Las hermanas Owen no se quieren ir: por qué Prácticamente magia 2 deja la puerta abierta a una tercera entrega
Nicole Kidman y Sandra Bullock vuelven a ponerse en la piel de Gillian y Sally Owens casi treinta años después, y el desenlace resuelve lo principal pero deja varios hilos pendientes que invitan a una secuela más.
Yo no sé si a ustedes les pasa lo mismo que a mí, pero cuando me enteré de que se venía la segunda parte de Prácticamente magia sentí una mezcla de ilusión y de desconfianza, esa clase de expectativa que te queda después de esperar tanto tiempo por algo que en algún momento soñaste ver y nunca terminó de llegar, y la verdad es que tengo que decirles que la película no defrauda, aunque tampoco cierra del todo el universo que las hermanas Owen habían inaugurado allá por 1998, porque te hablo de una historia que creció en plataformas de streaming hasta convertirse en objeto de culto para una generación entera que la descubrió mucho después de su estreno original, y ese revival fue lo que terminó empujando a Hollywood a sentarse a la mesa para cocinar esta secuela que muchos creían imposible.
Las hermanas vuelven al patio
Antes de meterme de lleno con el argumento quiero que imaginen la sala donde la vi, una sala que a esa altura de la tarde ya estaba empezando a quedarse vacía, con esas butacas de pasillo medio hundidas que parecen hechas para una siesta y no para una función, y ese olorcito a pochoclo recalentado que es casi una marca registrada de cualquier cine de barrio un martes a las siete de la tarde, y créanme que ese clima medio íntimo es el mejor marco para reencontrarse con Gillian y Sally, las hermanas que interpreta Kidman y Bullock repitiendo roles después de casi tres décadas, con esa misma complicidad que tenían en la primera entrega pero con algunas arrugas nuevas en la cara y en el alma, porque del mismo modo que a uno le cambian los años, a los personajes también les cambió la vida y la película se ocupa de mostrarlo desde el primer cuadro, cuando las vemos otra vez en el patio de la casa familiar, ese patio que es casi un personaje más de la saga, con sus plantas, sus gárgolas y esa luz tibia que parece filtrarse desde ningún lado en particular, y la sensación que te queda es la de volver a un lugar donde uno ya estuvo y donde, sin embargo, todavía quedan cosas por decir.
La trama retoma a las Owen en un punto donde la familia entera enfrenta una amenaza inesperada, la aparición de Tom Bailey, un pariente lejano sin poderes mágicos que se acerca con la intención de apoderarse del libro de hechizos para arreglar sus propias cuentas pendientes con el mundo, y les soy honesto, ese villano funciona más como motor del conflicto que como personaje en sí mismo, porque lo que a mí me terminó importando no es tanto el plan que trama sino ver cómo las hermanas y las más jóvenes del clan se organizan para frenarlo, y eso ocurre con un conjuro colectivo que es de las escenas más bonitas de la película, aunque claro, el verdadero meollo de la cuestión está en otro lado.
El corazón de la historia está en Massachusetts
Porque el desenlace más cargado de consecuencias se corre a Massachusetts y corre por cuenta de Frances, la tía de las hermanas interpretada por Stockard Channing, que es quien descubre cuál es la única manera de romper la maldición que pesa sobre las mujeres Owen, esa condena tremenda que dice que los hombres que ellas aman están destinados a morir, y la respuesta que encuentra es de las que te dejan mudo en la butaca, porque para cortar el maleficio hay que hacer un sacrificio personal, y Frances lo hace, lo asume con esa calma estoica que tienen los personajes que ya vivieron demasiado, y gracias a eso Gideon, el novio de Kylie que llevaba buena parte de la película en coma, despierta, y a partir de ahí el clima cambia de manera radical y la película entra en esa zona de reconstrucción emocional donde lo que uno celebra no es la victoria contra el villano sino el derecho de las protagonistas a empezar de nuevo, con Kylie casándose con Gideon, con Sally retomando su vida amorosa de la mano de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega para sorpresa de todos, y con las dos jóvenes de la familia empezando por fin a desarrollar sus propios poderes, que es uno de los hilos más lindos que deja abiertos el filme.
- Tom Bailey, el pariente sin poderes, queda neutralizado por un conjuro colectivo de las Owen.
- Frances rompe la maldición familiar mediante un sacrificio personal que le permite a Gideon despertar del coma.
- Kylie se casa con Gideon y Sally retoma su vida amorosa junto a Ian, un personaje que aparece en esta entrega.
- Las integrantes más jóvenes de la familia comienzan a explorar su herencia mágica.
- La película no tiene escena poscréditos, pero deja varios arcos abiertos, sobre todo el de Gillian y el futuro del negocio familiar.
Lo que queda pendiente
A mí, lo confieso, me quedó dando vueltas sobre todo el arco de Gillian, que es probablemente el personaje más querido de la saga y el que más nos debe esta segunda parte, porque durante toda la película uno espera que la película le devuelva algo que le faltó en la primera y ese algo nunca termina de llegar del todo, y me parece una decisión de los guionistas que habla de que efectivamente hay algo más para contar, y a eso se suma que las más jóvenes del clan apenas empiezan a tantear sus poderes, todavía no sabemos qué van a hacer con el negocio familiar que identifica a las Owen, esa especie de tienda o consultorio sentimental donde la magia se cruza con la vida cotidiana, y son esos hilos, más que un cliffhanger explícito, los que mantienen viva la conversación sobre una tercera parte, y yo, honestamente, no me disgustaría nada que la hicieran.
Si la quieren ver, Prácticamente magia 2 está en cines y la pueden buscar en las principales plataformas de streaming desde este mismo fin de semana, y si se animan, vuelvan a ver la primera antes, que el reencuentro lo vale, y si no, vayan igual, que la película se sostiene sola, aunque, eso sí, les aviso que van a salir con ganas de que los Owen sigan dando pelea un rato más.
