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Zoro, el espadachín que se robó el nombre de un corsario francés y un héroe enmascarado

Roronoa Zoro, el segundo al mando de la tripulación del Thousand Sunny en One Piece, debe su nombre a una mezcla improbable: el apellido sonoro de un brutal pirata del siglo XVII y el eco del espadachín enmascarado más versionado de la historia. Un recorrido por las dos fuentes que Eiichiro Oda cruzó para bautizar a uno de los personajes más populares del animé.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · 15 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Les cuento una historia que mezcla espadas, corsarios y estudios de animación, y que empieza, como tantas otras, con un nombre propio. El de Roronoa Zoro, el segundo tripulante de la Thousand Sunny y uno de los personajes más entrañables que dio el manga japonés de las últimas décadas. Porque a veces los grandes personajes de ficción nacen de cruces improbables, y este caso es un pequeño manual de eso: una colisión entre la violencia real del Caribe del siglo XVII y la fantasía de un enmascarado que nunca pasa de moda. Vamos por partes, como nos enseñó la vida misma.

El Zorro que nunca descansa

La primera mitad del nombre de Zoro huele a cuero, a capa negra y a una zeta dibujada con el filo de una espada. El Zorro nació como personaje en 1919, en el relato "The Curse of Capistrano" que la revista estadounidense All-Story Weekly publicó por entregas. Apenas un año después, el cine se lo apropió con "El signo del Zorro", la película que instaló al espadachín enmascarado en el imaginario popular y disparó una maquinaria de adaptaciones que todavía hoy no se detiene. Si uno se pone a contar, las versiones superan el medio ciento entre films, series, cómics y reboots, incluyendo recordadas producciones turcas y unas catorce películas españolas, casi todas en coproducción con Italia. El héroe de ficción, además, viajó con nombre y apellido al doblaje hispano de One Piece: al personaje se lo llamó directamente Zorro Ronoa, un guiño tan transparente que hasta el traductor se hizo el pícaro.

El corsario al que le debemos la melodía del apellido

La segunda mitad del nombre, en cambio, no sale de ningún estudio de Hollywood sino de un puerto del Caribe y de un personaje histórico bastante más turbio. Me refiero a François l'Olonnais, un pirata francés del siglo XVII cuya historia es de esas que cuesta creer que hayan pasado de verdad. L'Olonnais llegó a comandar una flota de ocho barcos y 440 hombres con la que atacó embarcaciones españolas en el Caribe, y se ganó un apodo que define toda una época: "la plaga de España". Cuando desembarcó en Maracaibo, torturó a los habitantes para que confesaran dónde habían escondido sus pertenencias, y en una huida hacia Panamá tomó a un soldado como rehén, le abrió el pecho con la espada y, según los registros de la época, comenzó a comerse su corazón en frente de los demás. El escuadrón retrocedió despavorido y el corsario escapó. Murió después en Panamá, de forma violenta, como mueren casi todos los personajes de esta historia. Lo que le debemos es, simplemente, la sonoridad: en japonés, su apellido se pronuncia Roronoa, y a Eiichiro Oda le gustó tanto ese sonido que lo tomó como base.

  • El Zorro: creado en 1919 en "The Curse of Capistrano" y adaptado al cine un año después, acumula más de cincuenta versiones entre películas, series y cómics.
  • François l'Olonnais: pirata francés del siglo XVII, apodado "la plaga de España", cuyo apellido se pronuncia "Roronoa" en japonés.
  • Eiichiro Oda eligió el apellido por su sonoridad y le sumó el eco del espadachín enmascarado para bautizar a Zoro, el segundo de la tripulación del Thousand Sunny.
  • No existe un vínculo temático entre el pirata histórico y el personaje de ficción más allá de la coincidencia en el nombre.

Dos mundos, un mismo nombre

Lo más llamativo de todo esto es lo que el cruce esconde: no hay ningún puente temático entre el corsario que comía corazones en el Caribe y el espadachín que busca cumplir una promesa a su amiga Kuina. Oda no tomó a l'Olonnais como modelo de conducta ni a El Zorro como referencia argumental, y eso, mirado con los ojos de un lector adulto, resulta casi conmovedor. Porque demuestra que los grandes nombres de la cultura popular a veces nacen de la pura intuición de un autor, de un sonido que le gusta y de un guiño que el público termina descifrando con el tiempo. Yo, cada vez que lo recuerdo, me quedo pensando en cómo una historia tan larga, tan querida por millones de lectores en todo el mundo, puede empezar con un nombre robado a un pirata terrible y a un héroe de ficción con zeta en la espada. Y me gusta pensarlo, porque me recuerda que la ficción también se construye con los retazos que los autores van encontrando al paso, sin que muchas veces ellos mismos sepan del todo por qué.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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