Una pirámide de luz made in Beijing salvó las noches de la nueva Odisea de Nolan
El director de fotografía Hoyte van Hoytema y el programador Noah Shain diseñaron un artefacto LED portátil, el Pyrahedron, para recrear fuego sin fuego en el rodaje marroqui. Lo que arrancó como un parche para el asedio a Troya terminó siendo la fuente de iluminación preferida de toda la película.
A veces uno arranca a tirar ideas para resolver un problema chico y termina inventando la llave que abre toda la puerta. Algo así, contado en criollo, fue lo que les pasó al equipo de fotografía de la nueva Odisea de Christopher Nolan durante el primer día real de rodaje en suelo africano: la escena del asedio nocturno a Troya, que se filmó en la localidad de Aït Benhaddou, en Marruecos, les planteó un quilombo de esos que no tienen solución en el catálogo de la casa de luces. Y entonces armaron ellos mismos la herramienta que no existía.
Lo que había que conseguir era bastante simple de explicar y bastante complicado de lograr: una fuente luminosa que pareciera fuego, que cubriera los 360 grados de un set plagado de extras y de decorados colosales, y que no fuera fuego de verdad, porque en una reconstrucción de esa magnitud cualquier chispa era una locura. Las lámparas tradicionales se quedaban cortas, así que el director de fotografía Hoyte van Hoytema y el programador de panel Noah Shain se sentaron a pensar en otra cosa.
Cómo se hace un fuego que no se quema
El resultado fue el Pyrahedron, una pirámide LED portable que en su cara más técnica no es más que tres triángulos equiláteros de poco menos de un metro de lado, con seis circuitos hexagonales cada uno y seis LEDs COB por circuito, lo que da 36 pixeles por cara y, al armarse en tres dimensiones, una emisión de luz volumétrica que un panel plano común no puede ni soñar. "Me pregunté si podríamos crear una fuente de fuego impresionista que se comportase exactamente como el fuego, que tuviese más o menos la misma forma, que se pudiese mover con facilidad y que estuviese alimentada con baterías", contó el propio van Hoytema sobre el razonamiento de origen.
Los prototipos se fabricaron en Beijing y se produjeron en dos versiones, una división que en el set se volvió casi un chiste interno: las llamadas Dumb Pyra, que reproducían un patrón de fuego fijo y nomás se enchufaban a una batería, y las Smart Pyra, que permitían alternar entre 36 aspectos distintos y manejarse desde una consola de luces como cualquier.fixture profesional. Las dos admitían, además, reproducir videos de llamas reales a baja resolución, lo que les daba un plus de verosimilitud cuando la cámara se acercaba.
En el set, los Pyrahedron se pegaban a las paredes, se atornillaban a estructuras o se apoyaban nomás en el piso, aprovechando que la geometría de pirámide les daba estabilidad y que el peso era razonable para moverlos sin pedirle peras al olmo. Las mediciones de exposición estimadas rondaban T4 a unos tres metros con ISO 500, lo justo y necesario para cubrir lo que el rodaje pedía sin tener que abrir el diafragma hasta el fondo.
De parche a luz favorita de la película
Y acá viene lo lindo: lo que nació como una solución puntual para la noche más complicada del cronograma se terminó extendiendo a todos los pasajes nocturnos del filme. "Las unidades eran creíbles, se podían producir en masa y eran fáciles de transportar y de manejar. Se convirtieron en nuestra luz de preferencia para todas las escenas nocturnas", resumió van Hoytema, que es de esos directores de fotografía que suelen charlar con la prensa técnica casi tanto como el director de la película.
A mí me gusta pensar que en el fondo de esta historia hay algo muy de oficio viejo, de esos trucos de cinematógrafo que se cocinan a la vera del set y que después terminan en los papers y en los reportes de cámara: un problema concreto, una idea medio quijotesca, una mano que la dibuja en una servilleta y un equipo en China que la hace realidad. Cuando uno mira la cantidad de planos nocturnos que tiene una superproducción de este porte, se da cuenta de que un aparatejo que entra en una mochila y se apoya en el piso terminó siendo, sin exagerar, una de las patas de la película entera.
Si te copa el detrás de cámara y querés conocer otros problemas técnicos que tuvo que resolver el rodaje de La Odisea, quedá atento a las próximas notas de esta sección: hay bastante más por contar de una producción que, como se ve, no se quedó esperando que el mercado le resolviera la iluminación.
