Martes, 22 de septiembre de 2026
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La Peque se quedó en la puerta, pero el viaje valió oro

Nadia Podoroska perdió la final del WTA 250 de San Pablo ante la española Kaitlin Quevedo, pero firmó una semana histórica: venció a Badosa en semifinales, cortó una sequía de 13 años sin argentinas en una final de ese nivel y saltó del puesto 317 al 200 del ranking.

Por Matías SantillánDeportes · 22 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Y acá viene lo que duele. La Peque se llevó el primer parcial por 6-4, con dos quiebres seguidos que hacían soñar con la hazaña. Pero enfrente tenía a una espaola de 20 años, Quevedo, que no se achicó ni un milímetro. Empató el partido con un segundo set parejo, también 6-4, y en el tercero apuró a la argentina con tres quiebres para cerrar 6-2 y dar vuelta la historia. Final, punto y aparte.

El golpe anímico, del lado de la Peque

A mí, que la sigo desde hace rato, lo que más me quedó dando vueltas es la imagen de la Peque dejándose todo en el polvo de ladrillo paulista. No ganó, claro. Pero dejó claro que está de vuelta, que los problemas físicos que la marginaron del circuito no la doblegaron. La nominaron al premio a la mejor actuación, se llevó el reconocimiento del público y se subió 117 escalones en la clasificación. Eso, en un deporte tan individual y tan cruel como el tenis, vale oro.

La campeona, del otro lado

“Estoy sin palabras. Me voy muy contenta con cada partido que hice esta semana.”Kaitlin Quevedo, tras consagrarse campeona

La espaola arrancó el torneo en el 105 y, con el título bajo el brazo, saltó al 75 del ranking en vivo. Mérito absoluto para una jugadora de 20 años que supo aguantar la presión cuando el primer set se le escapó y fue de menos a más en la definición. Pero la nota, acá, la escribe la Peque.

Balance final y mirada hacia adelante

Para la Peque queda el consuelo de una semana redonda y la pregunta de cómo sigue la película. Volver al circuito desde el puesto 200, después de haber tocado el 317, no es poco. Es, en realidad, el primer paso de una remontada que el tenis argentino necesitaba ver.

Yo, Matías Santillán, le pongo fichas a que en la próxima la vemos levantando algo. Aunque, a esta altura, el que escribe esto ya erró demasiados pronósticos como para dar crédito. Pero la ilusión, la de ustedes y la mía, sigue intacta. Aurinegra de corazón, como debe ser.

MS

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