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Levantarse de la silla dos minutos cada hora cambia el día: lo que dice la nueva evidencia sobre mover el cuerpo en plena tarea

Una revisión de 25 ensayos clínicos con 1.115 personas encontró mejoras, chicas pero reales, en atención y memoria cuando se interrumpe el tiempo sentado con caminatas, estiramientos o escaleras.Especialistas consultados llaman a tomarlo como un complemento de la actividad física y no como un reemplazo.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 20 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Son las once de la mañana en una oficina cualquiera del centro porteño. La pantalla lleva encendida desde las ocho, el café ya se enfrió en el pocillo y uno siente la espalda pegada al respaldo como si la silla fuese una extensión del cuerpo. De pronto, alguien se para, camina hasta la cocina, vuelve con un vaso de agua y al sentarse otra vez, juraría que la cabeza le funciona de otra manera. Eso, tan simple como suena, es lo que empezó a mirar con seriedad un grupo de investigadores que acaba de publicar una revisión de estudios sobre los efectos de pausar el trabajo sedentario con movimientos breves.

La investigación, dirigida por Yongming Li, reunió 25 ensayos clínicos en los que participaron 1.115 personas de entre 8 y 78 años. La idea de base era bien concreta: en lugar de esperar al final del día para hacer actividad física, probar qué pasaba cuando se cortaban las tareas con caminatas, estiramientos, saltos, yoga, bicicleta fija, ejercicios de resistencia o, incluso, correr sin desplazarse. Todas las rutinas analizadas duraron menos de diez minutos.

Qué midieron y qué encontraron

Lo que los investigadores midieron al retomar las tareas fue, sobre todo, rendimiento cognitivo: atención sostenida, capacidad de cambiar de consigna, control de impulsos y memoria de trabajo, esa que nos permite sostener un número de teléfono en la cabeza mientras lo marcamos. Los resultados fueron parejos: hubo mejoras en todas esas áreas, con una magnitud promedio de 0,24 en la medida estadística que utilizan los investigadores, donde 0,2 se considera un efecto pequeño.

Para nosotros los santiagueños, que solemos medir todo en hechos concretos, la cifra puede sonar a poco. Pero los autores remarcan que se trata de un beneficio observable en personas sanas, en condiciones reales de estudio, y que el tamaño del efecto creció cuando las rutinas se sostuvieron durante varias semanas y cuando se aplicaron en aulas o en oficinas. En cambio, la mejora fue más modesta en los ensayos puntuales, de un solo día.

Cada media hora o cada hora: qué conviene más

  • Las pausas separadas por una hora mostraron una ventaja ligeramente mayor que las realizadas cada treinta minutos.
  • La diferencia fue pequeña, pero sugiere que no hace falta interrumpir el trabajo de manera obsesiva.
  • Las actividades evaluadas incluyeron caminar, yoga, subir escaleras, pedalear en bicicleta fija y ejercicios de resistencia.
  • También se probaron rutinas más intensas, como correr sin desplazarse y saltos.
  • Ninguna de las pausas superó los diez minutos de duración.
“La posibilidad de incorporar movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin equipamiento deportivo, lo vuelve especialmente atractivo para las escuelas”Mark Hamer, investigador del University College London

Hamer, además, pidió cautela al leer el promedio general, porque junta niños de ocho años con adultos de 78, y las exigencias cognitivas de cada etapa son muy distintas. Por eso, los investigadores recomiendan leer los números como una tendencia global y no como una promesa universal.

Mike Trott, de la Universidad de Queensland, arriesgó una explicación fisiológica: las pausas cortas de movimiento liberarían dopamina y noradrenalina, dos sustancias vinculadas con el estado de alerta y la motivación. El fenómeno, según dijo, ayudaría a que el cerebro se reajuste para enfrentar la siguiente tarea con mayor foco. El paper no cierra del todo ese mecanismo, pero la hipótesis suena razonable a la luz de lo que ya se sabe sobre ejercicio y cognición.

Ahora bien, vale una aclaración que los propios autores repitieron hasta el cansancio: estas micro-pausas no reemplazan las recomendaciones habituales de actividad física. La Organización Mundial de la Salud sigue indicando, para los adultos, entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, además de dos jornadas de fortalecimiento muscular. Las caminatas de dos minutos por la oficina son un complemento, no un sustituto.

Lo que uno se lleva puesto al cerrar la nota es una idea bastante amigable con la rutina. No hay que cambiar la vida, ni calzarse zapatillas especiales, ni pedir permiso en el trabajo para hacer una pausa activa. Basta con levantarse, caminar hasta el fondo del pasillo, subir un tramo de escalera, estirar la espalda junto a la silla y volver. Si después de hacerlo uno retoma la pantalla con la cabeza un poco más despejada, probablemente la ciencia esté del mismo lado: el cuerpo quieto durante horas no le hace un favor a la mente, y dos minutos de movimiento pueden ser una inversión modesta pero rendidora. La investigadora que lideró la revisión, Yongming Li, confía en que estos hallazgos empiecen a discutirse en oficinas y escuelas; ahora falta que cada uno encuentre la excusa que mejor le funcione para moverse.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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