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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Iñárritu vuelve a las tablas con Tom Cruise y una pregunta que incomoda

El director mexicano regresa al universo teatral de "Birdman" con "Digger", una película que pone a Cruise frente al espejo del dinero que financia el arte y deja al espectador con más dudas que respuestas, en una apuesta que llega justo a tiempo para la temporada de premios.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 1 h
Iñárritu vuelve a las tablas con Tom Cruise y una pregunta que incomoda

Yo les voy a confesar algo antes de arrancar: cada vez que un director grande vuelve sobre un tema que ya dio vuelta, uno se prepara para lo peor, porque lo más fácil es repetir la fórmula y dormirse en los laureles. Pero acá pasa otra cosa, y vale la pena sentarse a charlarlo con tiempo, en serio, con la mesa servida y el mate al lado, porque lo que trae Iñárritu con "Digger" es una película que incomoda, que raspa, que deja gusto a ceniza en la boca, y eso, a esta altura de la carrera del mexicano, ya es toda una declaración de intenciones.

El patio antes que la función

Antes de hablar de la película hay que hablar del lugar donde se proyecta, porque la sala importa, y mucho. Imagínense una sala oscura, con las butacas todavía tibias del turno anterior, ese murmullo típico de la gente acomodándose, el crujido de los pochoclos y las luces bajando de a poco. En ese clima, "Digger" empieza a construir su propio teatro, y uno, como espectador, siente que entra a un ensayo general donde nada está del todo dicho. Iñárritu conoce ese terreno como pocos, y se nota: la cámara se mueve con la familiaridad de alguien que ya sabe dónde están las salidas de emergencia y dónde están las trampas del escenario.

La historia arranca con un personaje interpretado por Tom Cruise, un artista con el ego intacto y las cuentas en rojo, que acepta el respaldo de un magnate para sacar adelante su obra teatral. El objetivo es noble, casi una cruzada: rescatar a su hija de una situación que ese mismo entorno de poder contribuyó a provocar. Hasta ahí, todo parece una película de manual. Lo que la distingue es la trampa que el director le tiende al espectador: el arte que denuncia al poder solo existe porque el poder lo paga. Esa contradicción no se dice, se muestra, y ahí está la genialidad y la incomodidad del filme, porque cuando la sala aplaude la caída simbólica del magnate, uno se da cuenta de que está ejercitando una catarsis que afuera no sirve para nada.

Es inevitable comparar "Digger" con "Birdman", y el propio material se encarga de tender el puente. Más de una década después, Iñárritu vuelve al teatro, vuelve a poner una estrella frente a sus propias dudas, vuelve a meterse detrás de las bambalinas con esa mirada suya que parece hecha con bisturí. Comparte casi todos los recursos con aquella, pero prescinde del falso plano secuencia que era su marca registrada, y eso ya es una señal de que acá no quiere hacer un calco. La diferencia de fondo está en la intención: donde "Birdman" podía leerse como una celebración excesiva del arte y del artista, "Digger" cierra con pocas concesiones y señala, sin pedir permiso, las contradicciones estructurales de trabajar dentro de una industria que depende de grandes capitales.

Y acá aparece la gran variable, la que puede torcer el destino de la película en la temporada de premios. Tom Cruise carga con el peso de la contradicción entera sobre la espalda, y si su actuación no termina de cerrar, la película se queda a mitad de camino. Pero si la lectura funciona, y todo indica que funciona, se convierte en el eje de una campaña que puede recolocar a Iñárritu en la conversación grande. No es un detalle menor: en el circuito de premios, las apuestas incómodas suelen pagar menos que los largometrajes de alcance comercial masivo, y "Digger" es, decididamente, una apuesta incómoda.

  • ¿Puede el cine denunciar al dinero que lo financia sin volverse parte del problema que denuncia?
  • ¿Dónde queda la catarsis del espectador cuando el poder que financia la obra es el mismo que la obra señala?
  • ¿Qué hace un artista cuando necesita al magnate que dice combatir?
  • ¿Por qué celebramos en una sala lo que nunca vamos a exigir en la calle?

Y acá me quedo yo, con la pregunta picando, porque no hay respuesta fácil y seguramente no la va a haber. Lo que sí hay es una película para ir a ver, para discutirla de camino a casa, para discutirla con amigos, y para entender que el cine, cuando se pone denso de verdad, no sale gratis. "Digger" se proyecta en salas seleccionadas y en el circuito de cine arte de Buenos Aires, con funciones que se pueden consultar en las plataformas habituales de cada complejo; el estreno argentino está previsto para las próximas semanas, y créanme que vale la pena llegar temprano, elegir la butaca del medio y prepararse para salir un poco más incómodo de lo que entró.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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