imagen que dio que hablar: revisar la pareja como quien revisa el auto. Habló del deseo, de la resignación y de por qué el abrazo de alguien querido no siempre alcanza.
La cita es en lo de Marta, una vecina de toda la vida en un pueblo de Santiago del Estero. Mientras prepara un mate cocido en la cocina, me cuenta que lleva treinta y dos años casada y que en más de una cena familiar le confesaron, entre copas, que la relación se sostenía más por cansancio que por amor. “Yo siempre digo que hay que revisar el auto antes de que se te quede en medio de la ruta, y la pareja es igual: si no la mirás, un día te encontrás varado”, me dice Marta, mientras acomoda los platos en la alacena. Esa frase, que ella repite cada vez que alguna amiga se separa, es casi la misma que usó Gabriel Rolón cuando pasó por el programa de Luis Novaresio y soltó la idea de hacer una especie de VTV del amor para revisar los vínculos de pareja.
Mirar la pareja como se mira un auto
Para Rolón, la comparación no es un capricho: la costumbre permite seguir adelante aunque haya dificultades pendientes, del mismo modo que uno puede circular con el aceite vencido o con los frenos gastados sin que pase nada hasta que pasa. Desde su lugar como psicoanalista y escritor, sostuvo que algunas personas sufren porque no logran aceptar aspectos de su pareja que les desagradan, mientras que otras directamente se quedaron en la resignación. La pregunta que dejó flotando es incómoda: qué es lo que sostiene la continuidad de un vínculo cuando hay malestar adentro, y cuánto de eso responde al deseo genuino y cuánto a no animarse a estar solo.
“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón
Esa frase, que a mí, como santiagueña que soy, me resonó en la cocina de Marta mientras escuchábamos la entrevista, fue el eje de la segunda parte de la conversación. Para Rolón, no se trata solo de romances malogrados: también alcanza con pensar en el trabajo que uno quiso toda la vida y que cuando lo consigue deja una sensación rara, como si faltara algo. Esa incomodidad no se resuelve por más que el deseo se cumpla, y él lo vincula con la conciencia de que ni la vida ni los afectos son permanentes. Convivir con esa falta, dice, es parte de la experiencia humana.
- La propuesta de hacer una “VTV del amor” para revisar periódicamente cómo está la pareja, en lugar de dejarla librada a la rutina.
- La advertencia sobre la resignación: muchas relaciones siguen no porque sus integrantes quieran, sino porque no se animan a romper.
- El miedo a la soledad como motor oculto: la compañía de alguien querido calma, pero no borra del todo la experiencia de estar a solas.
- La idea de que incluso un abrazo no alcanza para resolver lo que una persona siente por dentro.
- La definición del deseo como lo que no se tiene, y por eso ni siquiera alcanzarlo elimina la sensación de que falta algo.
Nosotros los santiagueños, y creo que vale para cualquier provincia del país, sabemos de parejas que se bancan en silencio porque el pueblo mira, porque hay hijos de por medio o porque la idea de empezar de nuevo a los cincuenta y pico da vértigo. Rolón no vino a decirle a nadie qué tiene que hacer: lo que hizo fue poner en palabras algo que en la mesa de Marta, y seguramente en la tuya también, se dice a media voz. La revisión que propone no es un trámite: es una conversación pendiente que cada quien tendrá que animarse a dar cuando le toque. Y eso, justamente, es lo que muchos esperan que pase algún día.
