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Una reserva en la Patagonia chilena abrió la inscripción para voluntarios en 2026: ofrecen casa, excursiones y tres comidas diarias a cambio de cinco jornadas de trabajo por semana

El Geoparque Kütralkura, reconocido por la Unesco y ubicado en Lonquimay, lanzó una convocatoria abierta para sumarse a tareas de conservación, ecoturismo y educación ambiental. No es un empleo remunerado y los costos de pasajes, el traslado interno y el seguro corren por cuenta de quien se postula.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 14 de septiembre de 2026 · hace 46 min

Te imagino de una manera muy concreta: sentado en la mesa de tu casa, con el mate a medio armar, mirando por la ventana y pensando que este año te gustaría hacer algo distinto, algo que te saque de la rutina y te lleve a un lugar donde la naturaleza sea, literalmente, el paisaje de todos los días. Bueno, hay una oportunidad concreta, con fecha y con nombre, que está llamando a la puerta de quien tenga entre 18 y 60 años, ganas de trabajar y el bolsillo dispuesto a pagarse el viaje. Es en la Patagonia chilena, casi tocando el límite con la Argentina, y la convocatoria ya está abierta para cubrir plazas durante todo 2026.

El lugar es el Geoparque Kütralkura, un área reconocida por la Unesco que, junto con la Reserva de la Biosfera Las Araucarias, forma una reserva privada de 500 hectáreas en la zona de Lonquimay. Lo que ofrecen es un programa de voluntariado, y lo subrayo con todas las letras porque a veces uno escucha "casa y comida" y ya se imagina otra cosa: acá no hay salario ni contrato laboral, sino un intercambio concreto: trabajo por alojamiento, comida y experiencias. Quienes participen se comprometen a cinco días de tareas por semana, 30 horas en total, y a cambio reciben cama en habitación compartida, desayuno, almuerzo y cena, uso de cocina, lavandería y bicicletas, además de tours y excursiones sin costo dentro del predio. Cuando termina la estadía, se entrega un certificado de participación.

Qué tareas hay que hacer y en qué condiciones

Las labores se definen semana a semana, según lo que vaya pidiendo el lugar. El menú de actividades incluye mantenimiento de senderos y de los domos donde se aloja la gente, cuidado de la huerta, atención a visitantes, jardinería, cultivo, tareas de construcción y reparaciones menores. Hay algo que conviene tener claro antes de anotarse: una parte importante del trabajo es al aire libre y la región no perdona. Lonquimay registra temperaturas muy bajas durante buena parte del año y las nevadas pueden complicar los desplazamientos. El propio equipo reconoce que, además de las tareas cotidianas, este 2026 está trabajando en proyectos de reintroducción de especies que habían desaparecido de la zona y en el monitoreo de pumas, dos líneas de trabajo que le dan a la experiencia un plus para quien venga con interés en fauna.

  • Tener entre 18 y 60 años.
  • Postularse de manera individual: no se aceptan parejas ni grupos de amigos.
  • Manejar inglés fluido o, en su defecto, español a nivel principiante.
  • Comprometerse a una estadía mínima de cuatro semanas, con posibilidad de extenderla hasta doce.

Lo que el programa no incluye

Porque siempre es mejor leer la letra chica antes de ilusionarse, vale la pena repasar qué queda afuera del intercambio. Los pasajes hasta Chile, el seguro de viaje, el transporte interno dentro del país y los trámites migratorios corren por cuenta del voluntario. A eso hay que sumarle un dato que pesa si uno necesita internet estable para estudiar o trabajar a distancia: la conexión en el predio es básica, así que conviene pensarlo dos veces antes de postularse si la rutina incluye clases o reuniones virtuales.

Una voluntaria argentina que pasó por el programa lo resumió, según consta en la convocatoria, con una frase que a mí me quedó dando vueltas: "trabajo duro y gratificante". Esa es la combinación que uno se lleva de estos lugares. Otros participantes, en tanto, resaltaron lo que para mí termina siendo el verdadero atractivo: los paisajes, las caminatas y la convivencia. Para nosotros los santiagueños, que sabemos lo que es vivir lejos de los grandes centros y querernos igual, la idea de sumarse a un proyecto así en la Patagonia tiene algo que remueve. Ahora, lo que cada uno espera que pase es lo de siempre: que la convocatoria sea un punto de partida, que la nieve no complique más de la cuenta y que, cuando termine la estadía, el certificado en la mano termine siendo apenas un detalle al lado de todo lo demás que uno se lleva puesto.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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