La momia de los 90: el regreso de una aventura que todavía da pelea en el sillón
A 25 años del estreno de la película de Brendan Fraser y Rachel Weisz, una revisita a la primera entrega de la trilogía de Stephen Sommers y a las dos continuaciones que cerraron la saga en 2001 y 2008.
Tengo que confesar algo: la primera vez que vi La momia fue un sábado a la tarde, en el cable, con el volumen demasiado bajo y una pizza a medio comer. Era 1999, yo todavía iba al colegio secundario, y aquella imagen de Brendan Fraser cubierto de arena y de garrapatas en pleno desierto se me quedó pegada como un tema de Los Carabajal que tarareás sin darte cuenta. Por eso, cuando me tocó revisitar la película para esta nota, me pasó algo raro: la seguí disfrutando con la misma sonrisa boba de entonces, esa que aparece cuando una aventura está bien contada y no se hace la snob.
La historia arranca en una excavación en Egipto, donde un grupo de buscadores se topa con las ruinas de Hamunaptra, la ciudad de los muertos. Hasta ahí llega Rick O'Connell, un aventurero de mano larga y charlatanería simpática, interpretado por un Fraser enorme, ruidoso, físico, con ese timing cómico que después lo haría famoso en la saga de George de la jungla. Lo acompañan la egiptóloga Evelyn Carnahan, una Rachel Weisz que ya asomaba como una de las grandes actrices de su generación, y su hermano Jonathan, un John Hannah que se roba cada escena en la que aparece con cara de no entender nada.
"El despertar de Imhotep"
El hallazgo de la tumba de Imhotep, un sacerdote maldito hace miles de años, pone en marcha la maquinaria. La resurrección del monstruo corre por cuenta del director Stephen Sommers, que venía de hacer éxitos para chicos y decidió volcarse al cine de monstruos clásico de Universal, el de los años 30 con Boris Karloff. Lo que sale de ahí es una mezcla rara y eficaz: aventura a lo Indiana Jones, romance de pareja dispareja, terror de momia que se desarma y se rearma, y un humor físico muy de los 90 que por momentos cae un poco pesado pero no mata la gracia.
La gran jugada de Sommers es no tomarse demasiado en serio. La película sabe que está pisando sobre arenas movedizas y por eso se permite escenas de un ridículo entrañable, como cuando la momia armada en pedazos se va recomponiendo como un rompecabezas con mala leche, o cuando un grupo de cucarachas gigantes ataca a los protagonistas en una biblioteca. Hay terror, sí, pero también hay picardía, y eso es lo que vuelve a La momia una película amable para ver en familia, de esas que recomendás a un amigo y no te arrepentís.
"La maldición de Hamunaptra"
El vínculo entre Rick y Evelyn funciona como el corazón de la película. Ella es la intelectual distraída, él el tipo de acción pura; los dos se necesitan para salir vivos de cada trampa. Weisz le pone a su personaje una torpeza encantadora, la de alguien que se tropieza con sus propios libros pero es capaz de descifrar jeroglíficos que nadie más puede leer. Fraser, en tanto, hace de Rick un héroe con aguante, herido y todo, que carga con la mochila, pelea cuerpo a cuerpo con la momia y todavía tiene energía para soltar un chiste. La pareja, en definitiva, sostiene el peso del relato y le da humanidad a una historia que, sin ellos, sería puro efecto especial.
El punto flojo, a esta altura, son los efectos digitales. Varios pasajes de la película ya muestran ese aspecto plastificado que después se volvió moneda corriente en el cine de los 2000. Hay momentos donde la momia se ve claramente hecha por computadora, y eso le saca un poco de la textura asquerosa que tiene el mejor cine de monstruos. Aun así, el diseño de producción rescata todo: los escenarios de Egipto, las tumbas, los pasadizos secretos, el incendio final con la arena volando, todo tiene una escala que todavía se disfruta en la pantalla.
"El regreso de la momia" y "La tumba del emperador Dragón"
La primera entrega fue un éxito de público y la Universal no tardó en pedir más. En 2001 llegó El regreso de la momia, otra vez Sommers en la dirección, otra vez Fraser y Weisz como la pareja central, esta vez con un hijo chico de por medio que también mete la pata en el asunto. La historia repite la fórmula pero la agranda: Imhotep quiere reconstruir su cuerpo y resucitar a su amada, y para eso necesita a Evelyn. La acción se muda parcialmente a Londres, el museo Británico se convierte en escenario central y aparecen personajes como el_guardian_de_la_espada y un escorpión gigante que se pasea por un templo. Es más grande, más ruidosa, más cara, y un poco más irregular que la original.
La tercera entrega, La momia: La tumba del emperador Dragón, de 2008, cambió de equipo. Sommers quedó como productor, el director pasó a Rob Cohen, y Rachel Weisz no volvió: en su lugar entró Maria Bello, y más tarde, en la versión extendida, Jet Li como el emperador maldito. La historia se mudó a China, con una estética que mezclaba artes marciales y aventura exótica, y el resultado fue desigual: tuvo éxito de público pero recibió críticas tibias. Para muchos seguidores, fue el punto en que la saga perdió algo de la chispa original, esa que Sommers había encontrado en el desierto egipcio.
"Planes para una nueva momia"
Después de ese cierre, la franquicia quedó en pausa hasta que, en 2017, Universal decidió relanzar su universo de monstruos con La momia, una versión con Tom Cruise y Sofia Boutella que funcionó como arranque de lo que se llamó el Dark Universe. El proyecto no prosperó, las críticas fueron duras y la saga compartida se frenó. Lo que sobrevive, entonces, es esta trilogía de los 90 y 2000, con su tono de aventura orgullosamente descerebrada, sus monstruos de utilería y sus protagonistas que pelean, se enamoran y se lastiman mientras una maldición egipcia les complica la vida.
Si te quedaste con ganas, las tres películas están disponibles en distintas plataformas de streaming y se pueden conseguir en formato físico en librerías y tiendas de películas. La original, eso sí, merece verse al menos una vez en pantalla grande, aunque sea en un TV de 50 pulgadas con el aire acondicionado puesto. La aventura sigue estando ahí, esperando en la arena.
- La momia (1999), de Stephen Sommers, con Brendan Fraser y Rachel Weisz.
- El regreso de la momia (2001), también dirigida por Sommers, con el mismo elenco central y un nuevo enfrentamiento con Imhotep.
- La momia: La tumba del emperador Dragón (2008), con Rob Cohen como director, Jet Li como villano y Maria Bello en el papel de Evelyn.
- El relanzamiento de 2017 con Tom Cruise, que no prosperó como universo compartido.
