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Martes, 13 de octubre de 2026
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Volver al gimnasio después de una pausa no es empezar de cero: el cuerpo recuerda

Un equipo de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign demostró que los músculos y el hígado conservan señales del entrenamiento anterior, aunque pasen semanas o meses sin actividad. Qué dice la investigación y por qué cambia la mirada sobre los arranques en falso.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 1 h
Volver al gimnasio después de una pausa no es empezar de cero: el cuerpo recuerda

La escena es de todos los veranos, o de cada principio de año. Una esquina cualquiera del barrio, la puerta de un gimnasio de barrio, una señora de mi conocida cruzando la calle con la mochila nueva y las ganas intactas. Se llama Marta, tiene 52 años, dos hijos grandes y una operación de rodilla que la tuvo parada casi cuatro meses. Me la crucé la semana pasada y me dijo, mientras acomodaba la bolsa con la ropa deportiva, que esta vez iba a ser distinto. Yo le creí, y la ciencia, curiosamente, le está dando la razón: aunque uno deje de entrenar por una lesión, un embarazo, un trabajo que consume todo el día o una enfermedad, el cuerpo no vuelve a empezar exactamente desde cero. Vuelve, sí, pero con cosas guardadas en los músculos y en el hígado que nadie había terminado de explicar hasta ahora.

El dato lo trajo un equipo de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, en Estados Unidos, y nosotros los santiagueños, que somos de medir todo con el reloj y la milanesa, sabemos bien lo que significa volver a una rutina después de un parate. Los investigadores, Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang, siguieron durante meses a ratones que entrenaron entre cuatro y ocho semanas, dejaron de hacer actividad y después retomaron. Al compararlos con animales que nunca habían hecho ejercicio, aparecieron diferencias concretas, no frases vagas ni promesas de suplemento. Los roedores con historia previa desarrollaron fibras musculares más grandes al volver a moverse y aprovecharon mejor la energía disponible frente al esfuerzo. La ventaja no fue magia: se mantuvo incluso durante las semanas de inactividad, como si los músculos hubieran archivado una especie de manual de instrucciones para el próximo intento.

El hígado también se acuerda, y eso cambia la película

Hasta hace poco, cuando se hablaba de memoria del ejercicio, la conversación se quedaba en los músculos. Ahora, un segundo trabajo del mismo equipo, publicado en 2026 en la revista Molecular Metabolism, puso al hígado en el centro de la escena. Los investigadores detectaron una mayor presencia de unas enzimas llamadas carboxilesterasas hepáticas tanto en ratones como en personas que habían retomado el entrenamiento tras una pausa. Esas enzimas cumplen una tarea bastante concreta: descomponen las grasas que circulan en la sangre para que el músculo las pueda usar como combustible. Es decir, ayudan a que hígado y músculo se entiendan mejor a la hora de fabricar energía, algo clave cuando uno vuelve a moverse después de un tiempo quieto. Para Marta, que mira estas cosas con el ceño fruncido mientras prepara el café, significa algo bien terrenal: cada vez que vuelve a la bici fija o a la caminata larga, su cuerpo coordina mejor la energía que tiene disponible.

Los propios investigadores aclaran que la idea de memoria celular no es nueva. Las neuronas almacenan recuerdos a través de sus conexiones y el sistema inmunitario aprende a reconocer lo que ya enfrentó. Lo que el trabajo viene a sumar es que también las células musculares, las hepáticas, las de la piel y las del tejido adiposo parecen guardar registros de experiencias pasadas. Ahora bien, el equipo es honesto en lo que todavía no sabe: cuánto dura exactamente esa información, cómo se conserva y por qué se pierde en algunos casos. No es una licencia para postergar el ejercicio ni para creer que alcanza con haberlo hecho una vez. La memoria existe, pero tiene fecha de vencimiento.

Lo que sí se pierde y lo que no, según el estudio

  • Capacidad cardiovascular: baja después de varias semanas sin moverse y se recupera con entrenamiento constante.
  • Fuerza muscular: disminuye con la inactividad, aunque las fibras conservan cierta información del trabajo previo.
  • Sensibilidad a la insulina: empeora con el sedentarismo, por lo que el regreso a la actividad ayuda a recomponerla.
  • Coordinación metabólica entre hígado y músculo: se mantiene mejor en quienes ya entrenaron antes, según los experimentos.
  • Memoria celular en músculos e hígado: persiste durante pausas prolongadas, aunque los plazos exactos todavía se investigan.

En el fondo, lo que estos trabajos vienen a decir es algo que Marta ya sospechaba mientras estiraba las piernas en la plaza. Volver a entrenar después de una pausa no es lo mismo que empezar la primera vez. No quiere decir que la pausa no pase factura, porque la pasa: bajan el aire, la fuerza y la respuesta del cuerpo a la insulina. Pero el punto de partida es otro, y esa diferencia se nota en el gimnasio, en la plaza, en la calle, en la vida cotidiana. Los investigadores insisten en que el hallazgo no reemplaza la recomendación de moverse con regularidad, y tienen razón: la constancia sigue siendo la mejor estrategia. Ahora, lo que cambia es la mirada sobre los arranques en falso, los meses en los que uno se siente empezando de nuevo, y no lo está. Para Marta, que ya planifica las próximas salidas en bici, lo que espera es que esta vez la rodilla la banque, la constancia la acompañe y el cuerpo, fiel a lo que cuenta la ciencia, termine acordándose de todo lo que hizo antes.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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