Domingo, 27 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

La memoria se entrena en la mesa, en la cama y en la vereda: claves cotidianas para no perderle el rastro

Especialistas recomiendan dormir bien, reducir distracciones y moverse como primeras líneas de defensa; la alimentación, el contacto social y aprender algo nuevo completan la rutina de cuidados.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 27 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Empiezo por una imagen que me resulta familiar: una mesa de cocina con un celular que vibra cada tres minutos, una lista de compras a medio hacer y alguien que intenta recordar dónde dejó las llaves mientras atiende un mensaje. Esa escena, multiplicada por miles de hogares argentinos, condensa buena parte de lo que los especialistas describen cuando hablan de los enemigos cotidianos de la memoria: la fragmentación de la atención, el sueño recortado y la vida cada vez más sedentaria. Para nosotros los santiagueños, que solemos cargar varias cosas a la vez por necesidad más que por gusto, el aviso viene con nombre y apellido.

Bajar el volumen de las pantallas y subir el de la concentración

Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health, sostiene que el hábito de revisar el teléfono en medio de una conversación o mientras se responde un correo obliga al cerebro a saltar de un foco a otro sin pausa. Esa alternancia, según el especialista, aumenta los errores y produce un nivel de estrés que termina jugándole una mala pasada a la memoria de corto plazo, esa que usamos para retener un número recién escuchado o el nombre de la persona que recién nos presentaron.

“Esa alternancia aumenta los errores y genera estrés que puede perjudicar la memoria de corto plazo.”Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health

La contracara es bastante simple, y por eso cuesta ponerla en práctica: dejar el celular lejos durante una tarea, reservar horarios fijos para mirar el correo y juntar los trámites administrativos en un mismo bloque del día. Hasta para los olvidos más chicos hay un truco que recomiendan los profesionales: cuando no aparece un nombre conocido, intentar recuperarlo mentalmente antes de googlearlo. Sara Mednick, profesora de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine, explica que ese pequeño esfuerzo activa el hipocampo y la corteza prefrontal, las dos estructuras más asociadas a la formación y recuperación de recuerdos.

Dormir bien: la otra mitad del trabajo

Mientras dormimos, el cerebro ordena y archiva lo aprendido durante la jornada. Por eso la recomendación clásica de dormir entre siete y ocho horas no es un capricho: apunta a sostener ese proceso de consolidación que, sin descanso suficiente, queda a mitad de camino. Mednick agregó que una siesta de alrededor de 30 minutos puede servir como complemento del sueño nocturno y ayudar a fijar información, una costumbre que en buena parte de nuestra región ya forma parte de la vida diaria y que la ciencia reivindica como aliada.

Caminar, comer bien y hablar con el otro

El cuerpo en movimiento también le hace bien al cerebro. Small señala que el ejercicio mejora el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y favorece la producción de proteínas involucradas en la comunicación neuronal. Una investigación de la Universidad de Illinois siguió durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años: quienes caminaron rápido durante 40 minutos, tres veces por semana terminaron con un hipocampo un 2% más grande que quienes hicieron estiramientos y tonificación. No hace falta correr una maratón: una caminata sostenida ya marca diferencia.

En la mesa, los especialistas destacan el patrón alimentario MIND, una combinación de las dietas mediterránea y DASH que pone en el centro cereales integrales, vegetales de hoja, frutos secos y pescados grasos. Comer así, dicen los expertos, también es una forma de cuidar la atención y la capacidad de almacenar recuerdos. Y queda la dimensión social, que a veces se olvida: una charla con una vecina del barrio, como Elsa, que me cuenta las novedades del frente de su casa mientras tomamos mate, obliga a escuchar, interpretar y recuperar experiencias; aprender un instrumento o animarse con un idioma exige sostener la atención y ejercitar la memoria de manera constante.

La memoria, como cualquier músculo, responde al uso y al descanso. No hay fórmula mágica ni pastilla que la reemplace: lo que hay son decisiones cotidianas, a veces pequeñas, que sumadas hacen una diferencia enorme. Empezar por alguna, la que resulte más sencilla, ya es un paso. Mientras tanto, en esa cocina del principio, lo que uno espera que pase es que el celular quede en otra habitación, las llaves aparezcan en el cajón de siempre y la conversación con la vecina se dé sin interrupciones. La cabeza, después, lo va a agradecer.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

Te puede interesar