Dos jóvenes contra todas las reglas: la película checoslovaca de 1966 que se puede ver por internet
Dirigida por Vera Chytilova, Las margaritas convirtió el absurdo y la provocación visual en una forma de cuestionar las convenciones sociales. Seis décadas después, está disponible en plataformas digitales.
Hay películas que, con el paso de los años, parecen quedarse cómodamente en su época. Las margaritas, en cambio, conserva algo de esa incomodidad que provocó cuando Vera Chytilova la estrenó en 1966, en una Checoslovaquia bajo control comunista. Dura apenas 76 minutos, pero le alcanza para poner en cuestión las reglas de convivencia y desconcertar a quien espera un relato convencional.
La historia sigue a dos jóvenes llamadas Marie que deciden vivir sin respetar las expectativas puestas sobre ellas. No trabajan ni buscan pareja, y se dedican a engañar a hombres que esperan conseguir algo a cambio de su compañía, mientras comen, juegan y arrasan con lo que encuentran.
Una rebeldía que no pide permiso
Sería sencillo presentar a las protagonistas como modelos de libertad, pero la película es bastante más incómoda que eso. Las dos pueden ser caprichosas, irresponsables y hasta crueles, y Chytilova no se ocupa de justificar cada una de sus acciones. A mi entender, ahí está parte de la fuerza de la obra: deja lugar para disfrutar de su irreverencia y, al mismo tiempo, preguntarse por sus límites.
La directora tampoco necesita largos discursos para mostrar su mirada. La amistad entre las jóvenes, el placer y la burla de las convenciones funcionan como motores de una película que apuesta por el absurdo. Esa actitud festiva también generó conflictos con las autoridades de la época, que cuestionaron el desperdicio de alimentos en una escena en la que las protagonistas destrozan un banquete.
Una película que sigue abierta a la discusión
La ruptura no está solamente en lo que hacen las Marie. Chytilova experimenta con los colores, el montaje y la composición, altera la continuidad de las escenas y superpone texturas para sacar al espectador de un lugar cómodo. El humor, lejos de ordenar lo que vemos, suma desconcierto y vuelve a la película difícil de encasillar.
Se la puede mirar como una crítica social, como una exploración de las posibilidades del cine o como un antecedente del cine feminista experimental. Esas lecturas no tienen por qué excluirse entre sí, y quizá por eso la película todavía invita a conversar. Hoy, Las margaritas está disponible en plataformas digitales para quienes quieran descubrirla o volver a verla.
