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La industria pyme pierde 50.000 empleos registrados y busca sobrevivir con menos turnos y más servicios

Desde agosto de 2023 las pequeñas y medianas manufactureras acumularon una caída del 15% en sus plantas de personal, mientras la producción retrocedió 6,5% en siete meses y los empresarios desvían capacidad ociosa hacia reparaciones y mantenimiento para no soltar mano de obra calificada.

Por Ana PalavecinoCampo y monte · 14 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La fotografía es tan cruda como elocuente: desde agosto de 2023 se destruyeron alrededor de 50.000 puestos de trabajo registrados en las pymes industriales argentinas, lo que representa una caída del 15% en ese segmento y del 8% cuando se contempla toda la industria manufacturera del país, según los registros oficiales que relevan la evolución del empleo asalariado formal. La sangría, lejos de haberse detenido, se profundiza mes a mes con ventas estancadas, costos que no cesan de trepar y un mercado interno que no tracciona, y por eso mismo el conflicto ya no pasa solamente por los números fríos de la macroeconomía sino por la urgencia cotidiana que viven los dueños de pequeños talleres y plantas medianas que intentan sostener a su gente a como dé lugar.

La producción industrial pyme acompañó ese retroceso con cifras que corroboran el diagnóstico. El Índice de Producción Industrial Pyme que elabora todos los meses la Confederación Argentina de la Mediana Empresa marcó en julio una baja interanual del 3,8%, con una recuperación mínima del 0,6% frente a junio que apenas alcanzó para maquillar un acumulado negativo del 6,5% en los primeros siete meses del año, un dato que los propios técnicos de la entidad calificaron como el reflejo más crudo de un mercado interno que no tracciona y que arrastra a toda la cadena de valor hacia abajo.

Los rubros que más sufren y el único que zafa

  • Químicos y plásticos: retroceso interanual del 11,3%, el peor desempeño de todo el universo pyme.
  • Alimentos y bebidas: caída del 9,1%, golpeado por la pérdida de poder de compra de los consumidores.
  • Metal, maquinaria, equipos y material de transporte: baja del 5,4%, con fuerte impacto en proveedores de autopartistas y líneas de producción grandes.
  • Papel e impresiones: retroceso del 3,7%, en un segmento muy dependiente de la demanda de packaging y editorial.
  • Textil e indumentaria: también con 3,7% negativo, arrastrado por la retracción del consumo de ropa.
  • Maderas y muebles: único rubro con saldo positivo, con una mejora acumulada del 0,5% en los primeros siete meses.

Frente a ese cuadro, la mayoría de las empresas optó por un camino intermedio que les permitiera aguantar la tormenta sin desprenderse de personal capacitado: recortaron la cantidad de turnos diarios, reasignaron horas y volcaron la capacidad instalada que tenían ociosa hacia servicios de reparación y mantenimiento de equipos, una estrategia que les generó algo de caja fresca sin necesidad de incorporar nueva tecnología ni nuevos clientes de la noche a la mañana. También flexibilizaron condiciones de cobro, estiraron plazos y salieron a buscar compradores fuera de sus zonas habituales de influencia, un esfuerzo comercial que demandó viajes, llamados y reuniones que en tiempos normales no hubieran hecho.

“El 70% de la producción de las pymes industriales se destina al mercado interno. Si este no tracciona, las fábricas tampoco tienen demanda.”Fuentes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME)

La decisión de sostener las nóminas tiene una lógica económica bastante concreta que suele quedar fuera del debate de escritorio: capacitar y entrenar a un operario industrial lleva tiempo, dinero y una curva de aprendizaje que ninguna pyme está dispuesta a empezar de cero cada vez que la demanda se enfría, y por eso mismo la Secretaría de Trabajo relevó que el 65% de las empresas industriales mantiene estabilidad en sus plantillas incluso en pleno período de ajuste, resignando margen, hora extra o salario antes que firmar una carta de despido que después resulte muy cara de revertir cuando el ciclo se dé vuelta.

Aun con ese panorama, los relevamientos privados empiezan a mostrar algunos indicios de moderación en las intenciones de despido para el último tramo del año, con expectativas de contratación menos negativas en las encuestas que ManpowerGroup publica trimestralmente, un dato que de todos modos hay que tomar con cautela porque mide intención y no todavía movimiento real de los libros de sueldo, y porque en un país con la inestabilidad estructural que arrastra la Argentina cualquier recuperación incipiente puede truncarse de un mes para el otro si se complica el frente cambiario o si la inflación vuelve a acelerarse y licúa todavía más la ya magra capacidad de compra de los hogares.

Lo que queda por delante es una pregunta de fondo que ningún funcionario se anima a responder con la franqueza que la situación exige: si las pymes siguen sosteniendo empleo con recursos propios, con ahorros personales de sus dueños y con ingenio comercial para sobrevivir, alguien va a tener que hacerse cargo de la cuenta cuando ese colchón se agote, porque hasta ahora la política económica parece haber descargado todo el costo del ajuste sobre las espaldas de los mismos de siempre, que son los pequeños empresarios que cargan con la responsabilidad de mantener encendidas las fábricas y de pagar los sueldos de familias que en muchos casos son las únicas que tienen un ingreso formal en pueblos del interior donde no queda otra alternativa laboral. La pregunta, en definitiva, sigue siendo la misma de hace décadas: ¿quién paga la cuenta?

AP
Ana PalavecinoCampo y monte

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