Adenocarcinoma de pulmón: la cirugía del Papa Francisco dejó preguntas clave sobre su pronóstico
La operación en el Gemelli de Roma confirmó un tumor más común entre no fumadores. Tamaño del nódulo, ganglios y pleura son los datos que faltan para saber cómo viene la historia.
La esquina del barrio, esa que uno cruza todas las mañanas rumbo a la panadería, se llenó esta semana de una conversación que no es la de siempre. En la vereda, doña Carmen, vecina de toda la vida, me dijo mientras acomodaba el delantal: "Yo pensé que al Papa lo habían operado del corazón, no sabía que era del pulmón". Y es que la noticia llegó desde Roma con precisión clínica pero con pocas palabras para el vecino de a pie. El Vaticano confirmó que León XIV atravesó una cirugía por un adenocarcinoma pulmonar, y lo que para muchos fue un título lejano se convirtió, de golpe, en una pregunta muy concreta: qué es ese tumor, cómo se trata y qué chances hay de que la historia termine bien.
El procedimiento duró cerca de noventa minutos y se hizo en el Policlínico Gemelli, ese hospital romano que ya conoce a varios pontífices. Le extirparon el lóbulo inferior derecho mediante una técnica videoasistida, es decir, con pequeñas incisiones y cámara, y en el mismo quirófano el equipo confirmó por histología que el tejido extraído correspondía a un adenocarcinoma de pulmón. La recuperación, según informó el Vaticano, fue dentro de lo esperado: el paciente volvió a comer con normalidad, hizo kinesiología respiratoria y empezó a caminar por la habitación. Nada de eso, sin embargo, alcanza para cantar victoria.
Un tumor que prefiere a los que no fuman
Acá aparece una de las cosas más llamativas del caso, y vale la pena contarla despacio. El adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más frecuente entre las personas que nunca encendieron un cigarrillo. El neurólogo Conrado Estol, a quien consulté mientras preparaba esta nota, lo resumió con una cifra que ayuda a entender la dimensión: representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos en ese grupo. Es un tumor que suele instalarse en la periferia del pulmón, lejos de los bronquios grandes, y por eso tarda más en dar señales. Como no obstruye una vía aérea principal, pasa inadvertido durante meses o incluso años, hasta que un estudio por imagen lo descubre casi de casualidad.
“Es el tumor de pulmón más común en personas que no fuman, y suele estar en la periferia, por eso tarda en dar síntomas. La lobectomía se hace para asegurarse márgenes libres y poder analizar bien los tejidos que están alrededor.”Conrado Estol, neurólogo
Qué se sabe y qué falta saber sobre el pronóstico
- El tamaño exacto del nódulo extraído: mientras más chico, mejor suele ser el escenario.
- El estado de los ganglios linfáticos cercanos, que se estudian durante la cirugía.
- Si hubo compromiso de la pleura, la membrana que envuelve al pulmón.
- La genética del tumor, que se analiza en paralelo en laboratorios especializados.
La palabra técnica que resume todo esto es pronóstico, y conviene desarmarla con cuidado. Estol planteó un escenario posible, siempre hablando en hipotético, para que se entienda la lógica: si el nódulo mide alrededor de dos centímetros, los ganglios están libres de células tumorales y la pleura no aparece comprometida, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento. Es un número enorme, sí, pero atado a condiciones muy específicas que todavía no se conocen de manera pública. Por eso los médicos hablan de esperar los estudios definitivos antes de hacer cualquier afirmación categórica. Nosotros, los que miramos desde acá, también aprendemos a esperar.
La genética del tumor, la llave del tratamiento a medida
Mientras la recuperación avanza, hay un trabajo silencioso que puede cambiarlo todo: el análisis genético del tumor. Ese estudio busca mutaciones específicas, como las llamadas EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET, que cuando aparecen abren la puerta a terapias dirigidas, generalmente comprimidos que se toman por vía oral. Si no hay una mutación clara, queda en pie la inmunoterapia, que se aplica por vía intravenosa y le enseña al sistema inmune a reconocer y atacar las células tumorales. Ninguna de las dos opciones es definitiva: con el tiempo pueden dejar de funcionar, y por eso el seguimiento oncológico es parte del tratamiento y no un trámite posterior. En el caso del Papa, la expectativa es que los resultados de esos estudios se conozcan en las próximas semanas, y que permitan orientar el paso siguiente con la menor incertidumbre posible.
Cuando terminé la llamada y salí a la vereda, doña Carmen todavía estaba ahí, con la bolsa del pan en una mano y el mate en la otra. Me preguntó, antes de despedirse, qué era lo que uno esperaba que pasara de acá en adelante. Le dije la verdad, la misma que repite Estol cuando le preguntan lo mismo: que los ganglios estén limpios, que la pleura esté intacta, y que la genética, si aparece alguna mutación tratable, le permita a los médicos sumar una herramienta más. Después de todo, en temas así, la esperanza no es un voluntín: es un listado de cosas que tienen que salir bien, una por una.
