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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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El cazador que ganó en la pantalla chica lo que no pudo en la grande

La película de Aaron Taylor-Johnson que cerró el universo de villanos de Spider-Man que Sony armó por su cuenta terminó primero en el ranking de Netflix España, después de una corrida en cines que no alcanzó a cubrir ni la mitad de lo que costó hacerla.

Por Pablo TrejoCultura y espectáculos · · hace 2 h
El cazador que ganó en la pantalla chica lo que no pudo en la grande

"Yo no le canto a la luna porque alumbra y nada más", decía el Chango Farías Gómez, y a veces uno se acuerda de esa frase cuando ve cómo ciertas historias, en lugar de apagarse, se corren de pantalla y siguen brillando en otro lado. Algo de eso le pasó a Kraven the Hunter, la película que protagoniza Aaron Taylor-Johnson y que, después de pasar por los cines sin levantar el vuelo que sus productores esperaban, terminó convertida en la película más vista del catálogo de Netflix en España durante estos días. Es un dato chico, de un ranking local, pero cuenta una historia bastante concreta sobre cómo se mueven hoy las películas grandes, las que vienen de Hollywood con presupuestos de tres cifras y gallardetes de universo compartido, y cómo buscan nuevas audiencias cuando la sala no les da lo que vinieron a buscar.

Un cazador en el living de casa

Para entender de qué se habla cuando se habla de Kraven the Hunter hay que situarse primero en el patio de los personajes, no en la sala todavía. La película forma parte del experimento que Sony Pictures armó alrededor de los villanos de Spider-Man sin contar con Spider-Man en la cancha: un intento de construir su propio universo cinematográfico a partir de los enemigos del arácnido, ese mundo de villanos con nombre propio que la editorial Marvel viene cultivando desde los años sesenta. De ese proyecto participaron Morbius, con Jared Leto, y Madame Web, con Dakota Johnson, dos títulos que tampoco terminaron de encontrar su lugar en la conversación masiva. Kraven the Hunter fue la última ficha de ese tablero, la que bajó la persiana de la línea.

A Taylor-Johnson le tocó cargar con el personaje que le da título a la película, un cazador de espíritu casi místico, con un pasado familiar atravesado por tragedias y una transformación física que lo vuelve algo más que un mercenario. La propuesta combina acción, fantasía y ciencia ficción, y se apoya en un arranque con figuras de Hollywood: además del protagonista, están Russell Crowe, Ariana DeBose y Fred Hechinger, entre otros nombres que se fueron sumando al reparto. La historia busca explicar de dónde viene ese villano clásico de los cómics y, al mismo tiempo, plantarlo como una figura con peso propio, capaz de sostener una saga.

Pero la sala no le respondió de la misma manera. La película se hizo con un presupuesto de 110 millones de dólares y, cuando terminó su recorrido por cines en todo el mundo, había juntado 62 millones de dólares en entradas, de acuerdo con los números que circularon de manera global. Es decir, la recaudación no llegó ni a la mitad de lo que costó producirla, un indicador clásico de que la inversión no se recuperó dentro de la ventana de exhibición que se había pensado como principal. Dentro de ese mismo universo compartido de Sony, además, fue la entrega que menos dinero reunió en taquilla, un dato que la compañía seguramente miró con atención antes de decidir, más tarde, no seguir adelante con nuevas películas de esta línea.

De la butaca al sofá

Ahora bien, lo que cuenta esta nota no es solo la foto fija del estreno en cines, sino lo que pasó después, cuando la película dejó las salas y se subió a la plataforma de streaming. En el catálogo de Netflix en España, Kraven the Hunter se instaló en el primer puesto entre las películas más vistas durante los últimos días, un lugar que, en la lógica de las plataformas, se pelea semana a semana con los demás títulos disponibles para los suscriptores. Es un liderazgo acotado, de un territorio y de un momento, pero sirve para pensar cómo cambia el público al que le llega una misma película según la ventana en la que se la encuentra.

Mientras la sala exige pagar una entrada, elegir horario, juntarse con desconocidos en una butaca y, en el caso argentino, moverse hasta el complejo, el streaming funciona de otra manera: el que ya paga el servicio la ve cuando quiere, en el sillón, con un control en la mano. Esa diferencia importa a la hora de pensar por qué una película puede fracasar en la taquilla y, sin embargo, aparecer primera en un ranking, sin que ninguno de los dos datos mienta. Uno mide el negocio de las boleterías; el otro mide el consumo dentro de un abono. Kraven the Hunter, en su propia escala, resume esa tensión: la cinta de Taylor-Johnson no pudo con el presupuesto que le habían asignado para el estreno tradicional, pero volvió a tener a un público numeroso del otro lado de la pantalla.

A mí, como espectador, esto siempre me deja una pregunta dando vueltas, y se la traslado al que está leyendo. ¿Qué te interesa encontrar en una película centrada en un villano? ¿Te basta con que sea una buena aventura, con sus escenas de acción bien filmadas y su héroe ambiguo, o necesitás que esa figura de origen cómic se sostenga también como personaje, con su mundo interior, sus dilemas y su manera de mirar el poder? Porque Kraven the Hunter, por lo que se vio en el paso por cines y por lo que ahora muestra Netflix España, no se puede reducir a un número, ni al 62 millones de la taquilla ni al primer puesto del ranking. Es un cazador que sigue buscando su presa, ahora en un territorio nuevo, y que, en el mientras tanto, le ofrece al público una historia para dejarse llevar una noche de semana.

PT
Pablo TrejoCultura y espectáculos

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