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Martes, 20 de octubre de 2026
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Tom el Lagarto y el meme que Disney no quiso: la historia del fenómeno viral que salvó la promoción de Hoppers

Pixar terminó el clip en los huecos libres de producción, lo escondió al final de los créditos de Elio y la comunidad lo convirtió en un clásico instantáneo: remixes, cosplays y hasta tatuajes. La película original más esperada del estudio nació gracias a un personaje secundario que el marketing corporativo había descartado.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Tom el Lagarto y el meme que Disney no quiso: la historia del fenómeno viral que salvó la promoción de Hoppers

Tengo que confesar algo antes de arrancar: cuando vi por primera vez a Tom el Lagarto machacando un botón mientras una voz robótica repite LAGARTO, LAGARTO, LAGARTO sin parar, me reí solo frente a la pantalla como un boludo. Esa sensación de encontrar algo genuinamente gracioso, algo que nadie te vendió, algo que parece escapado del control de los grandes estudios, es la misma que sienten miles de personas alrededor del mundo que convirtieron a este personaje secundario de Hoppers, la nueva película de Pixar estrenada en 2026, en un fenómeno cultural que ni siquiera Disney supo anticipar. Les cuento la historia completa, porque la trastienda de cómo se cocinó este meme es tan interesante como el propio clip que le dio vida.

LAGARTO, LAGARTO, LAGARTO

Para ponerlos en contexto: Hoppers llegó a los cines con la difícil misión de ser una película original de Pixar, un estudio que en los últimos años apostó fuerte por secuelas y franquicias conocidas. En un contexto donde las producciones frescas cada vez cuestan más de justificar ante los accionistas, la película necesitaba visibilidad, necesitaba que alguien hablara de ella. Y el personaje que terminó haciendo ese trabajo no es la protagonista, no es el castor que menciona Daniel Chong en su explicación, ni siquiera tiene un papel relevante en la trama. Es Tom el Lagarto, un secundario del bosque que aparece apenas unos minutos en pantalla pero que se robó el corazón de internet con un gag construido sobre la idea más simple del mundo: un lagarto obsesionado con apretar un botón.

El patio antes que el show

Lo más jugoso de esta historia, lo que la hace digna de un buen café compartido con amigos, es el ida y vuelta entre el equipo creativo de Pixar y los directivos de marketing de Disney. Cuando el estudio propuso incluir el clip de Tom el Lagarto en la presentación oficial del D23, la convención donde se muestran las grandes apuestas de la empresa, la idea fue rechazada de plano. El propio director de la película, Daniel Chong, lo contó con una honestidad que desarma en la View Conference: No les culpo, porque si estás tratando de vender esta película... Quiero decir, yo no querría usar un lagarto para promocionarlo. No salen castores en esto, y Tom realmente no sale demasiado en esta película. Es la frase de alguien que entiende perfectamente por qué un departamento de marketing podría mirar un clip así y no verle el potencial comercial. Y sin embargo, había algo ahí que el equipo creativo sentía con mucha claridad.

Me detengo en este punto porque creo que vale la pena. La productora Nicole Paradis Grindle fue la que tomó la decisión de confiar en ese presentimiento y organizar el trabajo para que los animadores pudieran terminar el clip en los huecos libres de la producción principal. Piensen en lo que eso significa en términos concretos: personas que ya tenían sus agendas saturadas con la película en marcha, robándole horas al sueño o a sus familias para darle vida a un personaje secundario que la propia empresa había decidido que no servía para vender nada. Es el tipo de militancia creativa que muchas veces queda invisibilizada en los grandes estudios, donde las decisiones de marketing suelen imponerse desde arriba sin consulta. Aquí pasó al revés: el material se hizo igual, a pesar de la negativa inicial, y seGuardó como un as bajo la manga.

El final de los créditos

El lugar elegido para esconder el clip fue, según el material que se conoció, el final de los créditos de Elio, otra película de Pixar estrenada antes. Es una decisión que en cualquier manual de marketing figuraría como un suicidio comercial: nadie se queda hasta el último segundo de los créditos de una película que no es la suya, nadie espera encontrar un teaser escondido ahí, y mucho menos si ese teaser corresponde a una producción completamente distinta con otra temática, otros personajes y otro tono. Sin embargo, esa estrategia del bajo perfil terminó siendo el envuelto criollo perfecto para que el fenómeno se cocinara solo, sin cocinarlo demasiado. Un espectador se quedó hasta el último segundo, grabó el clip con su celular, lo subió a internet y la cadena de reposts hizo el resto. En pocas semanas el video generó remixes, versiones en distintos idiomas, cosplay y hasta tatuajes del personaje. Internet hizo lo que mejor sabe hacer: convertir un material descartado en patrimonio colectivo.

La autocrítica de los que sabían

Lo que más me interesa como profesional que sigue de cerca estos temas es la autocrítica que la propia Nicole Paradis Grindle hizo pública sobre lo ocurrido. La productora reconoció sin pelos en la lengua que no se puede planificar un fenómeno así: Crear un meme no es algo que se pueda planificar, admitió, aunque rápidamente señaló que la experiencia sirvió para abrir los ojos al departamento de marketing de Disney y Pixar a nuevas posibilidades de cómo crear una consciencia de marca para películas originales. Es una frase que dice mucho y poco al mismo tiempo. Dice mucho porque confirma que un grupo de personas creativas confió en su instinto contra el criterio corporativo. Dice poco porque deja la puerta abierta a que el próximo meme sea otra vez un accidente afortunado en lugar de una decisión tomada con convicción desde el primer momento. Lo concreto es que, por ahora, Tom el Lagarto les regaló visibilidad masiva a Hoppers sin que nadie tuviera que pagar una campaña millonaria para lograrla.

Quiero cerrar esta nota con una reflexión que me parece importante poner sobre la mesa. En un momento donde las grandes productoras se inclinan cada vez más por lo seguro, por las franquicias que ya tienen público cautivo, por las historias que se explican solas porque vienen con el logo de un personaje conocido pegado en la marquesina, el caso de Tom el Lagarto demuestra algo que en la industria cuesta muchísimo aceptar: a veces la mejor publicidad para una película original no sale del departamento de marketing, no sale de una agencia contratada, sale del equipo creativo trabajando en los huecos libres de su propia producción, fiel a la intuición de que algo los hace reír y eso mismo puede hacer reír a millones. Si Pixar puede repetir el mecanismo o si Tom fue simplemente un rayo que cayó dos veces en el mismo lugar, es la pregunta que el estudio todavía no sabe responder. Lo que sí sabemos es que, mientras tanto, miles de personas en todo el mundo siguen mirando el clip del lagarto con el botón y, al menos por un ratito, se olvidan de todo lo demás.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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