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Domingo, 4 de octubre de 2026
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El huevo de cada mañana: la clave está en lo que le ponés al lado

Verduras, avena, palta y papa con piel cambian el perfil del plato y pueden ayudar a cuidar la presión y el colesterol. Un recorrido por los acompañamientos que suman nutrientes y por los que conviene dejar de lado en la mesa de todos los días.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 1 h
El huevo de cada mañana: la clave está en lo que le ponés al lado

Son las ocho de la mañana y en una cocina de un barrio cualquiera de Santiago del Estero, doña Carmen revuelve el fuego mientras mira qué tiene en la heladera para armar el desayuno de la familia. Huevos, como siempre, hay. La pregunta de cada mañana es otra: con qué los va a poner en el plato. Porque, como nos pasa a nosotros los santiagueños, lo que rodea al huevo termina definiendo si esa comida nos cuida o nos juega una mala pasada. Y no se trata de una exageración: según explican especialistas de la Escuela de Salud Pública de Harvard y de Mayo Clinic, los acompañamientos para los huevos influyen de manera directa en la presión arterial y en los niveles de colesterol.

Verduras y cereales: los aliados de siempre

Cuando uno se sienta a pensar qué le conviene al corazón, la primera parada obligada son las verduras y los cereales integrales. La espinaca, por ejemplo, aporta ese doble beneficio que muchas veces pasamos por alto: suma potasio y fibra en un mismo bocado, sin necesidad de agregar salsas procesadas ni recurrir al salero. La papa cocida con piel hace lo suyo: mientras muchos le sacan la cáscara sin pensarlo, lo cierto es que ahí se concentran fibra y potasio, dos nutrientes claves para mantener la presión a raya.

La avena tiene su propio capítulo en esta historia. Su fibra soluble, conocida como beta-glucano, forma una sustancia viscosa en el aparato digestivo que ayuda a eliminar sales biliares. Para reponer esas sales, el hígado toma colesterol de la sangre. Es un proceso silencioso, pero sostenido en el tiempo puede ayudar a disminuir el colesterol LDL, el que todos los análisis de laboratorio suelen marcar en rojo. Por eso, incorporar avena al plato de huevos no es un capricho de nutricionista: es una decisión con efectos concretos sobre los lípidos sanguíneos.

Grasas que suman y grasas que restan

Hay un segundo frente que merece toda nuestra atención: el tipo de grasa que se suma al huevo. Reemplazar la manteca y los embutidos por opciones como palta o salmón cambia de manera notable la composición del plato. La palta aporta grasas insaturadas, esas que el cuerpo aprovecha mejor. El salmón, además, suma ácidos grasos omega tres, conocidos por su capacidad para contribuir a reducir los triglicéridos en sangre.

“Cuando uno se sienta a pensar qué le conviene al corazón, la primera parada obligada son las verduras y los cereales integrales.”Escuela de Salud Pública de Harvard

Ahora bien, no todo es sumar y sumar. También hay que mirar con cuidado qué se saca del plato. Los fiambres, la manteca en exceso y la sal en abundancia pueden transformar una comida equilibrada en una bomba para la presión. El potasio cumple un papel complementario: favorece la eliminación de sodio por los riñones y ayuda a relajar las paredes de las arterias. La Organización Mundial de la Salud lo dice de manera directa: el exceso de sodio en la circulación eleva la presión arterial. Por eso, moderar la sal y sumar vegetales son decisiones que van de la mano, como nos pasa a nosotros los santiagueños cuando ajustamos la sazón de un locro.

En la cocina de doña Carmen, como en tantas otras, la solución suele ser más simple de lo que parece. Hervir, cocinar al vapor o al horno son métodos que permiten reducir el agregado de grasas. Y para darle sabor sin abusar del salero, están las hierbas aromáticas, el jugo de limón y las especias: pequeños recursos que cambian el perfil del plato sin sumar sodio. Cada decisión, desde la verdura que se suma hasta la pizca de sal que se deja en el salero, construye una alimentación que cuida el corazón. Lo que uno espera, al fin y al cabo, es que cada comida sea una aliada y no un riesgo. Y la buena noticia es que, con pocos cambios, se puede empezar mañana mismo.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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