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Miércoles, 4 de noviembre de 2026
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Entre formol y celuloide: la mirada incómoda sobre un conservador de cadáveres valenciano

Rodado en 1981, el documental de Ángel García del Val sigue la rutina de Juan Espada del Coso en una morgue universitaria y hoy circula como objeto de culto.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Entre formol y celuloide: la mirada incómoda sobre un conservador de cadáveres valenciano

La historia de «Cada ver es...» empieza en el lugar donde terminan la mayoría de las vidas: una morgue. García del Val lo filmó en 1981 siguiendo a Juan Espada del Coso, conservador de cadáveres en la Facultad de Medicina de Valencia, un hombre con 24 dioptrías y sin olfato, que pasaba sus jornadas entre formol, tejidos en descomposición y cuerpos seccionados para uso didáctico.

Lo que más me llamó la atención al revisar el material es cómo una película tan incómoda terminó encontrando su público de la manera más difícil. La Dirección General de Cinematografía la calificó con la letra «S», una categoría que se reservaba a producciones de destape, y el hecho de estar rodada en 16mm la dejó fuera de los requisitos mínimos para las salas comerciales. Con ese doble obstáculo, el filme nunca tuvo distribución convencional y fue circulando de manera marginal.

Una morgue vista sin apuro

Lo que hace a este documental algo más que un registro médico es la forma en que está construido. La película abre con planos fijos de la morgue, golpes de montaje y una textura sonora que, según el material, recuerda el comienzo de «La matanza de Texas» (1974), con la diferencia de que los cuerpos que aparecen en pantalla son reales. La música alterna entre piezas clásicas de Ravel, Holst y Penderecki y momentos de silencio incómodo, y ese contraste va y viene entre lo fúnebre y lo cotidiano.

El hombre detrás del guardapolvo

Juan Espada aparece como un personaje involuntariamente complejo. Habla de cine de terror con la distancia de quien trabaja con la muerte de verdad y sostiene que el cine de género no asusta «porque hay una cámara detrás de la chica». Maneja los cuerpos con rutina, pero también con una atención que el documental registra sin subrayarla. En un momento describe una cabeza de mujer conservada en formol de esta manera:

“una cabeza muy bien conservada y con un color muy agradecido”Juan Espada del Coso

Uno se queda pensando en esa frase, porque en ella hay un oficio que se vive sin dramatismo y, al mismo tiempo, una forma de respeto que el documental deja ver sin necesidad de explicarla.

El perfil que emerge es el de alguien desplazado de la vida ordinaria por su oficio. García del Val incluyó además una secuencia con internos del centro psiquiátrico de Bétera que anticipa esa idea: la película trata, entre otras cosas, sobre las personas que quedan fuera del cuadro social y sobre el tipo de trabajos que les son asignados.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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