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A la mina que no sale en los mapas: una travesía 4x4 hasta Virginia II, en la Precordillera sanjuanina

Desde San Juan capital se combinan Ruta 40, ripio y el cauce seco del río La Laja para llegar a un antiguo campamento minero que los vecinos llaman Virginia II, sin señalización turística y con acceso solo en vehículos adaptados y a pie.

Por Lautaro RoldánTurismo · 24 de septiembre de 2026 · hace 2 h

A unos 150 kilómetros al norte de la ciudad de San Juan, tomando la Ruta 40 y después un desvío por la antigua traza de ripio a Mogna, empieza un recorrido que no aparece en las guías turísticas convencionales: la travesía hasta el yacimiento que los lugareños identifican como Virginia II, un campamento minero abandonado en plena Precordillera, al que se llega después de varias horas de caminos de tierra, cauces secos y una caminata final entre cerros. Yo fui con la caravana de Mainumby4x4, guiada por Verónica Romaña, y quiero contarles cómo es realmente esta salida, con sus tramos, sus imprevistos y sus zonas donde todavía falta información.

Cómo se llega y qué se necesita para entrar

Cómo se llega y qué se necesita para entrar

  • Ruta 40 hacia el norte desde San Juan capital, y luego la antigua ruta de ripio a Mogna.
  • Desde Mogna se toma tierra hasta ingresar al cauce seco del río La Laja, en un tramo entre Talacasto y Mogna.
  • Por el lecho del río el avance se vuelve lento por la arena, las piedras sueltas y el material que dejan las crecientes, así que hace falta un vehículo 4x4.
  • No hay señalización turística, ni camino convencional, ni centro de interpretación: la referencia para moverse es un track.
  • Antes de meterse conviene verificar el estado del cauce, porque las crecidas modifican el terreno y pueden hacer desaparecer pasos usados en salidas anteriores.

El punto donde terminan las camionetas es una quebrada abierta entre las sierras. Ahí se dejan los vehículos y empieza la caminata, por un sendero zigzagueante que va ganando altura entre las laderas hasta asomarse al campamento. Ese último tramo se hace a pie y puede demandar algo de esfuerzo, sobre todo si el sol de la Precordillera aprieta bien fuerte, así que conviene llevar agua, protección solar y calzado con buena suela. Los horarios de salida se coordinan con el guía y suelen arrancar temprano para aprovechar la mañana, cuando el calor todavía no se hace intolerable en esa zona.

Una vez arriba, lo que se encuentra es un campamento minero que lleva décadas sin actividad. Las construcciones están deterioradas, con paredes derrumbadas y techos de chapa vencidos, y entre los restos todavía se ven tambores metálicos, hierros, herramientas, cascos, guantes y prendas de trabajo que quedaron como testigos de quienes pasaron por ahí. En las galerías se observan rieles y recipientes que se usaban para trasladar el mineral, utensilios de cocina, bolsas que habían contenido explosivos y cables de detonación. Todo está tal como quedó, sin reordenamiento ni cartelería: no es una exposición, es un sitio donde el tiempo se frenó de golpe.

La seguridad del lugar merece una aclaración importante: la recorrida que hicimos incluyó un ingreso de pocos metros a una galería, pero eso no significa que el espacio subterráneo esté habilitado ni evaluado para la visita. Hay piques y labores parcialmente cubiertas de material, y nadie debería meterse más adentro sin equipamiento y sin conocer el estado real de las paredes y el techo. Verónica, que conoce la zona de memoria y lleva varias temporadas guiando, me decía mientras caminábamos que cada salida es distinta porque el terreno cambia: "Te podés topar con un pique nuevo que abrió la última lluvia o con un paso que ya no existe". Esa frase, medio en serio y medio en broma, resume bien la lógica del lugar.

Sobre la historia del yacimiento hay que decirlo con honestidad: la identificación como Virginia II es la que manejan los vecinos de la zona, pero la documentación pública disponible no permite confirmar ese nombre de manera concluyente. Tampoco están precisados con exactitud el inicio y el cierre de la explotación, cuántos trabajadores pasaron por ahí ni qué mineral se extraía. Esa zona de la Precordillera sanjuanina tiene una larga tradición de pequeñas minas que fueron abriendo y cerrando a lo largo del siglo XX, y parte del encanto de la visita es justamente ir reconstruyendo, con lo que se ve en el terreno y con lo que cuentan los baqueanos, una historia que en los papeles aparece a medias.

La parada final en la Ramada de Carrascosa

La parada final en la Ramada de Carrascosa

De vuelta, antes de regresar a San Juan capital, la comitiva hizo una parada en la Ramada de Carrascosa, un punto del camino que está vinculado con la devoción popular por Santa Bárbara. Es un alto obligado para estirar las piernas, compartir un mate y, si la fecha lo permite, participar de la celebración. La visita es libre, sin entrada, y los horarios dependen de cada jornada, aunque suele ser un buen cierre de jornada cuando se vuelve de una travesía exigente como la de la mina. Mi recomendación, si están pensando en sumarse a una salida así, es ir entre otoño y principios de primavera, cuando las temperaturas son más amables en la Precordillera y el cauce del río La Laja suele estar más estable para transitar, aunque siempre hay que consultar el estado del track antes de salir.

LR

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