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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Rincón de los Sauces bajo el agua: medio centenar de familias asistidas y rutas que no dan tregua

Las lluvias sostenidas de los últimos días golpean a la localidad neuquina con calles anegadas, caminos intransitables y un operativo municipal que ya supera las 50 intervenciones domiciliarias. Defensa Civil pide no viajar sin consultar el estado de las rutas.

Por Mariana LedesmaSociedad y vida · · hace 1 h
Rincón de los Sauces bajo el agua: medio centenar de familias asistidas y rutas que no dan tregua

En la esquina de siempre, la de la calle de tierra que se vuelve barrial cuando llueve, la vecina Beatriz me cuenta mientras acomoda un balde que el agua le entró por el garage y se llevó una caja de herramientas que tenía desde hace años. Ella es de las que no se queja, pero esta vez se le nota el fastidio en la cara. Lo que pasa en Rincón de los Sauces, en el corazón de la cuenca neuquina, no es una tormenta pasajera: es un temporal que lleva varios días encima y que ya pasó la cuenta con creces, y los que somos de andar por estos pagos sabemos bien lo que significa mirar al cielo y no saber cuándo va a parar.

El cuadro que dejaron las precipitaciones sostenidas es el de una ciudad patas arriba: calles de tierra convertidas en ríos de barro, cañadones internos que corren a su ritmo, rutas de acceso que no se pueden atravesar y un operativo municipal que ya lleva más de medio centenar de asistencias en casas de familias damnificadas. Defensa Civil, Desarrollo Social, Obras y Servicios Públicos trabajan desde hace días en un esquema que, según reconoció el propio jefe del área, Carlos Escobar, sigue activo porque el pronóstico anticipa que las lluvias podrían extenderse hasta el fin de semana.

Asistencias, sin evacuados, pero con agua adentro

Escobar fue claro al precisar que, hasta el momento, ninguna familia debió ser evacuada, aunque sí son varios los hogares donde el agua logró meterse y arruinar muebles, colchones y recuerdos. Los equipos de Defensa Civil intervinieron en cada caso para contener los daños, mientras Desarrollo Social salió a repartir nylon para cubrir techos, leña para sobrellevar el frío y alimentos para quienes quedaron en una situación más comprometida. La coordinación, según contaron los propios trabajadores, se hizo de manera articulada con las áreas operativas del municipio, que se repartieron las zonas más castigadas para no dejar ningún barrio sin atender.

“A nosotros los santiagueños que vinimos a hacer nuestra vida acá nos cuesta doble cuando pasa esto, porque lejos de la familia y con la casa inundada uno no sabe a quién llamar.”Beatriz, vecina del barrio

Ruta 8 sin paso y un puente en pausa

El punto más crítico del temporal se llama Ruta Provincial 8 y al cierre del operativo seguía sin tránsito habilitado. Desde Vialidad Provincial confirmaron que las máquinas trabajan para recuperar la calzada, pero las condiciones todavía no permiten circular con seguridad, porque el agua y el barro se llevan puesto cualquier intento de reabrir. Escobar fue categórico con el mensaje a quienes tengan que entrar o salir de la localidad: hay que consultar el estado de los caminos antes de salir, para no quedar varados en un tramo sin señal y con el agua creciendo.

El parte actualizado del operativo

En medio del panorama, hay una complicación extra que tiene a todos con el ojo puesto: el arroyo Carranza. La empresa a cargo de la construcción del puente del sector tenía preparada una bifurcación provisoria para que los vehículos pudieran cruzar mientras se ejecutaba la obra definitiva, pero la última crecida se llevó parte de esa estructura y ahora hay que esperar a que baje el caudal del cañadón para recién volver a intervenir. Es la clase de trastorno que, aunque parezca menor, termina condicionando la vida diaria de la gente, porque deja a un sector entero con una vía menos para moverse.

Mientras tanto, dentro del ejido urbano, los cañadones internos siguen activos, lo que en algún punto funcionó como un desagüe natural y evitó que la ciudad quedara completamente aislada en su interior, aunque a costa de dejar las calles de tierra hechas un desastre. El municipio ya tiene la planificación preventiva lista para escenarios de mayor intensidad, con espacios identificados para alojar evacuados en caso de que la situación se complique. Escobar lo resumió con una idea que esta cronista comparte: se hizo la tarea antes de que el temporal arreciara, y eso, en estas latitudes, es la diferencia entre pasar un susto y pasar una tragedia.

Lo que yo espero, y creo que lo que cada vecina como Beatriz espera, es que la lluvia afloje antes del fin de semana, que la Ruta 8 vuelva a habilitarse, que las máquinas terminen de arreglar las calles y que el puente del Carranza, que tantos esperan, pueda seguir su curso sin más sobresaltos. Mientras tanto, en la esquina de Beatriz el balde sigue juntando agua, y la radio de la cocina sigue transmitiendo el parte meteorológico, como una oración laica que repetimos todos los días hasta que el cielo, por fin, nos dé un respiro.

ML
Mariana LedesmaSociedad y vida

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