Tarjetas al 82 por ciento anual: la bola de la deuda come el sueldo antes de que termine el mes
Las tasas de financiamiento para familias se mantienen en niveles que licúan el ingreso disponible. Préstamos personales al 66 por ciento, prendarios por encima del 40 y un stock de deuda que ya supera los 51 billones de pesos reconfiguran el mapa del consumo y obligan a revisar cada gasto.
Las familias argentinas que cargan con financiamiento bancario están pagando tasas que se devoran el ingreso disponible mucho antes de fin de mes: en julio las tarjetas de crédito operaron al 82 por ciento anual y los préstamos personales al 66 por ciento, según datos del sistema financiero relevados por el economista Jorge Ingaramo. Para un hogar de clase media que destina una parte significativa de su sueldo a cubrir cuotas, el margen que queda para alquiler, alimentos, colegio y obra social se reduce mes a mes, al punto de comprometer cualquier proyecto de consumo durable.
Un stock de deuda que ya supera los 51 billones de pesos
El sistema financiero registra en la actualidad unos 51 billones de pesos en préstamos a personas humanas. De ese total, 23 billones corresponden a tarjetas de crédito, 21,7 billones a préstamos personales y 6,2 billones a prendarios, una distribución que muestra el peso creciente del financiamiento al consumo dentro del balance de los bancos. La mora en tarjetas y en prendarios ronda el 7 por ciento, un indicador que refleja el esfuerzo de los hogares por sostener los pagos aun cuando la cuota ya supera cualquier lógica presupuestaria.
En paralelo, el consumo de los hogares mostró una mejora del 2 por ciento en los últimos meses, pero ese crecimiento se concentró en rubros de baja tiketera como indumentaria y recreación, que se financian con efectivo o con cuotas pequeñas. Los bienes durables, en cambio, siguen frenados: autos, electrodomésticos y equipamiento del hogar requieren financiamiento en cuotas largas, y con tasas de dos dígitos mensuales esas cuotas resultan sencillamente inaccesibles para la gran mayoría de las familias.
“Una familia que destina una parte importante de sus ingresos a pagar deuda después tiene que afrontar alquiler, alimentos, colegio, obra social y otros gastos. Cuánto le queda para consumir? Nada. El día a día se queda sin plata.”Jorge Ingaramo, economista
Los dólares que no circulan y la advertencia sobre endeudarse en moneda extranjera
Ingaramo describió la situación con un dato que consideró inédito en su carrera profesional: tenemos unos 2.000 millones de dólares de superávit externo por mes, un nivel de generación de divisas que, en cualquier contexto histórico de la Argentina, debería estar motorizando una reactivación mucho más profunda. Sin embargo, el ahorro en moneda extranjera de los hogares se mantiene en niveles altos y esos dólares no se traducen en circulación dentro de la economía local, lo que refuerza el carácter bimonetario del país y deja a buena parte de la actividad interna dependiendo de manera directa del crédito en pesos, ese mismo crédito que llega con tasas al 82 por ciento anual.
- Tarjetas de crédito: 82 por ciento anual en julio.
- Préstamos personales: 66 por ciento anual.
- Préstamos prendarios: 6,2 billones de pesos de stock.
- Mora en tarjetas y prendarios: cerca del 7 por ciento.
- Consumo de los hogares: suba del 2 por ciento, concentrada en indumentaria y recreación.
- Bienes durables: sin despegue por el costo inaccesible de las cuotas.
Para quienes evalúan tomar un crédito en los próximos meses, el economista fue terminante: desaconsejó endeudarse en dólares, en particular los nuevos préstamos hipotecarios que se ajustan por UVA, y recomendó mantener las deudas existentes en pesos antes de asumir compromisos en moneda extranjera. La advertencia apunta directamente al segmento asalariado formal, que es el único con capacidad de calificación bancaria para acceder a esos productos y, a la vez, el más expuesto si el tipo de cambio o la inflación se desbordan en los próximos años.
Quién paga la cuenta
El cuadro completo deja una pregunta que atraviesa al conjunto de los hogares argentinos y que ninguna autoridad económica termina de responder en público: si la tasa de las tarjetas come el 82 por ciento del capital anual, si los préstamos personales se llevan el 66 por ciento y si el consumo durable sigue frenado por un costo de financiamiento que ningún asalariado medio puede absorber, quién paga en definitiva la cuenta de este esquema. Por ahora, la respuesta la están escribiendo, cuota a cuota, las familias que cada mes ven cómo el sueldo se achica antes de llegar al alquiler, al colegio y a la verdulería.
