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Los recuerdos y los sueños que dejamos para mañana: la advertencia de Gabriel Rolón sobre vivir en otro tiempo

El psicólogo y escritor reflexionó sobre la costumbre de postergar la felicidad y de editar el pasado hasta volverlo una foto imposible. Su planteo apunta a rescatar el presente sin renunciar a la historia.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 24 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En una esquina cualquiera de Buenos Aires, mientras el colectivo pasa y una señora mayor cruza con la bolsa del mercado, uno empieza a entender de qué habla Gabriel Rolón cuando dice que muchos de nosotros vivimos en un tiempo que no es el nuestro. Lo dijo en una entrevista reciente y la frase quedó dando vueltas, como esas canciones que uno tararea sin darse cuenta. Nosotros los santiagueños, que tenemos la costumbre de mirar para atrás antes de mirar para adelante, solemos caer justo en la trampa que el psicólogo describe: poner la vida buena siempre en otro lugar, ya sea en un pueblo que dejamos o en un futuro que todavía no llega.

Recordar está bien, detenerse en el recuerdo, no tanto

Rolón no discutió que haya que tener sueños. Al contrario, los proyectos y las expectativas siguen siendo parte de cómo se mueve la gente. Lo que señaló es que la postergación permanente del bienestar termina funcionando como una anestesia: alivia hoy, pero adormece la vida entera. Por eso lanzó una invitación directa, casi como un pedido: “Intentemos algo aquí, ahora”. Una frase corta para un problema largo, de esos que uno arrastra desde chico.

Sobre los recuerdos, el especialista fue igual de preciso. Reconocer que hubo momentos felices es valioso y permite entender la propia historia, los esfuerzos, los vínculos. Hasta ahí, todo bien. El problema empieza cuando la memoria entra en modo edición, cuando uno le aplica a la infancia y a los seres queridos que ya no están un filtro que los mejora. Rolón lo describió con una imagen muy de época: “Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos”. Y dio un ejemplo que toca de cerca: las personas suelen recordar a los padres fallecidos con una nobleza o una sensibilidad mayores que las que tenían en vida. No por mala fe, aclaró, sino porque la melancolía tiende a pulir.

  • Los recuerdos guardan el valor de lo vivido, aunque no vuelvan tal como fueron.
  • La mente suele editar el pasado y dejarlo más lindo de lo que efectivamente fue.
  • Cuando esa imagen idealizada ocupa demasiado lugar, desplaza la posibilidad de construir bienestar hoy.
  • El especialista diferenció tener proyectos de postergar indefinidamente sentirse bien.
  • Su advertencia apuntó a no abandonar la vida antes de tiempo, en homenaje a lo que ya pasó o en nombre de lo que todavía no llega.
“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.”Gabriel Rolón

La pregunta que queda dando vueltas

Después de escucharlo, una vecina de Devoto, que se llama Marta y sabe de esperar, me dijo algo que va derecho al centro del asunto: mientras uno espera el momento indicado para sentirse bien, la vida pasa por la vereda de enfrente y no se detiene a preguntar. Rolón lo dijo con otras palabras, pero la idea es la misma. La historia personal importa, los sueños importan, pero ninguno de los dos tiene por qué funcionar como reemplazo del presente.

A mí, que vengo siguiendo a este psicólogo hace años, me queda una sola certeza para llevarme a casa: conservar la propia historia no significa quedar detenido en ella. Y mientras escribo esto pienso en lo que Marta espera que pase, en lo que esperamos todos los que solemos mirar más el álbum que la calle. Que la próxima vez que la felicidad se nos cruce en la esquina, la dejemos subir al colectivo con nosotros, en lugar de señalarle la parada de un tiempo que todavía no existe.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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