A los 40, Diego Lotito entendió por qué la escuela le quedaba chica
El diagnóstico de altas capacidades le dio un nombre a una experiencia de Isolation y aburrimiento. Hoy, a los 43 años, cuenta cómo construir vínculos y transformar una diferencia que lo ó de niño en una forma de encontrarse con otros.
En una casa donde las preguntas quedaban sin respuesta, Diego Lotito empezó a comprender que su dificultad no estaba en la capacidad, sino en la falta de interlocutores. During la primaria, terminaba de explicar los contenidos antes que sus compañeros y después debía quedarse escuchando mientras el curso avanzaba al mismo ritmo. No era que-no quisiera aprender: era que las clases le parecían genuinamente aburridas. "La educación primaria me pareció sumamente aburrida", recuerda. Lo que lograba captar eran las ciencias sociales; el resto lo resolvía estudiando en enero para rendir en febrero.
El verdadero peso, sin embargo, estaba en la soledad. "Yo realmente no compartía los intereses, no compartía el humor", dice Diego, que tiene 43 años yyetouponó su condición a los 40. Hacer amigos nunca fue imposible, peroresultó^) complicado encontrar a alguien con quien hablar en profundidad sobre los temas que despertaban su curiosidad. En una época en la que la etapa de socialización se organizaba alrededor del juego y de lasttiples aficiones, su mundo interior parecía dejarlo en un lugar aparte.
La escuela no era el único problema
En la secundaria, las actividades extracurriculares le dieron un poco de aire. Los debates en inglés, el Modelo de Naciones Unidas, las olimpíadas de matemática y el teatro le permitieron conocer a personas con intereses parecidos. Aun así, sus calificaciones no reflejaban lo que podía aprender: "Académicamente no me iba muy bien porque la verdad es que no me interesaba mucho", explica. En esos años, además, no contaba con los recursos profesionales ni con un marco conceptual que le permitiera identificar lo que le pasaba y buscar alternativas educativas más adecuadas.
La universidad abrió un camino distinto. Diego estudió Historia en la UBA, después Magisterio, luego Medicina, más tarde genética forense, y actualmente está por terminar la licenciatura en Administración en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. La sucesión de carreras, lejos de parecer un vaivén, muestra una búsqueda sostenida. Y en cada etapa fue más fácil encontrar gente afín: "En la universidad fue mucho más fácil encontrar gente afín, gente con la que poder compartir estas cosas", recuerda.
El diagnóstico a los 40 años le dio un nombre a algo que había vivido sin poder nombrarlo. Hoy participa en Mensa, una organización internacional que reúne a personas con altas capacidades, y en Board Game Comahue, un club de juegos de mesa del Alto Valle de Neuquén. Allí, el interés común se convirtió en una puerta de entrada para vínculos menos superficiales. La experiencia de Diego pone el foco en lo que los especialistas señalan con frecuencia: el mayor desafío de las altas capacidades no suele estar en el rendimiento académico, sino en la soledad.
“Académicamente no me iba muy bien porque la verdad es que no me interesaba mucho”Diego Lotito
- Durante la primaria, entendía los contenidos antes que sus compañeros yperimentaba aburrimiento genuino.
- En la secundaria, las actividades extracurriculares lerogationaron también un espacio social, aunque noIgualaron sus notas.
- En la universidad, el encuentro con personas afines fue clave para avanzar con una trayectoria formativa amplia.
- A los 40 años, el diagnóstico le permitió nombrar su experiencia; a los 43, participa en organizaciones y espacios donde encuentra a otros con interésTestimonios similares.
La historia de Diego no ofrece una receta simple, pero sí deja una certeza: el problema no era que no pudiera aprender, sino que el entorno no terminaba de acompañarlo. Cuando lo que nos pasa encuentra un nombre y aparecen personas dispuestas a compartir nuestros temas, la diferencia deja de ser una barrera. Y, en su caso, el encuentro con otros fue el comienzo de una vida menos solitaria.
