David Heyman y el regreso del mago que se perdió entre los recortes del cine
El productor que estuvo detrás de las ocho películas originales de Harry Potter admite que la pantalla grande siempre peleó contra el reloj y celebra que la serie de HBO pueda tomarse su tiempo para contar lo que el cine dejó afuera.
Viene bajando la noche desde los cerros y uno se imagina a un niño con anteojos redondos metiendo los pies descalzos en el barro, porque la literatura popular se parece mucho a Santiago cuando llueve: te agarra sin pedir permiso y te deja marcado. Eso mismo, creo yo, le pasó a varias generaciones con Harry Potter, un universo que durante una década entera se construyó en imágenes condensadas, comprimidas, casi con el apuro del que sabe que el reloj del proyector no espera. Ahora, David Heyman —el productor que estuvo detrás de las ocho películas originales— reconoce algo que muchos lectores sospechábamos desde el fondo de la galera: que el formato cinematográfico siempre fue un zapato chico para una historia que pedía desahogo.
La piedra filosofal
La serie de HBO que se estrena el próximo 25 de diciembre adapta el primer libro de J.K. Rowling con un reparto y una escenografía completamente nuevos, arrancando un camino de una temporada por título que ya tiene a la segunda entrega en pleno rodaje. Heyman, que también participa de esta nueva versión, lo dijo sin guardarse nada en el podcast Harry Potter: From Film to Series. Estoy muy orgulloso de las películas, pero creo que tener más tiempo te permite profundizar en los personajes y sentir con mayor intensidad lo que ellos sienten. Y podés convivir con esa sensación, algo que no ocurría con las cintas, que, al condensarse en un margen más corto, siempre tenían dificultades con la narrativa.
Esa declaración me parece la columna vertebral de toda la movida. Porque uno, como lector viejo de los libros, siempre sintió que las películas funcionaban como un gran trailer extendido: mostraban lo más vistoso, lo más accionable, pero dejaban afuera una cantidad enorme de silencios, de miedos, de inseguridades adolescentes que son justamente el corazón del asunto.
El tren a Hogwarts
- La llegada de Harry a Hogwarts y todo lo que implica descubrir ese mundo por primera vez: la sensación de agobio, la soledad, la presión que carga el personaje.
- La lucha interna de Hermione por encajar siendo tan inteligente en una familia donde nadie la entiende.
- El complejo de inferioridad de Ron frente a sus hermanos mayores y el peso de ser el amigo del famoso.
- Los matices de cada profesor y cada casa, que en la pantalla quedaron reducidos casi a un logo.
Heyman puso como ejemplo, casi con ternura de productor veterano, esos tres arcos. Son los mismos que uno, de chico, subrayaba con marcador en el libro: Harry llegando al andén nueve y tres cuartos, Hermione llorando en el baño del segundo piso, Ron comiendo sanguchez de manteca en el expreso. Detalles chicos, domésticos, que para mí son el verdadero motor de la saga. Y la promesa de la serie es justamente esa: devolverle a esos momentos el aire que las películas no les pudieron dar.
Un reparto que se renueva
La segunda temporada ya está en marcha y entre las nuevas incorporaciones aparecen Billy Barratt como Tom Riddle, Lenny Rush como Dobby y Bonnie Hill como Ginny Weasley, además del regreso de Warwick Davis, uno de los pocos rostros con continuidad entre la pantalla grande y la chica. Es una señal clara de que el proyecto piensa en serio, como un puente largo entre los libros y una nueva audiencia que, probablemente, va a descubrir a Harry Potter sin haber pisado nunca un cine para ver a Daniel Radcliffe.
Dónde y cuándo se puede ver
La serie de Harry Potter estrena su primer episodio el próximo 25 de diciembre por la pantalla HBO, y adapta La piedra filosofal como primera temporada. Después de las fiestas, la segunda entrega ya está rodándose con el nuevo reparto incorporado, por lo que se espera que llegue a la plataforma en algún momento del año que viene. Una buena oportunidad, me parece, para volver a Hogwarts sin las urgencias del cronómetro del cine.
