Escapadas cortas y cerca de casa: la fórmula australiana para alivianar la cabeza en tiempos bravos
Un relevamiento de la Universidad de Sunshine Coast con más de 1.200 turistas mostró que las salidas breves y frecuentes mejoran la satisfacción con la vida, sobre todo en quienes menos herramientas tienen para sortear los golpes del día a día.
En la casa de Irma Roldán, en el barrio Centro de Santiago del Estero, la mesa del comedor se vuelve estos días un pequeño centro de operaciones. Una carpeta con presupuestos, un par de revistas de turismo interno y la laptop abierta con pestañas sobre cabañas en Traslasierra. Ella tiene 52 años, es administrativa en una empresa de seguros y tiene una cuenta pendiente que arrastra desde el verano de 2020: dos días en Miramar que la pandemia se llevó puestos. 'Yo no necesito cruzar un océano para sentir que respiro', me dice mientras ordena unos folletos. 'A veces con pasar el fin de semana en una quinta cerca del río alcanza para volver con otra cabeza'. Lo que Irma describe sin saberlo acaba de encontrar respaldo en un estudio de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, que acaba de difundirse y que nosotros los santiagueños miramos con atención, porque siempre estamos a tiempo de anotar algún consejo que venga de lejos y sirva para acá.
El equipo, encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy, siguió a más de 1.200 turistas australianos entre 2020 y 2023. La pregunta era directa: influye la frecuencia de las escapadas de ocio en el bienestar psicológico, más allá de la duración o el costo de cada salida. La respuesta que obtuvieron fue que sí, y con un matiz que a mí, como periodista y como alguien que transita los cuarenta y tantos, me pareció especialmente interesante.
A quienes más les cuesta, más los beneficia
Los investigadores evaluaron en tres cortes la relación entre la cantidad de viajes recreativos, la felicidad autopercibida, la capacidad de sobrellevar situaciones adversas y la satisfacción general con la vida. El hallazgo más saliente fue que las mejoras no se distribuyen de manera pareja. Las personas que se percibían como más vulnerables o que contaban con menos recursos para hacer frente a los golpes de la rutina mostraron saltos más marcados en su bienestar. En cambio, quienes ya partían de herramientas de afrontamiento moderadas o altas apenas modificaron sus puntajes.
Para Irma, la distinción tiene todo el sentido del mundo. 'Cuando una está atropellada por el trabajo, los chicos y los padres, cualquier salida corta funciona como un botón de pausa', comenta con una mezcla de alivio y resignación. Lo que la ciencia llama emociones agradables que amplían el repertorio personal, para ella es, simple, salir de la monotonía de la oficina y dormir dos noches en un lugar donde nadie la llame por el nombre del sector de reclamos.
Qué ofrecen en concreto las escapadas, según la investigación
- Conocer lugares nuevos como motor de descubrimiento personal.
- Acercarse a otras culturas y tradiciones, aunque queden a poca distancia.
- Participar de actividades placenteras que convoquen la atención y alejen la cabeza de los problemas cotidianos.
- Sumar experiencias compartidas con familia o amigos que funcionen como ancla emocional.
- Incorporar rutinas breves, como caminatas o deportes suaves, que se repitan en distintas salidas.
El estudio también sugiere una aplicación práctica concreta: diseñar ofertas turísticas con apoyos que faciliten la participación de personas con menos experiencia, por ejemplo visitas guiadas, traslados organizados y actividades de nivel inicial al aire libre. Entre los ejemplos que mencionan los autores figuran el senderismo, el kayak y la escalada para principiantes, tres disciplinas que en Argentina crecieron en los últimos años a tono con el turismo de naturaleza.
“Conocer lugares, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para desarrollar recursos personales que permanecen en el tiempo.”Rory Mulcahy, profesor asociado e investigador principal del estudio
Ahora bien, hay que leer el trabajo con sus precauciones, porque no todo lo que funciona en Sídney o en Brisbane se traslada automáticamente a Buenos Aires o a Santiago del Estero. Los participantes fueron todos turistas australianos, el relevamiento atravesó los años de restricciones por la pandemia y la etapa posterior a las reaperturas, y los propios autores piden estudios en otros contextos antes de extender los resultados. La pregunta que queda en el aire es cuánto pesa la duración de cada viaje y si los efectos cambian cuando la motivación es descansar, buscar aventura o visitar a la familia, una distinción que a mí, en lo personal, me parece determinante.
Lo que sí parece quedar bastante firme es la idea de que no hace falta esperar a las grandes vacaciones ni juntar los pesos para un destino soñado para obtener alguna ganancia emocional. Para Irma Roldán, eso se traduce en una decisión que ya empezó a ejecutar: reservar, antes de que termine el mes, una escapada de tres días a las Termas de Río Hondo. 'No quiero esperar a diciembre para volver a sentirme bien', me dice mientras cierra la laptop. Una frase que, en definitiva, condensa lo que la investigación viene a confirmar: que el bienestar no siempre depende de la distancia recorrida sino de la frecuencia con la que nos permitimos cortar, aunque sea por un rato, con la rutina que nos pesa.
