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Cuando el corazón se disfraza de cansancio, indigestión o dolor en la mandíbula: las señales que muchas mujeres ignoran

La cardióloga Shrilla Banerjee, del Hospital London Bridge, repasó los síntomas atípicos que pueden pasar desapercibidos y advirtió en qué casos conviene ir directo a una guardia. Repaso completo, en primera persona, para entender de una vez qué mirar y cuándo preocuparse.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 21 de septiembre de 2026 · hace 2 h

A nosotros los santiagueños nos enseñaron que el corazón avisa con un dolor en el pecho que parte el esternón. Pero la consulta de cualquier médica cardióloga hoy empieza a desarmar esa idea, sobre todo cuando la paciente es una mujer. La escena se repite más de lo que uno quisiera: una señora llega a la guardia convencida de que comió algo pesado, o de que está estresada, o de que le duele la mandíbula porque apretó los dientes durmiendo. Y termina con un stent puesto.

En las últimas semanas me crucé con varias notas británicas que refuerzan lo mismo que escucho en los consultorios de acá: que los síntomas cardíacos en mujeres suelen ser distintos, más sutiles y, por eso, más peligrosos. La cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, en Londres, se tomó el trabajo de ordenar la información y de explicar por qué muchas mujeres llegan tarde a la consulta.

El dolor de pecho no es la única señal

Banerjee fue clara en sus recomendaciones: el dolor de pecho no es la única señal de alerta, ni siquiera la más frecuente en mujeres. Contó que molestias en brazos, mandíbula, cuello, hombros o espalda pueden tener origen cardíaco, aunque la sensación clásica de opresión en el pecho no aparezca. Y abrió la puerta a un dato que a muchos les suena raro: la acidez, la indigestión o incluso los eructos repetidos también pueden estar hablando del corazón.

Hay una explicación fisiológica que ayuda a entender por qué el dolor se va tan lejos del pecho. Cuando el músculo cardíaco recibe menos oxígeno del que necesita, transmite señales dolorosas a la médula espinal. Como esas vías comparten conexiones nerviosas con los hombros, los brazos y la mandíbula, el cerebro puede registrar la molestia en cualquiera de esos puntos sin que aparezca un dolor torácico típico.

Las cuatro pistas para activar la consulta

  • Síntomas que se repiten durante el esfuerzo: subir escaleras, cargar bolsas o hacer la cama pueden ser el momento en que aparecen el dolor, el cansancio o la falta de aire.
  • Localización atípica: mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos, incluso sin dolor en el pecho.
  • Malestar digestivo sin causa clara: acidez o indigestión fuera de horario, sobre todo de madrugada, o que no mejora con lo que comiste.
  • Forma del dolor: puede sentirse como pinchazos, pellizcos o puntadas, no solamente como una presión en el centro del pecho.

Leí una y otra vez sus recomendaciones y me anoté lo que dijo con nombre y apellido: "el patrón que justifica una consulta médica es que los síntomas aparezcan reiteradamente durante el esfuerzo físico, sin otra explicación evidente". Para ponerlo en criollo, si cada vez que uno sube dos pisos por escalera le agarra un cansacio que no se corresponde con el esfuerzo, no es "la edad". Es motivo suficiente para sentarse con una cardióloga.

Cuándo ir directo a una guardia, sin pedir turno

La especialista británica también marcó la línea roja para no quedarse en casa esperando que pase. Hay que acudir a una guardia cuando aparecen en forma conjunta: sudores fríos, náuseas, mareos o una sensación de pánico accompagnée de dolor o molestia en el pecho. No hace falta que sea un dolor aplastante: puede ser una punzada, un pellizco o una molestia difusa. Si la combinación aparece, conviene dejar de googlear síntomas y llamar a alguien de confianza para ir a un centro de salud.

La trampa de la menopausia y por qué importa tanto

Acá viene un punto que toca especialmente a las lectoras de entre 40 y 60. Banerjee explicó que la superposición con síntomas menopáusicos suele retrasar la consulta, y que después de la menopausia el riesgo cardiovascular aumenta por la caída de estrógenos, con cambios en la presión arterial, en el colesterol y en la acumulación de grasa abdominal. La recomendación concreta es mantener controles periódicos de presión y colesterol a partir de esa etapa, y no naturalizar los malestares apelando al estrés o a los cambios hormonales. La cardióloga describió un caso resonante: una paciente con episodios de eructos y malestar digestivo que terminó necesitaba stents por una enfermedad coronaria seria, descubierta en un angiograma.

Lo que uno puede hacer esta semana, en casa

  • Anotar durante una semana cuándo aparece cada molestia, qué estaba haciendo y cuánto duró.
  • Medirse la presión en casa, en distintos momentos del día, y llevar el registro al próximo control.
  • Pedir un control de colesterol si no se hizo en el último año, en especial a partir de los 45.
  • Prestar atención a la combinación de señales: si dolor, mareo, sudor frío o náuseas aparecen juntos, no esperar.
  • Consultar con medicina clínica o cardiología ante cualquier síntoma que se repita con el esfuerzo, sin importar si hay dolor de pecho.

Me quedé pensando en una vecina que siempre nombro, Marta, la del fondo, que durante meses estuvo convencida de que la acidez era del café y el cansancio, de los turnos dobles. Un día se quedó esperando la ambulancia en la cocina. Sobrevivió, sí, pero con varios stents en la historia clínica. Banerjee repitió algo que a mí, como cronista de temas de Sociedad, me parece clave y que cierra la nota: la mejor herramienta sigue siendo prestar atención a las molestias, observar si se repiten y registrar qué actividad las dispara. Lo que cada uno espera que pase después de leer esto es simple: no naturalizar lo que el cuerpo repite, no adjudicar todo al estrés, y entender que una consulta a tiempo sigue siendo la diferencia más grande entre un susto y una tragedia.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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