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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Se fue el diez, pero el Monumental lo cuida: Otamendi le dio el primer abrazo del adiós a Messi

En una noche que ya huele a despedida, el ferroviario conectó un centro del capitán para romper el cero ante Benín. Mientras la cancha contenía la respiración, la Pulga jugó su primer tiempo como si el tiempo no existiera.

Por Matías SantillánDeportes · · hace 2 h
Se fue el diez, pero el Monumental lo cuida: Otamendi le dio el primer abrazo del adiós a Messi

Arrancó la pelota picando en el Monumental y la gente todavía no terminaba de acomodarse en las tribunas cuando ya se entendía que la noche era otra cosa. No era un partido más, ni siquiera un amistoso más: era la despedida de Messi de la selección argentina, y eso le cambia el aire hasta al que va a comprar choripán a la popular. Lo que se vio en el primer tiempo fue un equipo queriendo regalarle algo a su capitán y un Benín ordenado, rápido, que no vino a sacarse fotos. Y la historia se empezó a escribir en serio apenas arrancó el complemento, con un centro del diez que viajó desde la izquierda como tienen que viajar los centros: con la firma de quien lo tira.

El gol que destrabó la emoción

A los pocos minutos del segundo tiempo, Messi tomó la pelota por la banda izquierda, levantó la cabeza y colgó un centro al corazón del área. El ferroviario, como si llevara toda la vida haciendo goles con la zurda, conectó de derecha y firmó el 1 a 0 parcial para Argentina. Otamendi, siempre Otamendi, el de las marcas bravas y los cruces a tiempo, apareció en el momento justo para darle al Monumental la primera sonrisa grande de la noche. Y de paso, para que la Pulga se pudiera ir abrazado a un tanto en su despedida.

Lo que dejó la primera mitad: la Pulga no pudo, pero tampoco se quedó quieto

  • Tiro libre de Messi que el arquero Dandjinou mandó al córner con una mano que ya va a aparecer en los noticieros de Benín por un buen rato.
  • Julián Álvarez probó con una gambeta dentro del área, pero otra vez Dandjinou se interpuso y dejó a la gente con las manos en la cabeza.
  • Rodrigo De Paul tiró un centro al área chica y la Pulga se tiró con la zurda, como en las viejas tardes de Copa América: no llegó, pero el intento valió por un gol.
  • Lautaro Martínez devolvió una pared dentro del área y Messi definió desviado, presionado por dos marcas que no le regalaron ni un centímetro.
  • Dibu Martínez respondió firme ante un remate de Olaïtan y otro de Ouorou, para que la gente no se tuviera que preocupar en serio.
  • Tosin falló una definición clara después de una corrida de Aloko, y el primer tiempo se fue igualado, con la extraña sensación de que se había jugado de visitante y local al mismo tiempo.

Es que Benín no vino a hacer de Benín. Salió a presionar arriba, a correr las bandas y a meter contragolpes con la velocidad de Olaïtan, Ouorou y Aloko. Hubo tramos del primer tiempo en los que la selección quedó incómoda, tironeada entre el deseo de cuidarle el cierre al diez y la necesidad de no quedar expuesta atrás. Scaloni paró a los mismos once del inicio para el segundo tiempo, lo que dice mucho del poco margen que encontró para mover piezas.

La noche que se construyó alrededor de Leo

A los diez minutos, el árbitro detuvo la pelota y el Monumental se desató. Ovación cerrada, brazos levantados de Messi, fuegos artificiales, esa cosa tan argentina de mezclar fútbol con liturgia familiar. Antes del partido, la Pulga había entrado al campo con sus hijos, en una pasarela con luces, bengalas y una camiseta gigante con su número, rodeado por campeones del mundo de distintas camadas, que fueron mencionados por la voz del estadio. Hasta Gaspar Benegas se subió al entretiempo para musicalizar la despedida, porque si hasta la música entiende que esto no se ve todos los días.

Y acá estoy yo, con la birome temblando, intentando contar lo que se siente ver al diez despedirse de la selección que lo vio nacer como futbolista. Mi pronóstico para el segundo tiempo era un 2 a 0 tranquilizador, con dos toques más de Messi y una sonrisa suya al final. Todavía se puede, claro, pero si me apuran me juego a que lo que se viene es mucho más emotivo que cualquier resultado: la última vez que lo veamos con la celeste y blanca en casa. Ferroviario, gracias por el gol en la noche que más lo necesitábamos. Y a la Pulga, gracias por todo, aunque las palabras siempre van a quedar cortas.

MS

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