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A 200 kilómetros de Buenos Aires, el pueblo donde Bioy Casares escribió su novela más extraordinaria cumple 150 años

Pardo celebra siglo y medio con desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo. Sus calles de tierra, su estación ferroviaria convertida en museo y el campo donde nacieron "La invención de Morel" y "El Sur" siguen intactos.

Por Lautaro RoldánTurismo · 10 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A unos 200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, tomando la Ruta Nacional 3 hacia el sur, aparece Pardo, un paraje rural del partido de Las Flores que este mes cumple 150 años desde la llegada del primer tren. El pueblo tiene menos de doscientos habitantes, calles de tierra que llevan nombres de árboles y una historia que excede largamente lo que uno esperaría encontrar en un sitio tan chico: aquí se cocinaron páginas centrales de la literatura argentina del siglo XX, con Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo como protagonistas de los veranos.

El aniversario y cómo llegar

La fiesta central será el fin de semana del 19 y 20 de septiembre, con desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo. Quienes se acerquen ese día van a encontrar el pueblo entero en movimiento, con vecinos recibiendo a visitantes como se recibe a alguien de la familia. El resto del año, Pardo se recorre con tiempo y en silencio, algo que recomiendo hacer al menos una vez en la vida.

La entrada a los atractivos del lugar es libre y gratuita. El Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares funciona en la vieja estación del ferrocarril —inaugurada el 18 de septiembre de 1876— y abre en general de jueves a domingos, aunque conviene confirmar horarios por la página del municipio de Las Flores o llamando al bar-pulpería La Vieja Estación antes de viajar. El templo Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construido en 1892 y vinculado a la familia Bioy, también puede visitarse.

Un pasado que se cuenta solo caminando

Caminar Pardo es la mejor manera de entender su pasado. La familia Bioy tiene raíces en esta zona desde 1835, cuando Juan Bautista Bioy, inmigrante francés, le compró un campo a Lino Pardo —el fundador del pueblo— y armó la estancia Rincón Viejo. Al costado del camino que con el tiempo sería la Ruta 3 abrió también una pulpería que funcionó como punto de encuentro durante décadas. Décadas más tarde, su nieto Adolfo empezó a pasar los veranos allí junto a Silvina Ocampo, y fue Borges quien llegaba de visita, junto con Victoria Ocampo, fundadora de la revista Sur.

Esos veraneos no fueron ociosos: en Rincón Viejo Bioy Casares escribió "La invención de Morel", publicada en 1940. Borges menciona la propia estancia en su cuento "El Sur". Silvina Ocampo, que hasta entonces se dedicaba sobre todo a la pintura, arrancó a escribir en Pardo; ese ambiente rural se nota en "Viaje olvidado" (1937) y en "Autobiografía de Irene" (1948). Además, Borges y Bioy firmaron juntos, bajo los seudónimos H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, una obra de literatura fantástica y policial que dejó marca en las letras argentinas. En el museo se conservan, entre otros papeles, los registros del casamiento entre Bioy y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940.

  • Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, en la estación del ferrocarril de 1876.
  • Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (1892), con lazos con la familia Bioy.
  • Escuela que lleva el nombre del abuelo francés del escritor.
  • Club Unión Deportiva, el corazón social del pueblo.

Dónde dormir, qué comer y qué hacer

La oferta de alojamiento y gastronomía es chica pero crece de a poco. El bar-pulpería La Vieja Estación, instalado en el predio de una antigua estación de servicio, abre fines de semana y feriados; en invierno se sirven comidas de olla y en verano parrilla, con opciones vegetarianas. Tiene cuatro cabañas y suma un camping con parador para motorhomes, que incluye descarga de aguas negras y grises. Para los amantes de los caballos, el Proyecto Yamay ofrece cabalgatas y salidas por el campo, una experiencia que conecta directamente con el paisaje que vieron Borges y Bioy. Una persona del lugar me dijo, mientras tomábamos un café, que lo más lindo del pueblo es "que todavía se puede caminar mirando el cielo, sin apuro ninguno", y la frase me quedó dando vueltas todo el viaje.

Mi recomendación de temporada es ir en primavera, entre octubre y noviembre, cuando el campo está verde y florecido y la temperatura es amable para caminar. Pero si la idea es coincidir con los 150 años, entonces la cita es el 19 y 20 de septiembre: habrá desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo, y uno se vuelve a su casa con la sensación de haber pisado un sitio donde la literatura no es un museo frío sino una memoria todavía viva. Después de todo, son esos los pueblos a los que vale la pena volver.

LR

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