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Cuando el aire se pone espeso: lo que dejó agosto en Neuquén y por qué conviene prestarle atención

Un estudio de la Universidad Nacional del Comahue detectó seis momentos de contaminación elevada en la ciudad durante el mes pasado. Picos de material particulado, monóxido de carbono al alza y un clima cambiante que no ayudó a dispersar lo que respiramos.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me acuerdo de esa mañana de mediados de agosto en la que salí a la vereda y el aire tenía una densidad rara, como si la ciudad hubiera decidido envolverse en una manta gris que no se iba. Por estos días, nosotros los neuquinos solemos mirar el termómetro, pero pocas veces nos preguntamos qué estamos metiendo en los pulmones. Un equipo de la Universidad Nacional del Comahue se tomó el trabajo de hacerlo por nosotros, y lo que encontró en agosto invita a mirar un poco más arriba, hacia esa atmósfera que muchas veces damos por sentada.

Seis momentos críticos y un pico que encendió las alarmas

El Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire, que funciona dentro de la Facultad de Humanidades de la UNCo y trabaja junto con la firma Clean Air Data, monitoreó la calidad del aire neuquino en tiempo real a lo largo de todo agosto. El resultado fue contundente: hubo seis momentos en los que la contaminación se elevó por encima de lo recomendable. Tres de esos picos correspondieron a material particulado, esas partículas diminutas que quedan flotando y que vienen sobre todo del polvo, los vehículos y la quema de leña. El más fuerte se registró entre el 15 y el 17 de agosto, cuando el PM10 trepó hasta los 520 microgramos por metro cúbico, una cifra muy por encima de cualquier umbral de referencia. Los otros dos episodios llegaron entre el 18 y el 20, y el 24 del mes.

El monóxido de carbono, ese enemigo silencioso

El otro dato que me llamó la atención es lo que pasó con el monóxido de carbono, ese gas que sale de los caños de escape y de las calefacciones cuando la combustión no es del todo limpia. Tuvo tres incrementos puntuales: el 16, el 18 y, con la mayor intensidad, entre el 19 y el 20 de agosto. El valor máximo llegó a 2,3 partes por millón. No es un número que diga mucho a simple vista, pero los especialistas lo miran con cuidado porque en concentraciones así ya empieza a preocupar, sobre todo para los chicos, los mayores y la gente con problemas respiratorios.

El clima como cómplice y como verdugo

  • Amplitud térmica pronunciada: en la primera quincena las mínimas cayeron a entre 0 y 2 grados, y hacia fin de mes las máximas pasaron los 20 grados.
  • Humedad relativa promedio de 58,9 por ciento, con jornadas por encima del 90 por ciento y otras por debajo del 25 por ciento.
  • Viento que cuando se calma deja los contaminantes estancados cerca del suelo y cuando sopla fuerte levanta el polvo acumulado y vuelve a ensuciar el aire.

Los investigadores lo resumen con una frase que me parece clave: los datos de agosto muestran que la calidad del aire no es constante, puede cambiar significativamente en cuestión de horas según la combinación de emisiones y condiciones meteorológicas. Y eso, traducido a la vida cotidiana, significa que el aire que respiramos el martes a la mañana puede no tener nada que ver con el del martes a la noche.

“Los datos de agosto muestran que la calidad del aire no es constante: puede cambiar significativamente en cuestión de horas según la combinación de emisiones y condiciones meteorológicas.”Responsables del estudio de la UNCo y Clean Air Data

Para los vecinos que viven cerca de calles con mucho tránsito o que todavía calientan la casa con gas o leña, la recomendación pasa por prestar atención a esos días de estabilidad atmosférica, en los que el viento se cae y la humedad se dispara. En esos momentos conviene ventilar la casa en las horas en las que el aire se mueve, y si uno sale a caminar o a hacer actividad física, mirar un poco el cielo antes de arrancar. Marta, que vive hace treinta años en el barrio Confluencia y todas las tardes saca a su perro por la costanera, me decía el otro día que nunca había pensado que el aire de Neuquén pudiera ser un tema. Después de leer este informe, sospecha que va a empezar a mirarlo con otros ojos. Y uno espera que estos datos públicos, que están al alcance de cualquiera, sirvan para que cada vecino decida un poquito mejor cómo moverse por la ciudad, sobre todo en los días en los que el aire se pone espeso.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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