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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Scream, el truco de Craven y un mechero que no se encendió en la pantalla

A tres décadas del estreno, la muerte de Drew Barrymore en los primeros minutos de la película sigue siendo un hito del género. Lo que se sabía menos es que las lágrimas de la actriz no fueron actuadas y que hubo una broma de crueldad animal detrás.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 59 min
Scream, el truco de Craven y un mechero que no se encendió en la pantalla

Vengo a contarles algo que siempre me dio vueltas en la cabeza cada vez que alguien me hablaba de Scream y terminaba en la escena del living, con el teléfono que suena y la chica que se da cuenta demasiado tarde de que del otro lado no hay nadie a quien se pueda salvar. Esa secuencia, que dura apenas unos minutos y que muchos ya vimos decenas de veces, esconde una de las maniobras más finas que se recuerden en un rodaje de terror moderno, y también una pequeña picardía de Wes Craven que conviene desarmar con cuidado porque enriquece todavía más la película. Te lo cuento como me lo contaron a mí, sin agregar ni una coma que no estuviera en el material que tengo entre manos, y dejando que las propias protagonistas del asunto, Drew Barrymore y el equipo que rodeó al director, hablen cuando tienen que hablar.

I’m on the phone

La escena inaugural de Scream (1996) es, a esta altura, una de las piezas fundacionales del slasher contemporáneo. Casey, el personaje que interpreta Drew Barrymore, atiende un llamado telefónico que empieza como un juego entre desconocidos y termina en un interrogatorio sobre reglas del terror que la propia víctima termina firmando con su sangre. Lo que se sabía menos, y que ahora vuelve a circular con fuerza a treinta años del estreno, es que el llanto de la actriz en esa secuencia no fue actuado. Craven fue a buscarlo a un lugar al que, en principio, no tenía nada que ir a buscar.

La noche anterior al rodaje, Barrymore se topó con una noticia que la perturbó de verdad: el caso de un dueño que había quemado vivo a su perro. La historia se le quedó pegada. Al día siguiente, cuando se lo comentó al director, Craven vio la oportunidad clara. Durante la filmación, según el relato recogido por el equipo de producción, le susurraba al oído la frase Estoy encendiendo el mechero para devolverle la imagen a la cabeza y disparar una reacción emocional genuina. No hubo gotas, no hubo glicerina, no hubo un truco de cámara: hubo un director leyendo el mapa emocional de su actriz y apretando justo el botón correcto, sin crueldad pero sin contemplaciones.

“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ‘¿Pero qué coño está pasando ahí dentro?’. Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en el rodaje

Don’t fear the reaper

La intensidad de la actuación, sin embargo, fue apenas una de las capas que se montaron sobre esa apertura. La otra fue una decisión de marketing tan calculada como la propia escena. Barrymore apareció como figura central en todos los materiales promocionales de la película, desde el póster hasta los avances, lo que llevó al público a asumir, con toda lógica, que ella era la protagonista absoluta del filme. Matarla a los doce minutos resultó un golpe narrativo que redefinió para siempre las expectativas del género.

  • Barrymore encabezaba la campaña publicitaria y figuraba como el nombre más visible de la película.
  • La decisión apuntaba a que la audiencia confiara en que ella encabezaba el reparto y llegara al cine convencida de eso.
  • Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films, lo resumió con una frase que conviene recordar.
  • La estrategia retomaba el antecedente de Psicosis, donde la actriz principal también desaparece en el primer acto.
“Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: ‘Cualquiera podría morir’.”Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films

Treinta años después del estreno, la secuencia sigue estudiándose como ejemplo de cómo construir tensión y sorpresa al mismo tiempo, combinando decisiones de guion, dirección de actores y campaña de prensa en una sola apuesta. Lo que más me gusta, si me permiten la opinión en primera persona, es que no hay un truco único detrás: hay una suma de trucos pequeños, todos al servicio del mismo sacudón. Un director que entiende el dolor de su actriz y lo usa, pero sin abusar. Una estrella que se presta al juego sin guardarse nada. Y un departamento de marketing que entiende, antes que nadie, que en el terror la verdadera víctima es la expectativa del espectador. Si todavía no la revisitaron pensando en todo esto, vale la pena sentarse de nuevo frente a la pantalla y dejar que el teléfono vuelva a sonar. La diferencia, créanme, se nota.

La película está disponible en plataformas de streaming y suele reponerse en ciclos de cine de terror y muestras de género. Para encontrar funciones en salas o retrospectivas, conviene revisar la cartelera local y la programación de los espacios de cine clásico, que cada vez más suelen incluir a Scream dentro de sus homenajes al slasher de los noventa.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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