Una terraza escondida sobre Junín permite mirar el cementerio de Recoleta desde el cielo y escuchar a sus muertos
En el último piso de un hotel boutique de Recoleta funciona un mirador acristalado abierto al público: ofrece vistas aéreas del cementerio, audioguías en tres idiomas y una merienda con copa de vino para cerrar la experiencia.
A pocas cuadras del centro geográfico de Buenos Aires, tomando la Avenida Santa Fe y dejando atrás el Centro Cultural Recoleta, aparece la calle Junín como una de esas arterias laterales que uno atraviesa sin prestarle demasiada atención. Sin embargo, en Junín 1727, a apenas unos tres mil metros del Obelisco, funciona desde hace un tiempo un mirador que cambia por completo la manera habitual de visitar el Cementerio de Recoleta, ese predio que suele recorrerse desde abajo, entre veredas, rejas y pasillos estrechos repletos de mármoles.
Una perspectiva invertida
En el piso superior del hotel Urban Suites se habilitó una terraza acristalada, abierta a turistas y visitantes externos —no únicamente a quienes se hospedan en el lugar—, desde donde se obtienen vistas aéreas de las cúpulas, las estatuas y los pasajes internos del cementerio sin necesidad de ingresar al predio. La estructura vidriada y el clima controlado permiten que el espacio funcione durante todo el año, algo clave en una ciudad donde el clima suele ser tan cambiante como la cotización del dólar. Los turnos de visita tienen una duración aproximada de 40 minutos, un tiempo pensado justamente para quienes están haciendo base en la zona: el Museo Nacional de Bellas Artes está a pocos metros y el Centro Cultural Recoleta también, así que la experiencia puede encajar perfectamente en una mañana o una tarde de paseo.
Lo que vuelve interesante al lugar no es únicamente la panorámica, sino el sistema de audioguías que lo acompaña. Al apoyar el celular sobre los códigos QR dispuestos en los ventanales, se accede a una plataforma bautizada "El Mirador de la Historia", que reúne 57 relatos sobre figuras y mitos vinculados al cementerio. Los textos fueron investigados y redactados por el escritor Daniel Naler Roxlo y están narrados en castellano, inglés y portugués, tres idiomas que cubren a la mayor parte del turismo internacional que llega a Buenos Aires.
La propuesta gastronómica y los detalles prácticos
- Por la mañana se sirven infusiones —café con leche, chocolate o té— acompañadas de medialunas o churros, al estilo de cualquier desayuno porteño que se precie.
- Al atardecer la propuesta muta: copa de vino con una mini picada individual, ideal para coronar la visita cuando la luz empieza a caer sobre las cúpulas.
- No se trata de un servicio de restaurante completo, sino de un acompañamiento gastronómico acotado a la experiencia del mirador.
- Se recomienda reservar el turno con anticipación o, al menos, consultar disponibilidad antes de acercarse, porque la capacidad es limitada.
Desde la terraza, además, en los días realmente despejados —que en Buenos Aires siempre son una pequeña lotería—, se llega a divisar el Río de la Plata, lo que el panorama mucho más allá de los mármoles del cementerio. El espacio trabaja en coordinación con guías locales y con otros circuitos de miradores históricos de la ciudad, una señal de que la propuesta se inscribe en una tendencia más amplia: la de mirar sitios emblemáticos desde ángulos poco habituales.
Yo recomiendo especialmente ir durante el otoño o los primeros días de la primavera: la luz baja y dorada de esas épocas le da a las cúpulas y a las estatuas del cementerio una textura que no se repite en pleno verano ni en los mediodías crudos del invierno. Y si se puede, quedarse hasta el atardecer para que la merienda con vino cierre la experiencia con esa mezcla tan porteña de paisaje, historia y sobremesa.
