Una esquina de Lomas de Zamora, cuatro chicos bajo la lupa y el peso de una imagen que no es real pero lastima igual
Adolescentes de un colegio de Lomas de Zamora vivieron vergüenza, miedo y angustia después de que compañeros crearan y difundieran imágenes sexuales falsas con inteligencia artificial. La Justicia investiga a cuatro menores y el caso reabre el debate sobre un daño que no se borra con un click.
En esa cuadra del conurbado bonaerense, la de siempre, la que todos los chicos cruzan a las siete y veinte para llegar a la escuela, se armó un revuelo que todavía no se aplaca. La esquina, que tantas veces fue escenario de reuniones, ventas de garrapiñada y peleas de barrio, terminó siendo el punto de encuentro de una protesta que juntó a chicas de distintos cursos, a familias enteras y a madres con los ojos empapados, enojadas, buscando una explicación que todavía nadie les dio del todo. Para entender lo que pasó hay que volver unos pasos atrás, cuando varias adolescentes del colegio secundario de Lomas de Zamora advirtieron que había fotos suyas circulando en grupos de mensajería. Eran imágenes suyas, pero no. Estaban manipuladas con inteligencia artificial, convertidas en material de contenido sexual sin que ellas hubieran consentido nada. Lo que empezó como un descubrimiento en una pantalla se transformó, en cuestión de días, en una causa judicial, en una protesta en la puerta de la escuela y en un debate que excede a esta institución y golpea de lleno a una generación que crece con el celular en la mano.
Una frase que lo dice todo
"Aunque sé que es falso, me da vergüenza", contó una de las chicas afectadas, y esa frase se convirtió en el corazón del caso. La adolescente, a la que la familia y los abogados mantienen fuera del foco público, describió los días posteriores como una mezcla de asco, miedo y una angustia que le costaba poner en palabras. Otra de las víctimas fue más allá y se animó a pensar en voz alta lo que muchas callan: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo". Para una chica de quince o dieciséis años esa idea no es un detalle, es una sombra que se instala y no se va. La situación se agravó por un dato que los investigadores incorporaron a la causa: las fotografías de origen, las reales, las que luego se manipularon, se sacaron de perfiles públicos de redes sociales. Es decir, estaban ahí, a la vista, disponibles para cualquiera que supiera dónde buscar.
La respuesta del colegio y lo que sintieron las familias
Las alumnas cuentan, y esto lo subrayan con un dolor que se nota cuando hablan, que cuando fueron a pedir ayuda a la escuela la respuesta les llegó tarde y a medias. Esa sensación de no ser escuchadas a tiempo fue, según relatan, lo que empujó a muchas a organizarse por su cuenta. Después, con la causa ya en marcha, la dirección del establecimiento organizó jornadas de diálogo, los cuatro menores investigados pasaron a la modalidad virtual y la Justicia ordenó el cese de cualquier tipo de hostigamiento, además de fijar medidas para impedir el contacto entre las partes. Pero el sacudón ya estaba dado, y fue ahí, en ese punto, cuando las chicas decidieron salir a la calle. La protesta frente al colegio, con los videos que se viralizaron en redes, abrió la puerta a algo que los investigadores venían intuyendo: que el caso de Lomas de Zamora no era un hecho aislado. Aparecieron testimonios de jóvenes de otros establecimientos de la provincia que reconocieron haber pasado por situaciones parecidas, con imágenes manipuladas o con fotos sacadas de contexto y compartidas sin permiso.
La causa, según lo que se conoce hasta acá, se tramita como producción y distribución de material de abuso sexual infantil, conocido en la jerga judicial como MASI. La Justicia ya realizó allanamientos y trabaja para determinar cómo se distribuyó el material y si hubo otros involucrados además de los cuatro menores apuntados. Mientras tanto, en las casas de Lomas de Zamora, las mesas familiares siguen siendo escenario de un mismo tema: qué se hace con lo que ya se vio, cómo se acompaña a una adolescente que sabe que la imagen es falsa pero no puede sacársela de la cabeza, qué se les dice a los chicos que la generaron y, sobre todo, qué se espera que pase de acá en adelante. Porque, como me dijo una vecina a la que conozco de toda la vida, doña Marta, mientras mirábamos la puerta del colegio desde la vereda de enfrente, nosotros los santiagueños sabemos bien que en los pueblos las cosas se hablan en la cocina y se arreglan mirando a los ojos, pero esto que les hicieron a estas chicas no se arregla sólo con una charla, y menos cuando la pantalla ya estuvo encendida. Lo que esas familias esperan, lo que esas chicas esperan, y lo que muchos esperamos, es que la Justicia avance, que la escuela aprenda, y que de una vez por todas se entienda que un click también puede dejar una herida que tarda en cerrarse.
