Falta de aire y tos seca: cuando los pulmones piden atención antes de que sea tarde
Neumonólogos y reumatólogos coinciden en que la demora diagnóstica puede llegar a los dos años y en que hay enfermedades autoinmunes que comprometen el pulmón sin dar señales claras.
La cita arranca una mañana cualquiera, en la cocina de una casa de planta baja donde Hilda, la vecina de toda la vida, apoya la taza de té sobre la mesa y, entre mates y mates, me confiesa lo que tantas otras vecinas callan: que hace meses le falta el aire cuando sube las escaleras del primer piso, que arrastra una tos seca que no se va con nada y que ella, como tantos nosotros los santiagueños que nos criamos pensando que el cuerpo aguantaba todo, lo viene adjudicando a los años y al cansancio. Cuando le pregunto si fue al médico, se ríe con esa media sonrisa que tenemos los que descreemos del consultorio y me dice que ya irá, que ahora no es el momento. Esa escena, tan doméstica y tan nuestra, es la misma que en los consultorios de neumonología y gastroenterología —perdón, de reumatología— se repite a diario y que explica, en gran parte, por qué el diagnóstico de fibrosis pulmonar puede demorarse hasta dos años.
Porque esa combinación de falta de aire progresiva y tos persistente no significa, por sí sola, que exista fibrosis pulmonar, pero sí obliga a una evaluación médica cuanto antes. Y si la dificultad para respirar se intensifica en pocos días o aparece ante esfuerzos mínimos, la consulta debe ser urgente, sin excusas y sin esperar a que el cuerpo se acostumbre a vivir a media máquina.
Envejecer no es sinónimo de quedarse sin aire
Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, advierte que la pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento. Aunque estas enfermedades son más frecuentes después de los 60 años, la edad no vuelve normal la falta de aire, y naturalizar lo que nos pasa es, muchas veces, el primer paso para llegar tarde al diagnóstico.
Enghelmayer explica que la fibrosis produce cicatrices permanentes en los pulmones que pueden dificultar la oxigenación de la sangre, y que esas cicatrices pueden estar vinculadas con enfermedades autoinmunes, con partículas inhaladas en el trabajo o en el ambiente o con determinados medicamentos. Cuando no se identifica una causa, el cuadro se denomina idiopática, y diferenciar esos orígenes es lo que permite definir el tratamiento y los controles adecuados para cada paciente.
Cómo se busca el diagnóstico y qué señales escucha el médico
- Revisión de antecedentes clínicos y de posibles exposiciones a polvos, fibras o fármacos que puedan dañar el pulmón.
- Estudios respiratorios que miden cómo entra y sale el aire y cómo se oxigena la sangre.
- Tomografía de alta resolución, clave para observar cambios en el tejido pulmonar.
- Auscultación: con el estetoscopio pueden detectarse ruidos similares al sonido del velcro, un indicio que solo el médico sabe interpretar.
Cuando la autoinmunidad avanza en silencio
La evaluación tiene otra particularidad en personas con enfermedades autoinmunes, y ahí la advertencia se vuelve más fina: no siempre hay molestias que alerten sobre el compromiso pulmonar, de modo que el cuerpo puede estar pidiendo ayuda sin que nadie lo escuche. Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, indica que quienes tienen esclerosis sistémica deben ser evaluados desde el diagnóstico, mientras que en artritis reumatoidea la búsqueda se concentra en los pacientes con factores de riesgo, porque la enfermedad puede estar dejando cicatrices en el pulmón mucho antes de que aparezcan la tos o la falta de aire.
“En una cohorte argentina en la que participé, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no presentaba síntomas respiratorios; dentro de ese grupo, el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía
Esos números, que a mí me suenan a una alarma encendida en la cocina de Hilda mientras el agua del mate se enfría, confirman que los controles indicados no dependen únicamente de sentir tos o falta de aire, y que esperar a tener síntomas para consultar puede significar llegar con un daño ya instalado. Por eso, antes de cerrar la puerta de la casa y seguir con la rutina de siempre, lo que uno espera que pase —al menos en la casa de mi vecina y en la de tantos lectores como nosotros— es que la consulta se anticipe a la enfermedad, y no al revés.
