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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Cuando un punto en el pulmón obliga a operar: la historia detrás del nódulo de tres milímetros

El papa León XIV será intervenido antes de su gira por la región. Especialistas consultados por este portal explican por qué se opera una lesión tan chica, qué se evalúa en cada caso y cómo se decide el paso a paso.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 59 min
Cuando un punto en el pulmón obliga a operar: la historia detrás del nódulo de tres milímetros

Imagínense la puerta de una casa, en un barrio cualquiera, con la radio todavía prendida desde el mediodía y un almanaque colgado en la pared que ya pasó de hoja. En esa cocina, doña Ramona, vecina de toda la vida, escucha en el noticiero que al papa León XIV le van a operar un nódulo en el pulmón de tres milímetros y no puede evitar llevarse las manos al pecho. "Tan chiquito y van a operar igual", le dice a su marido, mientras sirve el mate de las siete. La pregunta de doña Ramona es la misma que se repite en las mesas de los argentinos: si es tan pequeño, por qué meter el bisturí. Y la respuesta, como vamos a ver, tiene menos que ver con el tamaño y más con una historia clínica que se lee con lupa.

Qué es, en criollo, un nódulo pulmonar

Un nódulo pulmonar es, ni más ni menos, una formación redondeada o una pequeña opacidad que aparece en el pulmón cuando alguien se hace una radiografía o, más seguido todavía, una tomografía computarizada. En la enorme mayoría de los casos se descubre de casualidad, mientras el paciente está estudiando otra cosa: un dolor de espalda, un control de rutina, un prequirúrgico de una rodilla. Su sola presencia no quiere decir cáncer ni nada que se le parezca. Es, en todo caso, un llamado de atención para mirar con más detalle.

La neumonóloga Ana María Putruele, que fue jefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas José de San Martín, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, lo dijo con una claridad que a nosotros los santiagueños nos gusta repetir en la mesa familiar: "Tres milímetros no es importante. Es por prevención". La palabra clave ahí es esa última, prevención, porque la decisión de operar no nace de ver una pelota gigante en el pulmón sino de un criterio médico que sopesa antecedentes, características de la imagen y, sobre todo, el tiempo que el nódulo lleva ahí sin que nadie lo hubiera visto.

Por qué se opera algo tan chico

El infectólogo Alejandro Garcés, jefe médico de Helios Salud, puso números al asunto: más del 60 por ciento de los nódulos solitarios de pulmón terminan siendo benignos. Muchos son granulomas, esas cicatrices chiquitas que dejan procesos inflamatorios viejos, una neumonía que pasó sin que uno se diera cuenta, una infección de la infancia que el cuerpo resolvió solo pero dejó marca. Otras veces son procesos infecciosos activos y, en un porcentaje menor, pueden ser malignos. Por eso el análisis no se agota mirando el tamaño: lo que importa es la película completa.

  • Tamaño exacto de la lesión, medido en milímetros.
  • Forma de los bordes: si son lisos y regulares o, por el contrario, espiculados, irregulares, con prolongaciones que sugieren crecimiento.
  • Densidad: si el nódulo es sólido, semisólido o tiene aspecto de vidrio esmerilado, cada patrón apunta a un origen distinto.
  • Presencia de calcificaciones dentro del nódulo, que suelen ser señales de lesión vieja y benigna.
  • Antecedentes del paciente: tabaquismo, contacto con humo de leña, enfermedades respiratorias previas, exposición laboral a polvo o asbestos.
  • Comparación con tomografías anteriores: si el nódulo ya estaba ahí hace cinco o diez años sin haber cambiado, la balanza se inclina fuerte hacia lo benigno.

Putruele resumió lo que cualquier vecino necesita escuchar antes de asustarse: "En general, el pronóstico, si es pequeño, es bueno". Ahora bien, esa frase tan tranquilizadora depende, como ella misma aclara, de dónde está ubicado el nódulo, de cómo se ve en la imagen, de qué tipo de tumor resultaría ser si fuera maligno y de si hay o no otros nódulos dando vueltas. No es lo mismo un puntito aislado en el lóbulo superior derecho que una mancha con bordes irregulares en alguien que fumó dos paquetes por día durante treinta años. Por eso los médicos nunca se manejan con una sola variable.

Cómo se decide si se opera, se sigue o se biopsia

Cuando el nódulo es de tres milímetros, como el del caso que nos ocupa, la conducta más frecuente no es correr al quirófano de entrada. Garcés lo dijo sin vueltas: "Nunca uno puede asegurar el diagnóstico con solo la imagen". Lo que se hace, en la práctica, es un combo de pasos según el paciente y la lesión. Puede ser un seguimiento con nuevas tomografías cada ciertos meses para ver si la mancha crece, se mantiene igual o cambia de forma. Puede ser una tomografía por emisión de positrones, esa cámara especial que detecta actividad metabólica y distingue, con bastante precisión, lo que está vivo y creciendo de lo que es cicatriz vieja. Y puede ser, en última instancia, una biopsia, que se hace por punción guiada o, si la ubicación lo permite, durante la misma cirugía.

En ese menú de decisiones se apoyan las llamadas guías Fleischner, que son la referencia internacional en este tema y a las que los neumonólogos recurren como nosotros recurrimos al manual del auto. Para los nódulos sólidos, esas guías contemplan conductas distintas según se supere o no la barrera de los ocho milímetros. Por debajo de ese umbral, la recomendación más frecuente es controlar con imágenes; por encima, se intensifica el estudio y se acelera la decisión de intervenir. Que en el caso del papa se haya resuelto directamente con cirugía habla, probablemente, de un criterio médico que privilegió la extracción y el análisis de la pieza entera por sobre la espera.

“En general, el pronóstico, si es pequeño, es bueno.”Ana María Putruele, neumonóloga, exjefa de la División Neumonología del Hospital de Clínicas José de San Martín (UBA)

Mientras tanto, en la cocina de doña Ramona, el mate ya se enfrió y la radio sigue dándole detalles de la gira latinoamericana que el papa tiene prevista para noviembre. Ella, que todavía tiene la duda dando vueltas, se levanta, guarda la pava y murmura algo que cualquier lector de este diario podría repetir: "Mientras lo vean a tiempo, Dios quiera que sea nada". Es esa misma esperanza, multiplicada por miles de familias que se enteran hoy de la noticia, la que empuja a los médicos a no esperar cuando una mancha, por chica que parezca, les pide ser estudiada hasta el fondo. Y a nosotros, los que contamos estas cosas, a explicar que el tamaño, en medicina, es apenas el primer renglón de una historia que se lee completa.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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