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La gripe avisa antes de pegar el zarpazo: seis señales que no hay que dejar pasar por alto

El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que la mejoría seguida de un empeoramiento brusco puede esconder una neumonía o una sepsis. Falta de aire, dolor en el pecho y labios azulados encabezan la lista de motivos para correr a la guardia.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 20 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Arrancamos la nota como tantas veces arrancamos las conversaciones en la vereda de casa, con una vecina que se asoma y dice que ella tuvo la gripe malísima y que casi no la cuenta. Se llama Gladys y vive a dos cuadras de la plaza, en una esquina donde el viento siempre termina empujando las hojas hacia la puerta. Gladys es de las que no van al médico ni atadas, pero esta vez confiesa que la falta de aire la asustó de verdad. Es que la gripe, que muchos siguen mirando como una simple molestia de invierno, tiene la mala costumbre de avisar poco y pegar fuerte cuando uno menos se lo espera.

El cuadro que describen los especialistas consultados por la Clínica de Cleveland, entre ellos el infectólogo Dhatri Kotekal, tiene una regla de oro que nosotros los santiagueños solemos repetir de otra manera: si te sentís mejor y al día siguiente estás peor, no lo tomes como una recaída cualquiera. Esa mejoría aparente seguida de un deterioro brusco suele marcar la llegada de una infección secundaria, muchas veces una neumonía, y ahí el reloj empieza a correr en contra.

Las seis señales que piden atención urgente

  • Dificultad para respirar o sensación de que falta el aire, incluso haciendo mínimos esfuerzos.
  • Dolor o presión persistente en el pecho, que no cede con el descanso.
  • Labios o uñas con tono azulado, un signo clásico de falta de oxígeno en la sangre.
  • Confusión súbita, desmayo o dificultades para mantenerse despierto.
  • Vómitos intensos o una deshidratación severa que impide retener líquidos.
  • En los más chicos, respiración acelerada y llanto inconsolable que no se calma con nada.

Cuando aparecen estas señales, la consulta no puede esperar al turno del médico de cabecera. Hay que ir a una guardia, pedir que lo vean y, si es posible, advertir en admisión que se trata de un cuadro gripal que se complicó. Los equipos de emergencia están entrenados para actuar rápido y, en muchos casos, una placa de tórax y un análisis de sangre alcanzan para descartar o confirmar una neumonía antes de que el cuadro se descontrole.

Quiénes son los más expuestos y por qué

Kotekal es claro al describir los grupos de riesgo y nosotros lo repetimos sin vueltas: los menores de cinco años, los mayores de 65, las embarazadas y quienes conviven con diabetes, enfermedades renales, cardíacas, pulmonares u obesidad encabezan la lista de pacientes que pueden pasar de un cuadro leve a uno crítico en apenas 24 o 48 horas. En ellos, lo que parece un simple estado gripal puede desembocar en una internación si la familia no está atenta a los primeros avisos.

Que una persona esté sana antes de contagiarse no la vuelve invulnerable. La influenza A y la influenza B pueden generar cuadros graves por igual, y el esfuerzo que hace el cuerpo para enfrentar el virus a veces termina desencadenando complicaciones que poco tienen que ver con la fiebre y el dolor de garganta del principio.

Neumonía, sepsis y corazón: las complicaciones que más preocupan

La neumonía es la complicación potencialmente mortal más frecuente y puede aparecer porque el propio virus avanza hacia los pulmones o porque una bacteria aprovecha el momento de debilidad para instalarse. La sepsis, esa reacción desmedida del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos del propio paciente, es otra de las pesadillas que el especialista menciona. A la lista se suman el empeoramiento del asma o de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la insuficiencia respiratoria y, en personas con el corazón previamente enfermo, alteraciones del pulso y la presión arterial que pueden terminar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.

“Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo elimina: cualquier persona puede desarrollar complicaciones si la gripe se presenta de forma severa.”Dhatri Kotekal, infectólogo consultado por Cleveland Clinic

La herramienta más concreta para evitar terminar en una sala de internación sigue siendo la vacunación anual, que Kotekal recomienda sin dudar y que en nuestro país se aplica de manera gratuita en hospitales y centros de salud durante cada campaña. Mientras tanto, en lo cotidiano, vale lo de siempre: lavarse las manos, ventilar los ambientes, quedarse en casa cuando aparecen los primeros síntomas y no automedicarse con antibióticos pensando que se va a cortar la infección.

Cierro la nota como la empecé, del lado de la cocina de Gladys, con la pava lista y la taza todavía sin servir. Ella me dice, mirándome como quien recomienda algo a un hijo, que la próxima vez que le venga la gripe va a ir al médico ni bien sienta que le falta el aire. Esa es, en el fondo, la mejor síntesis de lo que cuentan los especialistas: prestar atención a las señales que el cuerpo manda, no minimizarlas y actuar antes de que la gripe, que parece inofensiva, termine pagando el vuelto con intereses.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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