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La montaña habló el jueves en Chapelco: una avalancha inesperada sacudió el filo del cerro y dejó a dos esquiadores con el corazón en la boca

Una masa de nieve se desprendió en el sector posterior del Cerro Chapelco, fuera de las pistas habilitadas. Dos personas que bajaban en zigzag zafaron del avance blanco por muy poco y el complejo activó el protocolo de seguridad para evitar cualquier tragedia.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 5 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Te voy a contar lo que pasó tal como si lo hubiera visto desde la confitería del cerro, con el termo bajo el brazo y la vista clavada en el filo. Eran las primeras horas de la tarde del jueves, en pleno corazón de la temporada invernal, cuando una buena porción de nieve decidió desmoronarse en la cara posterior del Cerro Chapelco, a casi mil novecientos ochenta metros de altura, justo en ese filo que uno mira desde la base y se imagina cómo será bajarlo, aunque no se pueda. El ruido, dicen los que estaban cerca, se escuchó antes de ver la nube blanca bajando por la ladera como si la montaña estuviera exhalando de golpe.

Dos personas que estaban descendiendo en zigzag por las cercanías del área terminaron a muy pocos metros del frente de nieve que avanzaba pendiente abajo. Lograron alejarse a tiempo y, según lo que se informó oficialmente, salieron ilesas, sin un solo rasguño. La secuencia fue captada de manera casual por quienes se encontraban en los alrededores, y las imágenes que circularon mostraron con crudeza la velocidad con la que la masa blanca se fue comiendo el terreno. Nosotros los santiagueños, cuando escuchamos una historia así, sabemos que el relato nunca termina siendo solo el de la nieve: es también el del susto que se queda pegado al cuerpo durante días.

El protocolo se puso en marcha en cuestión de minutos

Enseguida de detectado el desprendimiento, el personal del complejo activó el protocolo de seguridad que tienen previsto para estos casos. La prioridad fue mantener la zona despejada, impedir que alguien más se acercara por curiosidad o imprudencia y empezar a evaluar si la montaña estaba en condiciones de seguir recibiendo esquiadores o si había que cerrar el sector por el resto de la jornada. No hubo que lamentar heridos, y eso, en una Patagonia donde la montaña es tan generosa como traicionera, siempre es una buena noticia.

Desde la administración de Chapelco recordaron algo que parece obvio pero que muchos olvidan cuando la nieve está buena y el sol entra de lleno: el filo es uno de los puntos más altos del cerro y ese sector no está señalizado ni autorizado para la práctica del esquí. La recomendación es bien concreta y la repiten cada vez que pueden: permanecer dentro de las zonas habilitadas, respetar las indicaciones del personal especializado y no tentar a la suerte por más que la ladera invite.

“El filo no es zona de esquí, por más lindo que se vea desde abajo. La montaña nos presta la nieve, pero nos pide respeto a cambio.”Vocero del complejo Chapelco

Por qué se cae la nieve de una montaña

  • Cuando se acumulan capas de nieve con distinta consistencia, las de arriba pueden deslizarse sobre las de abajo y generar el desprendimiento.
  • Los cambios bruscos de temperatura, sobre todo cuando sube la marca después de varias jornadas bajo cero, debilitan la adherencia entre capas.
  • El viento fuerte redistribuye la nieve hacia ciertos puntos de la ladera y forma acumulaciones que terminan volviéndose inestables.
  • La inclinación pronunciada del terreno ayuda a que cualquier sobrecarga, incluso el paso de una persona, funcione como disparador.

Después de las nevadas intensas que suele dejar el invierno en la cordillera, el viento trabaja como un barrendero silencioso y va empujando la nieve hacia lugares donde se apila de manera desigual. Si entre esas capas la adherencia es débil, cualquier movimiento extra, como el peso de un esquiador, puede terminar siendo el empujoncito que desencadena todo. Por eso los centros de esquí delimitan con tanto cuidado las zonas seguras y por eso insisten en que uno no se tiene que salir de esos límites ni siquiera un metro.

La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, así que todavía quedan varias semanas de nieve, de caños al sol en la base y de bajadas que pintan espectaculares. Pero cada vez que un episodio como el del jueves aparece en el noticiero, a uno le vuelve la misma pregunta de siempre, esa que me hace Silvia, la vecina del barrio que siempre me para en la vereda para hablar de la montaña: si uno esquía o camina fuera de las pistas señalizadas, ¿se toma en serio los recaudos o se deja llevar por la pendiente? Lo que todos esperamos, en el fondo, es que la próxima vez que la nieve hable en Chapelco, siga siendo solo un ruido lejano y no una mala noticia.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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