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El taller de Matienzo donde se fabrica el universo visual de Moria Casán

Florencia Tellado, sombrerera y vestuarista, terminó los trajes de la serie biográfica de La One. Cuenta cómo trabajó siete meses, qué rescató de las ferias americanas y por qué sueña con vestir a Lady Gaga.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La casa de la calle Matienzo es un loft amplio, luminoso, con ventanales que dan al cielo de Palermo. Hace apenas unas semanas que Florencia Tellado lo inauguró como taller y ya parece habitado desde siempre: percheros con telas, hormas, sombreros colgados como si fueran cuadros, una mesa larga donde todavía queda una taza de café a medio tomar. Ahí, en ese rectángulo de 145 metros cuadrados con luz natural, esta mujer de 43 años acaba de cerrar el trabajo más ambicioso de su carrera: el vestuario completo de la serie biográfica sobre Moria Casán, que protagoniza Griselda Siciliani. Cuando le pregunto cómo arrancó todo, me mira y se ríe: "Recibí el mensaje por audio, en medio del ruido de un cumpleaños infantil. Un director audiovisual me propuso hacer el vestuario de la serie. Yo nunca había trabajado en ficción".

Cuenta que la propuesta le llegó en julio del año pasado y que el proyecto se extendió hasta febrero de este 2026, es decir, siete meses reloj en mano, con la particularidad de que la serie recorre toda la vida de Moria sin un orden cronológico estricto. Eso, dice, fue lo más difícil de resolver: cómo construir un mapa de vestuarios que pudiera saltar de etapa en etapa sin perder coherencia visual, sin que el espectador sintiera que estaba viendo dos películas distintas. "Lo único que tenía en la cabeza era a Moria", me dice mientras acomoda unos hilos sobre la mesa. "Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único". Y ahí aparece, otra vez, esa obsesión: la de encontrar el ADN estético de una de las mujeres más observadas del espectáculo argentino.

El método: a medida, ferias americanas y un radar afinado

Le pregunto cómo se organiza un trabajo de esta escala y me lo desgrana con paciencia. Los trajes más importantes, los que aparecen en escenas centrales, se hicieron a medida para cada actriz: se tomaron medidas, se eligieron telas, se probó una y otra vez. El resto se alquiló, se compró de segunda mano o se reformuló a partir de prendas existentes. Una parte importante del material vintage salió de ferias americanas que ella misma rastreó durante meses, ferias del Once, de San Telmo, de distintos barrios, con la mirada ya entrenada para detectar qué pertenecía al universo de La One y qué no. "Tiene un estilo muy definido", señala. "En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no". Ese radar, me dice, se fue afinando con los años, pero también con horas y horas de mirar archivo, de revisar fotos de los ochenta, de los noventa, de los dos mil, de cada una de las épocas que la serie toca.

“Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único.”Florencia Tellado

Veintidós años de oficio y una formación que la marcó

Tellado lleva 22 años trabajando en vestuario para publicidad, una escuela exigente porque los tiempos son cortos y los clientes, detallistas. En paralelo fue armando su perfil como milliner, es decir, diseñadora de sombreros, un oficio poco habitual en la Argentina. Se formó con tres maestros que vale la pena nombrar: Hilda Juárez, sombrerera del Teatro Colón; Laura Noetinger, la elegida por la reina Máxima de Holanda; y Noel Stewart en Londres, una figura internacional que realizó piezas para casas como Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De su paso por Londres rescata sobre todo dos cosas: la disciplina del silencio en el taller y la idea de que un error mínimo arruina el resultado final. Esa rigurosidad, traducida al castellano rioplatense, es la que después se ve en cada costura.

Entre sus trabajos más resonantes aparece el sombrero que diseñó para Paco Amoroso en su presentación en el Tiny Desk, una pieza que circuló por redes sociales y que le abrió puertas inesperadas. También la producción internacional de Marilyn Manson la contactó por Instagram para encargarle diseños, un episodio que ella cuenta con una mezcla de asombro y prudencia: “Me escribieron, lo evaluamos, y resolvimos”. Lo que más le interesa, sin embargo, no es el nombre del cliente sino el problema estético que tiene por delante. Por eso, cuando le pregunto qué viene, no duda: dice que su próximo desafío personal es vestir a Lady Gaga, y lo dice como quien anota un pendiente en la agenda, sin grandilocuencias, con la certeza de que se trata de un objetivo alcanzable.

Antes de irme le pregunto por la única reunión en persona que mantuvo con Moria Casán durante el proyecto. Me cuenta que fue breve, que La One la miró, aprobó la dirección y le dio libertad para trabajar. Esa confianza, me dice, fue el mejor regalo que podía recibir. Cuando salgo a la calle Matienzo y miro hacia la vereda de enfrente, pienso en que en este taller vecino, en cualquier otra casa de Palermo o en cualquier taller del conurbano profundo, hay decenas de oficios así, silenciosos, pacientes, sostenidos por años de práctica y por la convicción de que cada puntada cuenta. Nosotros los santiagueños sabemos bien de eso: de la paciencia como forma de vida, del detalle como firma personal. Florencia Tellado, en su loft recién inaugurado, espera ahora que la serie se estrene, que la vean, y que desde algún rincón del mundo le llegue, por fin, el llamado para cruzar el Atlántico con un sombrero bajo el brazo.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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