Ridley Scott vuelve al sillón de conductor: el viejo patrón de la nave Nostromo se hace cargo del guion de la nueva Alien
El director británico, que fundó la franquicia en 1979, confirmó que está reescribiendo la próxima entrega tras ver Alien: Romulus. La secuela directísima de Romulus queda en pausa y, en cambio, se retomará el arco del androide David, con Michael Fassbender. Un movimiento que cambia por completo el mapa de la saga para los próximos años.
Permítanme arrancar como me sale, porque esta noticia me la tomo con una calma que disimula el entusiasmo: hay algo de justicia poética en que el viejo patrón de la nave Nostromo vuelva a sentarse en el sillón del conductor. Ridley Scott, el mismo que en mil novecientos setenta y nueve le cambió la vida al cine de ciencia ficción con un monstruo, los pasillos angostos de una nave comercial y un gato llamado Jones, confirmó en una entrevista reciente que está reescribiendo el guion de la próxima película de Alien y que, de un día para el otro, volvió a meterse de lleno en la franquicia que él mismo fundó hace más de cuatro décadas. Lo dijo casi de pasada, con ese tono suyo entre pragmático y distante, como quien comenta que va a arreglar una gotera en el techo de su casa: estoy reescribiendo la nueva película de Alien, de hecho, de repente vuelvo a estar involucrado, declaró al medio francés AlloCiné, y agregó, sin pelos en la lengua, que la entrega del año pasado fue, bueno, está bien, pero que necesita algo de ayuda, así que aquí estoy otra vez.
A mí, que vengo siguiendo esta saga desde que tenía edad para esconderme detrás del almohadón del sillón, esa frase me suena menos a capricho de estrella y más a diagnóstico. Porque lo que está en juego no es solamente el próximo estreno: es el rumbo entero de una franquicia que lleva décadas dando tumbos entre precuelas, spin-offs y derivados con resultados muy desparejos. Y acá conviene detenerse un instante y mirar la sala antes que la película, como se dice en el oficio: Scott no vuelve para sumarse a un proyecto que ya estaba encaminado, vuelve para correr a quien lo iba a encabezar.
In the Bleak Midwinter, o cómo se cae Romulus 2
Hasta hace poco, el plan parecía bastante claro. Tras el estreno de Alien: Romulus en dos mil veinticuatro, el guionista y director Rodo Sayagues, colaborador de toda la vida de Fede Álvarez, venía trabajando en una secuela directa que continuaría la historia de los personajes que dejó vivos aquella película. Era, en los papeles, el camino más lógico: público enganchado, equipo creativo con experiencia en el universo, un punto de partida ya instalado. Pero el regreso de Scott con su propia idea mandó ese plan al freezer. Sayagues queda momentáneamente afuera del mapa creativo y, en su lugar, el británico propone algo que muchos fans venían pidiendo en voz baja desde que vieron Covenant en dos mil diecisiete: retomar el hilo del androide David, ese personaje magnético y perturbador que Michael Fassbender construyó en Prometheus y Alien: Covenant, y que la saga dejó sin cerrar.
“Hicimos Prometheus y luego Alien: Covenant. Así que voy a retomar la historia donde la dejamos. El personaje de Michael Fassbender, básicamente, se cree ahora que es Ozymandias.”Ridley Scott, en entrevista con AlloCiné
La referencia a Ozymandias, el poema de Shelley sobre el rey que se creía eterno y terminó convertido en ruinas, no es casual ni decorativa. Scott está avisando que su David ya no es el androide obediente ni el villano calculado de las películas anteriores: es una especie de dios derrotado que se mira en el espejo de su propia soberbia. Es, si me permiten la licencia, la zona más interesante y más peligrosa del personaje, y la que más material dramático puede dar si alguien como Scott decide ponerse a escribirla con tiempo y sin presiones de calendario.
- Ridley Scott asumió la dirección de Alien en mil novecientos setenta y nueve, película que redefinió el género de ciencia ficción y el terror en el espacio.
- Alien: Romulus, estrenada en dos mil veinticuatro y dirigida por Fede Álvarez, iba a tener una secuela escrita y dirigida por Rodo Sayagues; ese proyecto queda pausado.
- Alien: Covenant, de dos mil diecisiete, dejó abierto el arco del androide David, interpretado por Michael Fassbender, que Scott confirmó retomar.
- El director describió al personaje como alguien que se cree Ozymandias, en referencia al poema de Shelley sobre el poder destinado a convertirse en polvo.
Ahora bien, no todo es color de rosa y mieles en este anuncio, y creo que vale la pena ponerlo sobre la mesa sin cinismo pero sin ingenuidad. Cuando Romulus se estrenó en dos mil veinticuatro, Scott felicitó públicamente a Álvarez con palabras elogiosas, en lo que muchos leyeron como un gesto de pase de testigo generacional, casi un reconocimiento del maestro al discípulo. Su giro posterior, apenas un año después, replantea por completo la dirección creativa de la saga y deja a Sayagues con un proyecto que, por lo pronto, no tiene lugar en el calendario inmediato. No hace falta ser mal pensado para preguntarse qué pasa con esos personajes, con esa historia que Romulus dejó abierta, con ese público que se enganchó justamente con esa entrega. Son interrogantes que Scott, por ahora, no respondió.
Mientras tanto, la pregunta que me hago, y que les dejo a ustedes para que se la lleven puesta a casa, es la de fondo: qué prefiero yo como espectador, qué preferís vos, qué prefiere este cronista que escribe con cuarenta y tantos años a cuestas y la marca indeleble de haber visto Alien en un cine de pueblo cuando tenía edad de no entenderla del todo. ¿Quiero que la saga retome la historia de David y se zambulla en el pozo filosófico y perturbador que Scott dejó entre Covenant y esta nueva entrega, aunque eso signifique dejar en el freezer a Romulus y su mundo? ¿O quiero que el universo Alien siga expandiéndose hacia adelante, con personajes nuevos, con sangre fresca, con el mismo espíritu de nave industrial y tripulaciones devoradas por sus propios inventos? Las dos opciones tienen argumentos cinematográficos serios. Las dos prometen incomodar. Las dos pueden salir muy bien o muy mal. Como siempre, en el universo que Scott creó hace casi cincuenta años.
