Mil quinientos microdramas por día y casi ninguno deja plata: la estampida de la inteligencia artificial en el mercado chino
Un informe de la consultora DataEye encendió las alarmas en la industria audiovisual china: el 98,7% de los microdramas generados con IA en lo que va del año no recuperó ni siquiera lo que costó producirlos. La saturación del mercado y el rechazo del público a los llamados "rostros IA" obligan a las grandes productoras a volver, con mucho dinero fresco, a las series con actores de carne y hueso.
Hay una copla santiagueña que dice más o menos así: quien mucho abarca, poco aprieta. Y parece escrita pensando en lo que está pasando del otro lado del mundo con los microdramas chinos, esos capítulos brevísimos que durante los últimos años coparon las pantallas de los teléfonos celulares en el gigante asiático y que ahora se topan con la pared de los números. Les cuento, porque la historia es de esas que invitan a pensar hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo, sobre cómo la inteligencia artificial aplicada a la producción audiovisual masiva se chocó de lleno con la realidad del público y del bolsillo.
Mil quinientos títulos por día, una máquina de producir
Para dimensionar lo que viene ocurriendo en China hay que hacer un ejercicio de imaginación, y les pido que se concentren un instante: durante el primer semestre del año se lanzaban alrededor de mil quinientos microdramas nuevos cada día. No es una exageración ni un error de tipeo. La plataforma Douyin, la versión china de TikTok, llegó a tener publicados más de 430.000 microdramas en apenas ocho meses, y según el informe de la consultora DataEye que sacudió a la industria, nueve de cada diez de esos títulos fueron generados con inteligencia artificial. La promesa de fondo era tentadora: producir a una velocidad y a un costo que ningún equipo humano podía igualar.
Ahora bien, producir mucho no es lo mismo que producir bien, ni mucho menos ganar dinero con lo que se produce. Y acá viene el dato que duele: apenas uno de cada 77 microdramas recuperó lo que costó hacerlo. El resto, o sea el 98,7% del total, cerró en pérdida. La frase la pronunció Lin Qiwen, vicepresidenta de DataEye, y no tiene desperdicio: "Muchos insiders de la industria creen que la IA bajó la barrera de la producción, pero los beneficios de los creadores no crecieron: en su lugar, parece que pierden dinero más rápido". Una verdad tan simple como incómoda, que en criollo significa que abaratar la fábrica no te asegura que la gente te vaya a comprar lo que fabricás.
El costo es bajo, el hartazgo es alto
- Un microdrama animado con IA cuesta entre 106 y 160 euros por minuto, una quinta parte de lo que sale una producción con actores reales.
- Esa diferencia tentó a los productores a multiplicar títulos, pero la audiencia no creció al mismo ritmo y se saturó el mercado.
- En China ya se habla de la "fatiga de caras IA", una expresión que describe el rechazo del público a la homogeneidad visual de los personajes generados por algoritmos.
- Las series con actores reales pasaron de 432 títulos en los rankings de febrero a apenas 110 en junio.
- Las principales productoras chinas anunciaron una inversión conjunta de alrededor de 800 millones de euros para volver a las producciones con equipos humanos.
“Muchos insiders de la industria creen que la IA bajó la barrera de la producción, pero los beneficios de los creadores no crecieron: en su lugar, parece que pierden dinero más rápido.”Lin Qiwen, vicepresidenta de DataEye
El caso más extremo lo documentó el portal The Paper, y lo rescato porque pinta de cuerpo entero el fondo del problema: un equipo que se mandó once microdramas con inteligencia artificial en apenas dos meses juntó en total 1,28 euros de ingresos. Un euro con veintiocho céntimos. Si alguien me dice que esa cifra duele menos que un cachetazo, le creo, pero también le digo que está mintiendo. Frente a resultados así, varios creadores que habían apostado fuerte por el formato empezaron a soltar la mano y a probar otros rumbos.
Lo que deja en claro el informe, y eso me parece lo más interesante para pensar desde acá, es que la inteligencia artificial no es por sí misma una máquina de hacer dinero: es una herramienta, y como toda herramienta, su valor depende del uso que se le dé y, sobre todo, del público al que se dirige. Cuando la oferta crece mucho más rápido que la demanda, y cuando encima lo que se ofrece se vuelve repetitivo y visualmente clónico, hasta el algoritmo más afinado choca contra el paladar de la gente. La audiencia china, igual que la de cualquier otro país, quiere ver caras, cuerpos, matices, equivocaciones, detalles que sólo un actor de carne y hueso puede aportar. Y cuando eso falta, lo que se gana en costo de producción se pierde en fidelización.
Me quedo pensando, mientras escribo estas líneas, en lo curioso del momento que nos toca vivir: nunca antes la tecnología había permitido producir tanto contenido audiovisual a un costo tan bajo, y sin embargo el público parece estar más exigente que nunca con lo que mira. Quizás la moraleja, si es que hay una, sea la misma que cantan los viejos chaqueños en las guitarreadas: la abundancia sin corazón termina por cansar, y el ojo humano, aun el del que mira un desde el colectivo, sigue buscando algo que se le parezca. Por ahora, en China, la respuesta de las grandes productoras es clara: ochocientos millones de euros inyectados a producciones con equipos humanos. La apuesta es fuerte, y el desenlace, como diría un paisano, está por verse.
Dónde y cuándo se puede seguir esta pulseada: el informe completo de DataEye se puede consultar en el sitio oficial de la consultora y los movimientos del mercado audiovisual chino se relevan en publicaciones especializadas como The Paper, Variety Asia y los reportes semanales de Douyin. Para quien quiera meter la nariz en el fenómeno, el material está ahí, a un clic de distancia.
