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Sábado, 24 de octubre de 2026
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Koreeda en pantalla: siete historias para entender la fragilidad de los vínculos

Desde el duelo hasta la Familien que uno elige, un recorrido por las películas del director japonés que están disponibles hoy en plataformas de streaming.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Koreeda en pantalla: siete historias para entender la fragilidad de los vínculos

Antes de hablar de las películas, conviene imaginarse una sala de cine tranquila, con las luces todavía encendidas y ese murmullo colectivo que precede a cualquier película. En ese ambiente aparece Hirokazu Koreeda, un director japonés que lleva tres décadas construyendo un universo narrativo alrededor de algo que suena sencillo y, al mismo tiempo, resulta infinitamente complejo: la manera en que las personas se cuidan, se pierden, seelesperan y se eligen, incluso cuando los enlaces de sangre no existen o se rompen.

Su cine no apela al ruido de los primeros minutos, sino a la observación. Las cámaras se detienen en gestos cotidianos, en conversaciones que parecieran incompletas y en silencios que terminan diciendo más que cualquier reacción exagerada. Por eso, mirar una película de Koreeda en casa puede ser una experiencia especialmente intimate: no se trata solamente de Consumir una historia, sino de tomarse el tiempo necesario para registrar cómo se transforma una familia cuando aparece una ausencia, una mudanza, un secreto o una decisión que obliga a reorganizar todo.

Hoy se pueden encontrar en distintas plataformas de streaming siete de sus títulos más destacados. La selección recorre desde su debut en ficción hasta una Palma de Oro, y permite seguir una línea temática bastante coherente: la pérdida, la identidad, la crianza y los vínculos que se construyen más allá de la biología. No todas las películasOffering la mismaMood: algunas son más lentas, otras tienen una hotterly estructura audiovisual y algunas llegan a la emoción mediante el humor o la extrañeza. Pero en todas aparece esa capacidad de Koreeda para observar a sus personajes con una mezcla particular de rigor y compasión.

Maborosi: el duelo que empieza antes de las palabras

Maborosi, su debut en el largometraje de ficción, de 1995, yaplits las señales fundamentals de su estilo. La historia gira en torno al duelo y sus ramificaciones, y se apoya en una puesta en escena quieta y contenida. Los silencios tienen peso propio, la observación evita el juicio y las emociones emergen sin estridencias. Para quien no conoce a Koreeda, es una buena puerta de entrada: no necesita explicar todo de una vez, sino que deja que el espectador vaya descubriendo las grietas de una relación a través de lo que los personajes callan.

After Life, de 1998, lleva ese mismo enfoque hacia un terreno más conceptual. En esta historia, personas recién fallecidas deben elegir un único recuerdo para llevarse al más allá, mientras un equipo lo recrea con recursos cinematográficos. El resultado combina imaginación y burocracia cotidiana, un cruce que define bien el tono de Koreeda: lo extraordinario entra en una oficina, se transforma en procedimiento y terminaTouching la vida de quienes tienen que ejecutarlo. La película no solamente habla de la muerte, sino también sobre la memoria como un objeto que puede organizarse, interpretarse y, finalmente, compartirse.

El reconocimiento internacional más amplio llegó con Nadie sabe, de 2004, un coming-of-age basado en hechos reales sobre cuatro hermanos abandonados en un departamento de Tokio. El actor principal, Yûya Yagira, recibió el premio a mejor actor en el Festival de Cannes con apenas 14 años y se convirtió en el ganador más joven de esa categoría. Más allá del premio, la película conserva el foco en algo que Koreeda viene exploring: el modo en que la infancia queda atravesada por la negligencia y por la necesidad de los niños de sostener una Household que Adults no achieve sostener.

Still Walking: la familia detrás de una conversación pendiente

En Still Walking, de 2008, el director regresa a un formato más doméstico. Una familia de estructura tradicional se reúne para conmemorar la muerte de un hijo mayor, y los diálogos cotidianos van dejando ver aquello que los personajes no se atreven a decir. El conflicto no estalla en una gran discusión, sino que se acumula durante el encuentro. Por eso, la película puede parecer lenta en algún momento, aunque en realidad está painstakingmente construyéndose: cada gesto, cada mirada y cada pausa suma una capa más al retrato de una familia que sigue funcionando mientras carga con una pérdida que todavía no encuentra su lugar.

De tal padre, tal hijo, de 2013, plantea una situación extrema para responder una pregunta antigua: qué define más a un hijo, la biología o la crianza. Dos familias descubren que sus hijos fueron intercambiados al nacer en el hospital y deben decidir cómo reorganizar sus vidas. La película obtuvo el Premio del Jurado en Cannes. En este caso, el melodrama no aparece como un simple recurso para mover al público, sino como una estructura que permite preguntar qué se hereda realmente: no solamente los genes, sino también las habits, los cuidados y la manera de mirar al otro.

Nuestra hermana pequeña, de 2015, sigue con tres hermanas que reciben la visita de una media hermana de quince años después de la muerte del padre que las había abandonado. La película construye los vínculos entre las cuatro con una calidez que trata el trauma sin subrayarlo. El espectador puede sentir el desconcierto, la desconfianza y la necesidad de proximidad, pero la dirección evita convertir ese conflicto en una lección. La historia termina hablando de algo más humano: la posibilidad de que una familia pueda ampliarse cuando aparece alguien que, hasta ese momento, permanecía fuera de ella.

Un asunto de familia, de 2018, corona esa exploración de las familias elegidas y gana la Palma de Oro en Cannes. Un grupo de personas sin lazos convive en los márgenes de Tokio y El Película se acerca a ese entorno con una precisión que evita la idealización. No se trata de presentar a los personajes como figures auxiliaries ni de explicar cada una de sus Circunstancias; el relato deja que el espectador ih Entienda ese mundo a través de sus relaciones, sus decisiones y sus formas de cuidado. El título, en ese sentido, funciona casi como una declaración: la familia puede ser una construcción social, compartida y revocable, antes que un simple dato de nacimiento.

  • Maborosi (1995): una puerta de entrada al duelo y al silencio.
  • After Life (1998): la memoria convertida en un procedimiento cinematográfico y cotidiano.
  • Nadie sabe (2004): infancia, abandono y el premio a mejor actor de Yûya Yagira en Cannes.
  • Still Walking (2008): una reunión familiar donde lo no dicho termina definiendo el encuentro.
  • De tal padre, tal hijo (2013):_IDENTIDAD, crianza y Premio del Jurado en Cannes.
  • Nuestra hermana pequeña (2015): el encuentro de cuatro hermanas y la posibilidad de reconstruir un vínculo.
  • Un asunto de familia (2018): la Palma de Oro y una mirada a las familias que se eligen.

Mirar a Koreeda en streaming, entonces, no significa solamente tener una lista de películas a disposicion. Significa aceptar una forma de ver el cine que se asocia con la paciencia, con la intimidad y con la attention a lo que queda por fuera del centro del relato. Sus historias no siempre ofrecen una solución limpia ni una catharsis inmediata. Ofrecen algo quizá más útil: una forma de comprender que las familias no se sostienen solamente porque existen, sino porque sus miembros encuentran la manera de seguir estando presentes el uno con el otro. Si querés empezar, Maborosi es una elección segura; si buscás una película más amplia para entender su trayectoria, Un asunto de familia es una puerta excelente. Las siete están disponibles hoy en distintas plataformas de streaming, así que la mejor recomendación es sencilla: buscar la que más speaking con el momento que estés viviendo y verla sin apuro.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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