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Miguel Ángel Solá vuelve a las tablas y no le afloja: teatro de viernes a domingos en el Paseo La Plaza

A los 76 años y con bastón, el actor enfrenta un ACV con rehabilitación diaria, funciones en la calle Corrientes y la decisión de no bajarse del escenario.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 14 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La casa está en silencio a esta hora de la tarde y, sin embargo, en algún lugar del barrio la conversación gira en torno a un nombre que para nosotros los santiagueños siempre vuelve a aparecer en las conversaciones de mesa larga: Miguel Ángel Solá. La vecina Irma, que lo vio crecer en la tele de los años setenta y no se pierde una función desde entonces, me dice al teléfono con ese tonito de quien ya se sabe el libretto: "Mirá vos, el Goyo trabajando otra vez con lo que le tocó, hay que tener pulmones". Y uno, mientras escucha, piensa que la palabra exacta no es pulmones sino empecinamiento.

A sus 76 años, caminando con bastón y con la voz todavía midiendo cada sílaba, Solá protagoniza "Por el placer de volver a verla" en el Paseo La Plaza, acompañado por Mercedes Funes. Las funciones son de viernes a domingos, en una temporada que ya lleva varios meses en cartel y que llegó a la calle Corrientes después de una gira extendida por el interior.

Un ACV que cambió el mapa

El dato que ordena todo lo demás es clínico y a la vez profundamente humano: en octubre pasado, Solá sufrió un accidente cerebrovascular que le afectó el lado izquierdo del cuerpo, tanto en la movilidad como en el habla. Desde entonces, su vida quedó partida en dos cronómetros: el de las tablas y el del consultorio. "Estoy peleando con eso, haciendo rehabilitación, fonoaudiología", reconoció el propio actor, que combina sesiones de recuperación con ensayos y funciones como si fueran dos trabajos en paralelo.

“Siento como si hubiera un inquilino adentro que interviene cuando menos lo espero, me cruza palabras y me altera el ritmo del habla. No puedo hacerme amigo de quien quiero echar de mi vida.”Miguel Ángel Solá

El círculo íntimo le marca un horizonte prudente: esperar al menos un año para medir cómo queda el cuadro. Solá confiesa que mirar a esa distancia lo desespera, y por eso prefiere hablar en presente, de rehabilitación diaria y de noches de función. Lo que más le pesa, dice, no es la edad ni el paso del tiempo, sino haber perdido el dominio físico pleno arriba del escenario, esa cosa que para un actor no se negocia con los años.

Elenco, gira y vida personal

En lo personal, Fátima no es solo la mujer con la que convive: es, además, su apoyo cotidiano en los meses que lleva peleando contra las secuelas. "Nos enamoramos y vivimos una cosa muy linda", resumió él, con esa economía que tienen los hombres de teatro cuando hablan de lo que les importa de verdad.

Solá lleva más de medio siglo subido a un escenario y sabe que el público argentino mide cada silencio, cada titubeo, cada pausa. Por eso su decisión de volver a las tablas en plena rehabilitación no es un capricho: es una manera de marcarle la puerta al "inquilino" y de seguir siendo, a los 76, el mismo actor que muchos vimos debutar cuando todavía no hacía falta sacar la entrada por computadora.

Para los que quieran cruzarse con él en la sala, las funciones siguen de viernes a domingos en el Paseo La Plaza. Y uno se queda con la imagen que dejó Irma antes de cortar: "Este hombre, mientras pueda pararse frente al público, no se va a bajar". Lo que uno espera, sinceramente, es que esa frase siga siendo cierta función tras función.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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