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El Globo desinfló al Millo en el Monumental y cortó la euforia de Ponzio

Huracán se llevó un 2-1 clave del Núñez, con goles de Cortés y Blondel, y cortó la racha de tres victorias al hilo del River de Leonardo Ponzio por la décima fecha del Torneo Clausura.

Por Matías SantillánDeportes · 19 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Mirá, te lo cuento desde la popular. Llegué al Monumental con la ilusión del ferroviario, ese abrazo cómplice que uno le da al escudo antes de subir a la tribuna, y terminé aplaudiendo a los pibes del Globo como si fueran de mi barrio. Huracán le ganó 2-1 a River y, de paso, le cortó la racha de tres victorias seguidas que el equipo de Leonardo Ponzio venía arrastrando con la sonrisa de un puntero. Sí, lo dije bien: sonrió el Millo hasta que lo cruzó la realidad.

La cosa arrancó torcida para el local desde el primer minuto. A los diez, el pibe Cortés se paró frente a la pelota, le pegó un tiro libre desde la izquierda que picó en el área y se metió junto al segundo palo. Nadie lo desvió, nadie llegó a tiempo. El arquero Hernán Galíndez, que en el primer tiempo fue una mole, sostuvo esa ventaja mínima con intervenciones ante Sebastián Driussi y un disparo de Ángel Correa que se le fue cerca. La diferencia estaba en la red y empezaba a preocupar a la Banda.

Lesiones, cambios y un entretiempo con sabor a examen

Y como si al aurinegro le faltaran dolores de cabeza, en la primera etapa se le rompió el plan original. Thiago Almada tuvo que salir por una molestia muscular y entró en su lugar Lucas Beltrán. Después, Tobías Andrada, un pibe de 19 años que ese mismo día había sido convocado a la selección argentina mayor, también dejó la cancha y lo reemplazó Mauro Arambarri. Dos golpes que Ponzio intentó disimular desde el banco, con la cara larga y el reloj en la mano.

En el complemento, River fue a buscarlo con todo y hasta llegó al empate. Primero Driussi convirtió tras un centro bajo de Gonzalo Montiel, pero el VAR miró la repetición, encontró un offside milimétrico y se lo anularon. La igualdad llegaría igual, porque el fútbol siempre te da revancha: Tomás Galván recibió un pase hacia el centro, se acomodó y sacó una volea de derecha sin controlar, una de esas joyitas que un pibe hace una vez en la vida. Uno a uno y la tribuna local volvió a creer.

  • El tiro libre de Cortés que picó en el área y descolocó a toda la defensa.
  • La volea sin control de Galván que empató transitoriamente y enmudeció al Monumental.
  • El pase filtrado de Cortés a Blondel que Vera no pudo cortar.
  • El disparo bajo y cruzado del lateral, que entró junto al palo para el 2-1 final.
  • Las intervenciones de Galíndez para sostener la diferencia ante un River que fue puro empuje y poco fútbol.

Cuando el Millo se quedó con uno menos en la cabeza y el corazón, Huracán liquidó. Otra vez Cortés, esta vez como asistidor, le metió un pase filtrado a Lucas Blondel. Fausto Vera, de lo poco que le salió bien al local en la tarde, no llegó a interceptarlo. Blondel entró al área y le pegó bajo, cruzado, junto al palo. Dos a uno y fiesta visitante en la casa del clásico rival. Después, Martínez metió cambios defensivos, el Globo se plantó atrás con cinco mediocampistas y el resultado quedó blindado hasta el pitazo final.

La lectura de un triunfo con todas las letras

Para Huracán, fue el segundo triunfo consecutivo luego de cuatro partidos sin ganar. El equipo de Diego Martínez necesitaba sumar para seguir en la pelea por la clasificación y lo hizo con la fórmula que tantas veces le funcionó: orden defensivo, paciencia para esperar el momento y efectividad letal en los últimos metros. Para River, en cambio, el golpe es doble: no pudo estirar la racha de victorias y, además, sigue sin ganarle a Huracán como local desde 2016. Una mochila pesada que esta vez se hizo más grande todavía.

Yo te lo había anticipado acá, amigo, y lo firmo con mi apellido: si el ferroviario se metía atrás con doble línea de cinco y el Driussi no aparecía, River iba a sufrir. Dije también que Galván iba a tener su rato de gloria. Bueno, acerté en eso, pero acá viene la autocrítica que me caracteriza: les había puesto fichas a los pibes de Huracán y por un momento me confié. Pensé que River lo empataba en el final con un cabezazo salvador de cualquiera. No pasó. Me equivoqué con el cierre, no con el trámite. Y ahora me toca bancarme el escarnio de mis sobrinos el domingo en el asado. El Globo se vuelve a Parque Patricios con tres puntos que valen oro y la palabra "copa" empieza a sonar cada vez más fuerte por sus pasillos.

MS

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