Una cata a ciegas puso a prueba seis medialunas porteñas y Santa Paula quedó en lo más alto
Un pastelero puntuó sin saber de qué confitería venía cada pieza. Evaluó aroma, textura, almíbar, tamaño y hojaldre, y los precios van de $1.150 a $1.800.
La medialuna de manteca tiene un lugar fijo en el desayuno porteño, pero elegir cuál es la mejor no resulta tan sencillo como parece. Cada casa tiene su receta, sus fieles y su manera de servirla, y la discusión suele quedar abierta entre amigos, en la mesa del café o en la fila del mostrador.
Cómo fue la cata
Para intentar zanjar el debate se organizó una cata a ciegas con seis confiterías tradicionales de Buenos Aires: Dos Escudos, Las Violetas, Santa Paula, La Gran Córdoba, La Nueva San Agustín y La Vicente López. El pastelero Pedro Lambertini evaluó cada pieza sin saber de dónde provenía, y los criterios fueron el aroma, la textura al tacto, el nivel de almíbar, el tamaño y la ejecución de la masa semihojaldrada.
“No pasa en todos los productos de pastelería, pero la medialuna es fundamental que sea fresca y del día.”Pedro Lambertini, pastelero
Lambertini también valoró que la pieza tuviera aspecto casero y no industrial. Para él, esos detalles pesan tanto como el sabor a la hora de decidir cuál merece el primer lugar.
El ranking, puesto por puesto
- Santa Paula, en Scalabrini Ortiz 3154, Palermo: 8,75 puntos y $1.500 por unidad.
- La Nueva San Agustín, en Recoleta: 8,50 puntos y $1.600 por unidad.
- La Gran Córdoba: 8 puntos y $1.800 por unidad.
- La Vicente López, fundada en 1905: 7,75 puntos y $1.650 por unidad.
- Dos Escudos: 6,50 puntos y $1.600 por unidad.
- Las Violetas, en Rivadavia y Medrano, Almagro, fundada en 1884: el puntaje más bajo y $1.150 por unidad.
La medialuna de Santa Paula fue la más destacada. Lambertini resaltó su equilibrio técnico y dijo que el formato le parecía perfecto, con un tamaño, una forma, un dorado y un hojaldrado que funcionan en conjunto.
La Nueva San Agustín llegó segunda. Según el pastelero, es la que más sabor a manteca tiene entre todas las evaluadas, aunque sugirió que la pintura de almíbar podría ser un poco más generosa. La Gran Córdoba, por su parte, se destacó por el crocante de la masa y por un sabor que, en sus palabras, queda después de comerla.
La Vicente López fue calificada como muy rica y bien lograda en dulzura, aunque perdió puntos por la forma irregular. Dos Escudos recibió la definición de una medialuna honesta y bien intencionada, con buen sabor a manteca, aunque con una miga más compacta de lo que se esperaba.
El resultado refleja la mirada de un solo juez en una jornada puntual. Más allá del puntaje, la cata deja a la vista que cada confitería tiene una identidad propia y que la medialuna sigue siendo, para muchos porteños, una costumbre que vale la pena defender.
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